LOS IDUS DE MARZO
DE
GEORGE CLOONEY
Como prueba de mi flexibilidad diré que he ido a ver Los Idus de Marzo, del ínclito George Clooney. A pesar de todas las prevenciones que me provoca el actor que las enloquece a todas, y teniendo en cuenta que en esta ocasión George actúa en la doble vertiente de director y de actor de la cinta, mi mérito es mayor, si cabe. Desconocía su faceta de director, y me ha sorprendido para bien. El tipo demuestra soltura y rigor en la dirección. Y oficio. La cinta es ágil y vigorosa. Por tanto, aprobado alto en esta faceta. Respecto a su papel de actor, he de admitir que me parece correcta la interpretación que hace del candidato a candidato en las elecciones presidenciales de los EEUU. Digamos que interpreta a un gobernador (no recuerdo de qué Estado), con todos los clichés propios de los candidatos presidenciales: carismático, con grandes dotes de persuasión, convincente, seguro de sí mismo y un tanto autosuficiente. En otras palabras, un pelín chulesco. Y hay que reconocer que en este tipo de papeles George Clooney se mueve como pez en el agua. No sé si porque se interpreta a sí mismo (no quiero ser malvada). En todo caso, lo que interesa es el resultado, que aquí es aceptable. De cualquier manera se ha rodeado de grandes actores que rivalizan con él a un muy alto nivel: la joven (no tanto) promesa (ya más bien realidad) de Ryan Gosling, (me remito a mi comentario sobre “Drive”, película que protagoniza con brillantez), por no mencionar a Philip Seymour-Hoffman (actor de gran espectro) o con Paul Giamatti, que encarnan perfectamente a los personajes que interpretan.
Ahora bien, la película resulta del todo previsible. Parece pensada para el público americano, por la cantidad de tópicos de que está plagada y que son muy de su gusto: político dicharachero, embaucador y sin escrúpulos que resulta ser menos honesto de lo que quiere hacer ver a sus electores, todo ello aderezado con los líos de faldas característicos: seduce a una joven e inexperta becaria (tratan de idiotas a las mujeres jóvenes, me revela) que trabaja en su campaña (a pesar de estar felizmente casado), pobre incauta a la que deja preñada, (como si no supieran las veinteañeras que es bastante fácil que eso ocurra si te acuestas con un señor y no se hace algo por impedirlo) y que decide abortar (horror! que llamen a Gallardín!) para acabar de forma trágica y prematura (muere, no queda claro de si por la fatal combinación de una sobredosis de fármacos con dosis elevadas de alcohol, o por la firme voluntad de la chica de quitarse de la circulación, ante tal cúmulo de desdichas y fatalidades). Bastante simplista, y en muchos aspectos rancia: muy manido el tema de los políticos cínicos, corruptos y desaprensivos, con connotaciones morales, con episodios adúlteros que tanto escandalizan a mentalidades digamos que “puritanas”. Bastante insufrible, en dos palabras. Pero, héteme aquí que pesar de todo lo descrito debo confesar que no me aburrí, lo que me deja perpleja, dadas las circunstancias. Así que no me queda otra más que afirmar que, para disgusto mío, a pesar de las estridencias mencionadas, Clooney tiene mano. Yo, al menos he salido del cine con la sensación de haber pasado un rato agradable. Estaré perdiendo el juicio? Ahora, que me haya distraído dista mucho de que comparta en absoluto la opinión expresada por Carlos Boyero en su estreno (le parece una película espléndida). Hasta aquí podíamos llegar!!!!! Tengo, pues, otra muestra de que Boyero y yo podemos no coincidir en las pelis que nos gustan (como es este el caso) aunque siempre coincidamos en las que nos repelen.
Yo no iría a verla ahora que la he visto. No sé si esto sirve de algo a alguien.
Alicia dixit.
Uf!! Qué denso todo!! Queremos ligereza, sencillez y naturalidad, please...
ResponderEliminarJajajajajaaaaa......veo que compartimos la misma relación con Boyero. Gracias a ti no voy a ir a ver esta película.
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