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LA VIDA MISMA.GERMÁN

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jueves, 24 de marzo de 2016

THE GIFT
DE
JOEL EDGERTON


Como ya es sobradamente conocido, soy una incondicional de la novela negra y de su equivalente cinematográfico. Hasta de sus sucedáneos  menos tolerables soy seguidora. Lo reconozco, es una debilidad. Huelo a la legua, cual adiestrado sabueso, cualquier posible presa, y  una vez detectadas procuro asesorarme antes de abalanzarme sobre ellas, aunque no necesito demasiados argumentos para aventurarme a  su caza. Así, había tenido noticias del estreno de “El regalo” y  ante la expectativa de encontrarme ante un buen ejemplar, no pude evitar la ávida lectura de la reseña en prensa en busca de una buena coartada y contraviniendo mi propio principio de no dejarme condicionar por opiniones ajenas y no siempre fiables. En estas estoy cuando me encuentro palabras alentadoras sobre las bondades del film que me arrojaron en sus brazos, sin más reservas. Y así, me veo ante este thriller de formato clásico y esquema manido (pareja en apariencia feliz que ve trastocada su convencional  vida tras la aparición de un tercero, en este caso amigo de infancia del marido). He de decir que el inicio me hizo desconfiar,  y me previno sobre una aparente película de las múltiples que anidan en nuestras televisiones los fines de semana. En definitiva, nada  apuntaba  ser de interés más allá de la reiterativa historia del maligno maquinador que perturba con su intromisión  la vida plácida de gente corriente, provocando las consecuentes y predecibles tensiones.
Pues nada más lejos de lo esperado. A medida que la película avanza, los tópicos se trastocan y nada es lo que parece. Las sorpresas se encuentran dentro del mismo esquema de base. Ni el en apariencia malo es tan malo, ni el aparentemente bueno lo es tanto y aunque parezca imposible, después de haberme tragado miles de películas con este formato siento que el interés crece a medida que la trama se desarrolla y avanza. Los buenos y menos buenos son gente corriente y apegada a la realidad. Sin excesos ni caricaturas ni histrionismos. Me consigue atrapar gracias a un planteamiento novedoso y un imaginativo final. Lo cual no es poco, teniendo en cuenta que se hace muy difícil pergeñar nada original en este tipo de historias. Y con lo que en apariencia parecen medios escasos, se obtiene un resultado  más que digno. Las interpretaciones (con unos actores del todo desconocidos para mí) permiten hacernos creer la historia, que por otra parte refleja personajes del todo reconocibles. Lo cual acrecienta su encanto y lo distingue del resto de películas del género, que en general pecan de excesos en sus guiones con el objetivo de lograr un mayor impacto en el espectador. Aquí los personajes resultan cotidianos, y la historia perfectamente verosímil. Todos conocemos sujetos de las características de los aquí presentados, lo cual lejos de restarle efecto, se lo acrecienta. En mi opinión no hay nada más aterrador que la representación de los creíbles personajes desequilibrados que en un grado o en otro nos vamos encontrando por el camino. Y  es aquí donde radica todo el atractivo de este magnífico film, en su apego a la realidad.
Agradezco enormemente poder disfrutar de  thrillers de la calidad del aquí comentado,  porque hasta a mí me sorprende encontrármelos. Y porque me renuevan el entusiasmo.
Buen trabajo el de todos. Pero mi más sentidas felicitaciones para el guionista (que es uno de los protagonistas) que tiene el mérito de conseguir cautivar con una historia sobria, alejada del común de las películas del género, a pesar de estar encuadrada en un  marco poco propicio para la innovación y cuyo casi único recurso consiste en la exageración.
Otra vez,  enhorabuena.

Alicia dixit

viernes, 8 de enero de 2016

EL PUENTE DE LOS ESPIAS
DE
STEVEN SPIELBERG

Ir al cine a ver una película de Spielberg es garantía de asistir a una obra en la que primará la elegancia en su ejecución. “El puente de los espías” no defrauda. Sobre este director siempre planean críticas por una supuesta blandura o por ser deudor de su factura netamente americana. Por mi parte, ni lo afirmo ni lo niego. Aunque la verdad cada vez que veo un film suyo a la salida se me queda una sonrisa tonta de haber pasado un buen rato ¿quién puede pedir más en los tiempos que corren?
La historia, basada en un hecho real, nos muestra las tensiones de la guerra fría con una perfecta ambientación. Esa etapa de la historia de la humanidad, siempre se nos ha presentado como la confrontación de dos principios, el de la libertad y el de la igualdad. En la industria cinematográfica se ha reducido a una organización maniquea del mundo: los buenos contra los malos (los buenos siempre son los yanquis, claro está). Y, en efecto, hasta cierto punto el argumento está estructurado manteniendo esa  dualidad, pero solo en su estructura. Spielberg ha encargado el guion a los hermanos Coen y estos introducen importantes matices que hacen que la obra tenga esenciales diferencias respecto de las clásicas obras de la guerra fría. Así, dan una especial relevancia al mundo civil frente al militar. El protagonista, un abogado de prestigio de vida ordenada, el mejor representante del “American way of life”, se ve envuelto en una situación que fundamentalmente, le incomoda. Tanto es así que su mayor deseo es resolverlo cuanto antes, quitarse el abrigo y tenderse en la cama de su confortable casa. Cero sentimientos patrióticos. A medida que se ve implicado en resolver el encargo, el personaje va tomando una dimensión cada vez más humana, de forma que ignora el lenguaje de la patria -ese en el que lo más importante es salvar a la reina del tablero aunque haya que sacrificar un peón- además de defenderlo desde su personal sentido de las libertades individuales y de su interpretación de la democracia. Los Coen construyen una historia de espías que no tiene nada que ver con lo que conocíamos hasta ahora. Además, reelaboran las relaciones de la guerra fría,  sin dinamismo, casi sin intriga, con un toque de elegancia y sobriedad propias de los verdaderos momentos heroicos.
En cuanto a la interpretación, nada que no esperásemos de Tom Hanks, un maestro. Este no solo está siempre dispuesto a seguir a Spielberg sino que la relación entre ambos es siempre perfecta. Parece como si se necesitaran el uno al otro para culminar cualquier narración.
En definitiva, sí, es una película netamente americana con toques específicos para su mercado, es decir que incluye alguna que otra ñoñería pero que en su desarrollo nos pone al descubierto una serie de matices muy interesantes. Si lo que buscas es cine atractivo y formal Spielberg nunca desilusiona.

Germán.

miércoles, 6 de enero de 2016

UNA PASTELERÍA EN TOKIO
DE
NAOMI KAWASE


“Una pastelería en Tokio” nos deleita con la delicadeza propia del cine nipón. Con su ritmo pausado, sus tempos tan peculiares te abduce from the very beginning y consigue tocar la fibra del espectador de manera casi inadvertida. La aproximación a las relaciones entre los personajes se realiza a través del relato en tiempo real de los acontecimientos. Pero no por ello resulta aburrido, sino que más bien al contrario, te sitúa de tal manera en la historia que pareciera como si el espectador fuera otro protagonista más de la trama: conoces a los personajes al tiempo que ellos se descubren a sí mismos; anticipas sus acciones en la misma medida en que ellos lo hacen; descubres sus secretos mientras se los revelan los unos a los otros; observas sus conductas en el momento mismo de producirse; les tomas afecto de la misma forma en que ellos comienzan a sentirlo. Película sobre los afectos de la gente corriente que lucha contra las más crueles de las estigmatizaciones. Gente al margen que se reconoce y se busca como el animal busca a su semejante, con la inocencia de un niño y el hambre de un solitario. Gente resistente en la que mirarnos en los momentos de abatimiento. Gente que nos enseña que en nuestras manos está nuestro destino, por muy determinado que éste pueda parecer de antemano. Naomi Kawase hace gala de una gran habilidad para empatizar con personajes atormentados, ya sea por sus duras experiencias vividas, ya sea por unos rasgos de su personalidad que los alejan del común de los mortales. Y asombra la capacidad de la autora de mostrar sentimientos a flor de piel de forma que no te está permitido sentirte ajeno a lo que acontece en la pantalla. Y sorprende esa facilidad para provocar la emoción que parece tan natural, tan espontánea en su cine, porque proviene de una cultura caracterizada por la contención afectiva, la ausencia de expresión de los sentimientos, por una malentendida frialdad, fruto de un arraigado respeto por el otro como base de toda conducta. En esa contradicción puede que resida su encanto. O al menos, es ahí donde yo lo encuentro.  Esta mirada concienzuda sobre gente aguerrida en multiples batallas y numerosos sufrimientos, esa vision incisiva de una realidad que con frecuencia nos rodea pero que nos pasa inadvertida, convierten en una pieza única a la vez que valiosísima, esta película.
No apta para los adictos a la acción, pero muy recomendable para los amantes de emociones fuertes, que son las que tienen que ver con los sentimientos más universales.
Cine delicioso, en una palabra…….

Alicia dixit

domingo, 3 de enero de 2016

A WALK IN THE WOODS
DE
KEN KWARPIS

Como suele ser habitual, encuentro opiniones contradictorias sobre el último trabajo de Robert Redford (en la interpretación y en la producción), lo cual no me desanima  de mi propósito de verlo. Me siento inexplicablemente atraída por la película, por lo poco que conozco del argumento y por el cartel de actores que la interpretan. Aunque  he de confesar que nunca he  tenido una especial predilección por Robert Redford, no puedo por menos que reconocerle el  mérito y los logros de algunas  de sus magníficas interpretaciones que por numerosas no voy a enumerar aquí. Y lo que sí le admiro  es su condición de gran cineasta en todas sus facetas (hay que recordar que además de  su actividad como actor, productor y director, Redford ha sido el promotor de algún prestigioso festival de cine independiente y en definitiva un mecenas para más de algún talentoso principiante). Así, además de su cuota de responsabilidad en algunos grandes hitos de la historia del cine, puede predicarse de él un indiscutible criterio en la selección de las películas que interpreta, que dirige o que produce y un incuestionable buen hacer que  dignifica  todo lo que toca.  
Dándole la réplica, su partenaire,  el  maldito Nick Nolte, siempre me ha resultado un actor de indudable garra.
Es esta una película sobre el crepúsculo de la vida de dos antiguos compañeros de andanzas que se reencuentran  tras años de distanciamiento.  En la recta final coinciden en el proyecto de emprender la senda de Los Apalaches, ruta de más de 3.000 km a lo largo de la costa este de los EEUU, lo que les permite ahondar en sus sentimientos además de compartir la retrospectiva de sus vidas.
Algunos atribuyen a la película un exceso de blandura que yo no comparto. Y sí, esta aventura tardía emprendida por estos amigos tan dispares para exorcizar la vejez y la muerte, me parece tierna y divertida.
El tono de comedia empleado por Ken Kwarpis, hace del relato,  que bien podría  haber tenido tintes melodramáticos, una historia desenfadada y cálida.
El viaje les permite rememorar las diferencias que los han mantenido alejados durante años, y que, sin embargo,  evidencia la complicidad necesaria para sobrellevar sin sobresaltos las aventuras que comparten. Y hace aflorar el afecto latente que un día les unió en las ya lejanas aventuras de juventud.
Canto a la amistad, que resalta la superación de las divergencias cuando se comparten unas circunstancias que finalmente nos igualan a todos en la adversidad de afrontar el tramo final de la vida. 
De cada uno de los personajes se obtiene una enseñanza. Cada uno de los protagonistas resulta enternecedor por diferentes razones, pero la peripecia de ambos resulta, además de                 reconfortante -porque nos presenta la idea del milagro de la amistad-  cercana.
He leído algún reproche por la participación de dos figuras como las de Redford y Nolte en una película menor, alejada  de sus verdaderos talentos. No puedo por menos que discrepar. Esta película tierna y conmovedora (inspirada en hechos reales que son la base de un best seller) se engrandece y gana en calidez y proximidad con la participación de estos dos grandes actores que encajan perfectamente en los personajes que encarnan, pareciendo  más que nos hallamos ante una interpretación de sí mismos que ante una buena actuación.
No dudaría en volver a verla, porque me ha servido para recrear, con las dosis de humor necesarias,  la muy extendida dificultad del ser humano de  aceptar el fin de la propia existencia. Y lo bueno de contar con amigos, incluso cuando todo parece amortizado...........
 Alicia dixit.

sábado, 2 de enero de 2016

SUFRAGISTAS
DE
SARAH GAVRON

El mundo de los derechos civiles sólo ha avanzado por la valentía y determinación de algunas gentes. Estas se han enfrentado a injusticias manifiestas que no se veían como tales en su momento.
Película necesaria porque faltaba en la filmografía universal. Se han hecho muchas otras obras sobre los diferentes tipos de discriminaciones que han existido  y existen pero yo no recuerdo ninguna sobre la igualdad  entre hombres y  mujeres.
La batalla por la igualdad de derechos es una lucha que nunca se acaba por lo que es obligado mantener la memoria viva de sus orígenes. Es preciso entender las dificultades a las que se enfrentaron, en su momento, las pioneras de la equidad de derechos entre hombres y mujeres y nada mejor que la capacidad narrativa del cine para mostrárnoslo.
La necesidad de recordarnos la lucha por este logro no afecta, en los tiempos que vivimos, únicamente a los hombres (los primeros responsables  de impedir que no se desarrolle la igualdad entre ambos sexos). También incumbe a esas mujeres que deslumbradas por el éxito laboral desprecian derechos que tanto esfuerzo ha habido que emplear para conseguir.
La película tiene un guion sencillo pero sí muy efectivo que nos muestra de una forma muy realista las condiciones de vida de las mujeres a principios del siglo XX. Todo comienza con una obrera de una lavandería de Londres  que se ve envuelta en un incidente en el que participa una compañera suya. A partir de ese momento  la protagonista toma contacto con el colectivo de mujeres activistas y se va implicando cada vez más en un movimiento con el que día a día se va sintiendo más identificada. Una causa que es sistemáticamente despreciada por una sociedad patriarcal y, en consecuencia, brutalmente reprimida. La directora para que la historia no pierda vigor la enriquece mostrando la burla general a la causa de las sufragistas y cómo estas se ven  obligadas a recurrir a acciones muy llamativas para que se visualice su revuelta.
La interpretación de Carey Mulligan es perfecta aportando una fortaleza a un  guion que por sí mismo no tiene. Sorprende por su brevedad el papel de Meryll Streep. Desconozco si su presencia se debe a una operación de marketing promocional aunque yo, personalmente,  prefiero pensar que se debe más a que esta magnífica actriz ha entendido la necesidad de que esta película exista y ha prestado su nombre y su imagen al elenco para que no se olvide que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres está plenamente vigente.
Germán.

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL CLUB
 DE
PABLO LARRAIN

Sumergirse en los problemas de la iglesia Católica es un ejercicio poco gratificante por lo desagradable que resultan los execrables crímenes cometidos a lo largo de los tiempos. Pablo Larrain expone una imagen fiel de esta atrocidad haciendo sentir al espectador incómodo todo el metraje de la película. No escatima recursos para conseguir su fin. Nos muestra la historia inmersa en una luz fría de color gris sucio como si observáramos a través de un velo para protegernos del asco que provocan todos y cada uno de los personajes. Desarrolla la trama en un espacio cerrado donde las miserias se puedan racionalizar. Aleja la residencia donde se producen los acontecimientos de cualquier posible contacto humano como si de una fosa aséptica se tratará. Describe un infierno cómodo para sus diabólicos moradores donde la ausencia de arrepentimiento les permita reescribir su historia personal. La narración está llena de tiempos muertos para que no pierdas la sensación de incomodidad. Pablo Larraín no sólo mete el dedo en la llaga sino que una vez dentro lo retuerce hasta impedir cualquier rasgo de debilidad y compresión de las aberraciones que han cometido a lo largo de su vida los protagonistas. 
El final es tan mísero como real. Hay que mantener en el exilio infernal a esos diablos faltos del más mínimo sentimiento de culpa y sin ningún ánimo de expiación. El motivo: salvar la institución. La gravedad de sus crímenes es tal que es mejor ocultarlos que juzgarlos para evitar la fuga masiva de fieles. El negocio es el negocio.
Es imposible no hablar de los actores y su soberbia interpretación. Su nivel es tan alto que será complicado que no queden identificados como esos psicópatas de la película “El club”. Un actor que se arriesgue a que se le identifique con esos personajes tiene que estar muy seguro de su capacidad. Ellos lo están y su calidad les permitirá afrontar otro sin fin de obras arriesgadas  y nos volveremos a quitar el sombrero con ellos.
Desde este momento seguiré con la misma devoción el cine chileno como ya hago con el cine argentino. Espero ansioso nuevos trabajos.
Germán.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

SPECTRE
DE
SAM MENDES

Flojita  la última entrega de James Bond, que tras las expectativas creadas por Skyfall resulta especialmente decepcionante.  Y ello a pesar del crédito con que cuenta Sam Mendes, que con  la anterior dirección logró un ejemplar perfecto de la serie de Bond. Y a pesar, también, de la gran interpretación que del personaje ejecuta Daniel Craig –yo diría que tras el escocés Sean Connery, Daniel es quien mejor encarna al agente 007.- Correcta también es la interpretación del villano que corre por cuenta del sobrio Cristoph Waltz. Sin embargo, ninguna de estas cosas impide que la película resulte anodina y por momentos aburrida por lo que acaba uno revolviendo el trasero en el asiento, impaciente por terminar con el trámite.  El personaje más insulso, en mi opinión, es el de la protagonista femenina (Lèa Seydoux)  a años luz de las más altas cotas alcanzadas por alguna de sus predecesoras (muy alto el listón de una espectacular Ursula Andress surgiendo del mar embutida en lo que ha sido uno de los  bikinis más emblemáticos de la historia del cine de todos los tiempos, p. e. ). Solo se salvan las escenas de acción que siempre resultan trepidantes.
Trama sin gancho que, en fin, hace de Spectre una película del montón.
              Alicia dixit.

jueves, 20 de agosto de 2015


THE CUT (El padre)
DE 
FATIH AKIN
Divulgar la causa armenia, saldar deudas emocionales y ser capaz de mirar el conflicto turco-armenio   con serenidad y rigor histórico,  parecen haber sido los retos asumidos por Fatih Akin al abordar esta película.
Proveniente de una tradicional familia turca, no parece haberle resultado fácil distanciarse de la versión “oficial” de los acontecimientos, para presentarnos  un sencillo y común relato del horror.  Pero lo ha conseguido y así,  ha situado la trama, en el lado del pueblo masacrado. No escatima recursos para relatarnos el drama desde la perspectiva de una  apacible familia de artesanos que sufre la separación primero, el  sufrimiento más descarnado  e irreversible seguidamente,    la exterminación de buena parte de sus miembros después, y finalmente el éxodo, la huida  del horror, de las dos hermanas gemelas e hijas del protagonista, en un largo  y accidentado peregrinar hacia tierras americanas.
Esta es la historia de la película, la de un hombre que padece innumerables  sufrimientos para acabar despojado de todo aquello  que daba sentido a su vida de hombre bueno.   Hasta que un buen día descubre que sus hijas, supervivientes del exterminio en el que perecieron sus más allegados, abandonaron el país, sanas y salvas con destino a Cuba. Y decide emplear sus  más que diezmadas fuerzas en  su búsqueda.
Otra road movie de las que tanto gustan a Fatih Akin. Todas sus películas contienen ese algo de búsqueda emocional y física,  de heridas abiertas que  tratan de cerrarse mediante el acercamiento  a  los mundos diferentes que luchan por  convivir pacíficamente y que  configuran su identidad. La  búsqueda que representa  la salvación. Este hombre,  muerto en vida, no tiene más esperanza que el reencuentro con sus hijas. Y emprende el viaje.
Se adentra  el autor en la historia del  genocidio armenio,  a partir de un relato que bien podría ser real y que pretende, según palabras del propio director,  estremecer a los espectadores sin importar el lado en el que se sitúen.
Pero en mi opinión, este film épico, rodado con esmero y con la delicadeza que define el cine de Akin, resulta un tanto excesivo. Para describir el sufrimiento del personaje del padre  no eran necesarias 2 horas y 18 minutos de metraje. La búsqueda resulta agotadora, pero de puro detallista. Hubiera podido abreviarse el relato y no se hubiera permitido que el espectador se disipara y acabara exhausto de tanta frustración. El exceso, en casi todo, acaba resultando estragante y produciendo el efecto contrario al buscado.  Te acaba distanciando del dolor, y provocando una cierta indiferencia.
Yo llegué un tanto fatigada al desenlace, quizá por exceso de puntillismo, quizá porque no se nos da una tregua. Ni siquiera al final.
El tema  da para mucho y no ha sido explotado en el  cine lo suficiente, por lo que podría haberse esperado algo diferente, especialmente si proviene  del   gran  Fatih Akin.  Y sí, en mi opinión, es un film impropio de su autor. Me explico,  había momentos en los que me parecía encontrarme ante el cine grandilocuente de superproducción de la fábrica Hollywood, al más  puro estilo Steven Spielberg.  Luego he sabido  que el autor del guion, junto con el propio Akin,  es Mardik Martin, afamado guionista americano de origen iraní (son suyos los guiones de “Malas calles” “Toro salvaje” o “Valentino”, por citar algunos ejemplos)  por lo que su  inconfundible sello de “American movie” no es producto de mi imaginación.  
Ajena a su autor, con una cierta pérdida de su personal impronta, así me ha resultado la película, a pesar de contar con muchos de sus rasgos inconfundibles. Entre estas señas de identidad se encuentran la multitud de simbolismos que plagan la película. Así el protagonista, pierde el habla y hasta la fe, como expresión de la más absoluta de las devastaciones en que puede sumirse el ser humano. Con la descripción del  dolor del padre  quiere mostrarnos el dolor de todo un pueblo.  Y bajo el minucioso relato asolador de acontecimientos,  siempre subyace  un poso de esperanza, un rayo de luz,  un atisbo de optimismo, representados  por  la bondad de algunos de los personajes con los que tropieza el protagonista.
Anyway, fallido  resulta el casting. El protagonista, Tahar Rahim (joven actor francés de origen argelino) no  se hace con el personaje. No consigue transmitirnos (o al menos a mí)  con nitidez la amargura que el personaje acumula a lo largo del film, ni los estragos del  paso del tiempo, que añadido al mucho dolor deja secuelas inevitables en el aspecto de cualquiera. Sin embargo, el protagonista aparece joven (lo es, tiene 34 años) por no decir jovial,  en todo momento. O no se han esmerado en su caracterización o  esta apariencia juvenil es algo premeditado.  Cualquiera que sea el  caso me  resulta francamente chocante.
No sabría si recomendarla. Me escabulliré diciendo que hay multitud de  películas imprescindibles  en el haber de Fatih Akin, por lo que siempre habrá otras opciones antes que  “El padre”.
Alicia dixit

martes, 28 de abril de 2015


EL AÑO MÁS VIOLENTO
DE
J.C. CHANDOR
La violencia impregna nuestro estilo de vida y aparece en muchos ámbitos de la sociedad actual. Hay un terreno  en el que ha conseguido hacerse hueco y caracterizar nuestra cotidianidad que es  en el mundo laboral. Desde hace algunas décadas se valora de manera singular en nuestro país la figura del ejecutivo agresivo o mejor expresado el ejecutivo violento. Este se caracteriza generalmente por ocultar su incapacidad y en muchos casos su falta de preparación mediante  comportamientos más violentos que agresivos. Tanto es así que cada vez está más aceptada la comunión entre violencia y triunfo profesional.
La película de J.C. Chandor va de esto,  de lo difícil que resulta  sacar adelante un negocio sin  recurrir a alguna forma  de  violencia. La única diferencia entre la película y la realidad es que en aquella la violencia es más explícita en algunos aspectos y en otros se sitúa en la frontera de lo permitido. Lo que sí es capaz de presentarnos el director es cómo en el mundo de los negocios nada  es sagrado, lo único que importa es ganar. Para resaltar este aspecto nos traslada al año más violento que sufrió la ciudad de  New York: 1981.
La película sitúa la base del relato en un inmigrante buscavidas que de forma honorable, hasta conseguir poner nervioso al espectador, consigue salir adelante con éxito y cumplir el sueño americano (este último aspecto es algo de obligado agradecimiento pues hasta ahora en este tipo de filmes siempre nos han presentado a este colectivo  como  integrado por personajes sin escrúpulos, jefes de mafias capaces de todo con tal de cumplir sus sueños). Así, el protagonista se ve acosado por otras empresas del sector en el que opera para desbancarle para lo que emplean todos los medios a su alcance (asaltos, robos,  apaños  en connivencia con la justicia, etc.)
El protagonista, Oscar Isaac, que interpreta con soberbia maestría su personaje, consigue sortear todas las dificultades y sacar adelante su gran inversión lo que le va a permitir tratar desde otro nivel a sus rivales. Siempre contando con el incondicional apoyo de su mujer, igualmente magníficamente interpretada por Jessica Chastain, que representa el papel de abnegada  esposa típicamente americana, fuera de los tópicos de la inmigración, que duda si la posición de mantener la honradez a ultranza a la que se aferra su marido, es la correcta. Esta sabe empatizar con el espectador que suele estar más de acuerdo con ella en las formas que propone para resolver los problemas que acucian a su familia (particularmente destacable la escena en la que una de sus hijas encuentra un pistola que un delincuente abandona en el jardín de su casa).
Una película diferente en cuanto a su trama, su guion y su puesta en escena. El director apuesta por un desarrollo pausado de la acción, si bien la propuesta puede considerarse afortunada  más a posteriori,  que en el momento de su visionado   en que resulta en exceso lenta. En algunos tramos el director gana la apuesta y en otros la pierde. Una película notable que tiene numerosos aspectos interesantes si bien no llega al nivel de  sobresaliente.
Germán.

viernes, 6 de febrero de 2015

STILL ALICE
DE
RICHARD GLATZER Y WASH WESTMORLAND

Con una mala traducción del título (Siempre Alicia) como suele ser habitual, se etiqueta este drama basado en el best-seller de igual nombre de la autora Lisa Genova, y se desvirtúa de alguna forma el significado del film,  si bien el original  tampoco es de mucha ayuda.
Si uno lo pensara dos veces, no iría a ver este drama realista y delicadamente relatado. Tanto si se trata de una historia real como si no, lo que queda claro es que la autora conoce en profundidad la enfermedad, y nada de lo contado parece fruto de la imaginación. En todo caso cualquier historia sobre el Alzheimer precoz (y no tan precoz)  enfermedad devastadora  donde las haya, que determina el devenir trágico de los acontecimientos  sin escapatoria, resulta impactante. Si no sabíamos mucho sobre ella, saldremos del cine con la lección bien aprendida.
Sin intención de destripar la trama, hay que decir que de la evolución de la vida de Alice (protagonista femenina excelentemente encarnada por Julianne Moore), relatada en la película,  se obtiene  una lección de crudeza y ternura. Se nos muestran las transformaciones en el día a día  de la protagonista, desde su inicial vitalidad y energía  desbordantes, con una vida plena, intensa y rica en emociones, hasta la inanidad final, con lo que  el proceso de la enfermedad  (descrito con minuciosidad) resulta tan preciso como  demoledor. 
Con el aire de casi un documental, la dureza del devenir de la vida de Alice, atrapa y desconsuela a partes iguales.  Haciendo uso de unos ejemplos verdaderamente gráficos sobre las limitaciones que acaban padeciendo estos enfermos, se plasma a la perfección la vida (por llamarlo de alguna manera) en que se convierte la rutina diaria  de estas personas y de su entorno. No se escatiman detalles  escabrosos para mostrárnoslo.
Por perder, pierden estos enfermos, hasta la capacidad para decidir sobre sus propios destinos llegado el momento, por lo que se condenan (a sí mismos y a todos a su alrededor) a sobrevivir en un limbo de inconsciencia y dependencia, incapaces de la más elemental de las supervivencias.
La historia se interrumpe antes del  momento final, (thank  God!),  pero lo mostrado hasta entonces nos permite anticipar el dolor  por venir, lo cual no es ningún consuelo para el espectador que queda devastado, en todo caso. 
No sé quiénes están nominadas a mejor protagonista femenina junto con Julianne Moore por este papel en los próximos Oscar,  pero quienes sean sus rivales habrán de vérselas con una espléndida interpretación solo digna de actrices con enorme poderío.  Sin duda Julianne Moore lo posee a raudales. Por eso nos deja tan tocados nuestro encuentro con Alice.
Y no, ni el título original -ni su sucedáneo español- reflejan la realidad de lo relatado. Tristemente,  Alice  acaba convirtiéndose en  un fantasma de sí  misma.
Desaconsejable ir  a ver “Still Alice” en estados carenciales, porque costará  dios y ayuda recuperarse del bajón. Imprescindible disponer de un rato para tomarse unas copas después de la sesión para recuperar el tono anímico.

Alicia dixit

lunes, 5 de enero de 2015

EL JUGADOR
DE
RUPERT WIJATT

Un profesor de literatura que ha escrito alguna novela con relativo éxito, no encuentra ninguna satisfacción en su desarrollo profesional. Este, hijo de una familia asquerosamente rica en la que el valor del triunfo tiene un significado casi vital, tampoco se siente reconocido por su parentela. Además mantiene un nivel de  frustración bastante alto por sentirse un autor correcto pero no un genio de la escritura. Su insatisfacción, su falta de reconocimiento y su frustración le conducen a una dinámica suicida utilizando el juego como herramienta para canalizar su final. Con estos mimbres, director y actor nos deleitan con una película que te mantiene atrapado a la historia aun a pesar de su largo metraje.
A todo lo anterior añadiremos una singularidad: la historia está enmarcada en un ambiente típicamente americano. El guión discurre por salas de juego, co mafiosos que prestan dinero, diferencias raciales, etc. pero no necesita de los ambientes sórdidos que, probablemente, otros directores hubieran elegido para presentarnos las imágenes que van a ayudar a construir este relato. Quizás, y un tanto como concesión, el desenlace de la obra excepcionalmente utiliza una atmósfera miserable para reforzar el final.
Si bien en su conjunto el guion de la película es más que correcto, la destrucción por el juego tiene causas extrínsecas al mismo, parece que se ha buscado un final muy propio de filmes que pretenden conseguir un premio en los próximos Oscar. Una rubia guapa, inteligente, joven, intelectualmente madura y con ese punto de genialidad que el protagonista busca, va a ser la solución en esta historia de insensatos comportamientos.
La interpretación de Mark Wahlberg es magnífica en este nuevo registro. Esto le va a permitir no encasillarse en un único tipo de papeles. Con esta película ha demostrado la suficiente autoridad para ser considerado en otros proyectos. Este mismo comentario sirve, sin lugar a dudas, para el director que ha realizado una obra diferente a las que nos tenía acostumbrado con una maestría destacable.
Una película muy recomendable que, si bien, no pasará a la historia del cine como una obra maestra si cubre perfectamente su hueco en la cartelera.

Germán.

viernes, 12 de diciembre de 2014

MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA
 DE
WOODY ALLEN

Como cada año, cumplo con el ritual de ver en su día de estreno la más reciente película de Woody Allen, y como cada año, especialmente en los últimos, espero que no me sorprenda con alguna  de las  rarezas con las que tanto se prodiga,  últimamente. Pero no ha habido suerte.
Me gusta el Allen despistado, con sus recurrentes obsesiones y sus torpezas en las relaciones personales; el Allen anonadado por la complejidad de la  vida afectiva o por los sujetos acosados por sus propias limitaciones o sus complejos, más o menos inconfesables. Me gusta el Allen torpe pero cínico a la vez. Fóbico  e hipocondriaco.  Traumatizado y cómico. Inseguro. Me gustan sus apariciones en pantalla que creo no han perdido, con el transcurso de los años, ni un ápice de su chispa.  Pero el Allen alejado de su más genuino estilo no me interesa lo más mínimo. De este grueso de películas, que tanto proliferan en los últimos tiempos, salvaría apenas dos o tres (“Match point”, “Blue Jasmine” y poco más), porque   he de confesar que no  conecto con  la mayoría. Citaré algún  ejemplo  como  “Vicky, Cristina, Barcelona” o “Cassandra´s dream” pero hay muchas otras. Y por alguna razón estas son cada vez más frecuentes en su cinematografía. Imagino que rondar los 80 te hace abandonar  determinadas dudas existenciales, ajustar tus “preocupaciones” vitales, lo cual explicaría la evolución de su cine, pero en todo caso, el producto de esta evolución me deja completamente indiferente.
Y esto es exactamente lo que me ha ocurrido con “Magia a la luz de la luna”. Alejada de su New York natal, se desarrolla la historia en la Europa de los años 20 (Berlín aparece de refilón, Francia donde se desarrolla la acción)  ambientación habitual en sus últimos  trabajos, lo que ya da muestras de que estamos ante una de sus obras “de la nueva hornada”. Y sí, también se plantean temas recurrentes  en su filmografía (el mundo de la magia, alegoría de la fabulación y de  la fantasía contrapuesto a la realidad plana y carente de estímulos,  cuyo escenario siempre  se sitúa en la “idílica Europa” de entreguerras), pero por razones que desconozco no termina de entusiasmarme. ¿Cómo es posible que, en su dualidad el Allen primigenio me lleve hasta el éxtasis y en cambio este “renovado” Allen  no me diga nada?
También para mí es un misterio, pero es un hecho confirmado. Hay un Allen que me resulta del todo extraño, insospechadamente ajeno.
Y no es que me aburra,  no es eso, es que  salgo del cine con la sensación de que   bien podría haber dedicado mi tiempo  a cualquier otra  cosa. Es, pues, esa sensación de vacuidad la que me desconcierta por lo inesperada.
Fútil, ligera, intrascendente,  muy lejos de sus obras más genuinas y brillantes, no me permite conformarme.  A muchos gustará, yo siempre espero más de Woody Allen. Mucho más. Otra vez será!

Alicia dixit

domingo, 16 de noviembre de 2014

RELATOS SALVAJES
DE
DAMIAN SZIFRON
Ir a ver cine argentino es una experiencia que en muy pocas ocasiones defrauda. Esta cinematografía (aunque aquí entre los productores estén los hermanos Almodóvar) no cuenta con un gran presupuesto, pero si anda sobrada de talento. Así, dispuesto a pasar un buen rato entras en la sala sabiendo, de antemano, que te lo vas a pasar bien. Únicamente surge una duda ¿con qué intensidad disfrutarás? y ¡oh! sorpresa desde el primer minuto ya estás convencido de que vas a asistir a una genialidad.
La película se compone de una sucesión de cortometrajes. Cada uno de ellos con una intensidad y una maestría propia de este género. En un abrir y cerrar de ojos todas y cada una de las historias te engancha. La velocidad con que se desarrolla la trama y el desenlace de las mismas, no te permite otra cosa que intentar no perderte ni el más mínimo detalle de lo que está sucediendo.
Todas las historias están conectadas entre sí, con un hilo conductor. Qué sería de nuestra voluntad si las normas de urbanidad, ante una situación cotidiana, desaparecieran. Sin estás reglas y su efecto directo sobre la convivencia de las personas el mundo no podría ni mantenerse, ni avanzar. Con este pensamiento central el director va presentando las diferentes narraciones pero no como en una película de terror (que sería, a simple vista, la idea más cercana al desarrollo del film), si no que nos lo muestra como una comedia.
 En no pocas ocasiones resulta de terror cómico la imagen que de nosotros mismos trasladamos cuando nos ponemos frente al espejo de la convivencia. Éste, nos refleja nuestros más bajos instintos en lugar de la figura amable que forzadamente nos vemos obligados a mostrar ¿Quién ante determinadas situaciones a las que te tienes que enfrentar en tu vida cotidiana no ha sucumbido a la tentación de imaginar que sucedería si uno pudiese romper las normas de entendimiento no escritas y actuar siguiendo el dictado de sus impulsos más primitivos? ¿Qué sensación de gratificante liberación disfrutaríamos si, por un momento, pudiésemos actuar sin escondernos tras esas reglas del juego?
Además el esquema de progreso de la obra es perfecto para los objetivos que pretende conseguir. No se produce un desarrollo de cada historia, únicamente se queda en el impacto que nos va a causar, mostrándonos una serie de estereotipos. Este planteamiento es otra de las muchas genialidades que maneja a placer el director de esta magnífica obra.
Por último y de forma muy destacable hay que resaltar la gran interpretación de todo el elenco de actores y actrices desde los más conocid@s a l@s más desconocid@s. Es difícil distinguir sobre quien recae el peso de ser el autentico protagonista con el que se asocie el conjunto de las intrigas. Todas y cada una de ellas tienen un protagonista diferente que hacen su trabajo con un nivel de excelencia tan alto que es imposible resaltar a alguno sobre los demás. Sorprendentemente no se vislumbra ningún conflicto de egos, lo que termina de redondear la película.
Hay que ver lo que dan de sí unos cuantos cortometrajes.
Germán.


domingo, 26 de octubre de 2014

PERDIDA (GONE GIRL)

De

DAVID FINCHER




Nick, fornido Wasp, de vida plácida  en apariencia feliz junto a una bella y chispeante esposa,  se encuentra con que el día de su quinto aniversario de boda, tras hallar signos de  lucha en su hogar, Amy (que es así como se llama su mujer) ha desaparecido de forma inesperada y misteriosa. De esta manera comienza “Perdida”, lo que apunta ser un inicio de infarto (es una forma de hablar). A partir de ahí empiezan a desvelarse secretos de su vida matrimonial que desmontan la idea inicial  de “relación  idílica de la pareja” que reinaba a su alrededor. Se descubren, en constantes flash-backs, faltas de sintonía, desencuentros, problemas económicos,  manipulaciones varias con la guinda de la infidelidad,  que habían convertido el matrimonio  en un infierno. Nada extraordinario, hasta ese momento, porque como ya se sabe, el matrimonio es el lugar idóneo para perpetrar  lo peor que la mente humana pueda imaginar. Pues bien, así las cosas,  la  trama  engarza parciales desenlaces más o menos previsibles, a pesar de lo cual la película mantiene la tensión en todo momento,  con lo que el largo metraje (y nunca mejor dicho)   de 146 minutos resulta ameno. Pero a partir de un punto, se pierde el norte.  Lo que suele ocurrir en este tipo de films: lo que empieza siendo aterrador, acaba resultando irritante  de puro inverosímil. Lo posible se estira hasta rozar el surrealismo y lo que es impactante inicialmente, acaba siendo  cómico, vulgar, propio  de los telefilmes de serie b de la tarde  de los domingos de Antena 3 (por citar un ejemplo).

Del oficio de David Fincher no  cabe la menor  duda, y buena prueba de ello es la capacidad de entretener incluso cuando la historia se le ha ido de las manos (más bien el personaje de Amy) y recobra vida propia. Desconozco el libro  base del guion,  ni tengo noticias de su autor/a, pero tiendo a sospechar que es ahí donde se encuentra el origen del descalabro,  y que ajustarse  fielmente a  la obra, es lo que hace perder aliciente al film.

En todo caso, debo reconocer que no deja de ser una película con imán para los amantes del thriller, lo cual dista mucho de  lo leído  en algunas  de las críticas vertidas sobre ella que le atribuyen  cualidades que no posee, si no la califican,  directamente, de obra cumbre del género.

En fin, se deja ver, que ya es mucho, en los tiempos que corren. Ahora bien, yo esperaría a ponérmela en casa, una tarde  fría de domingo, al abrigo de la manta del sofá y junto a  un hombro amigo sobre el que recostarse en los momentos de máxima tensión. No da para más.

La que no hay que perderse  es  la genial “Relatos salvajes” en la actualidad en cartel.

Seguiremos informando.

Alicia dixit


lunes, 18 de agosto de 2014

BEGIN AGAIN

BEGIN AGAIN
DE
JOHN CARNEY

Teniendo en cuenta mi bien conocido desapego por los musicales, mi opinión sobre Begin again tiene un especial significado. No quiero decir con esto  que mi modesta visión  tenga más validez que la de cualquier otro sino que el hecho de que los musicales me produzcan una cierta aversión  dice mucho de mi entusiasmo por algunas películas del género. Porque cuando me encuentro ante un buen film soy capaz de reconocerlo por encima de cualquier otra circunstancia y este es el caso que nos ocupa.
 Desconocía casi todo de la película, salvo lo leído de pasada en una crítica cinematográfica de esas de las que suelo desconfiar. En esta ocasión,  no saber nada sobre su autor (el  exmúsico  irlandés John Carney) ni sobre su obra anterior (la vanagloriada Once, que trataré de localizar en cuanto tenga ocasión), ni sobre el género de pertenencia,  me permitió con mayor naturalidad dejar aflorar mi  sexto sentido fílmico. Y superando algún que otro prejuicio de los que no debería confesar (Keira Knightley, tampoco es santo de mi devoción y estas cosas me retraen de ver ciertas películas), sumado a la sequía  cinematográfica propia del periodo estival, me decidí  a verla.
Y me encontré con lo que siempre espero hallar en una sala, una película sencilla y fresca, mágica, cautivadora. Emotiva sin ser lacrimógena, previsible y  sorprendente  a la  vez, donde el final no es como sería esperable, al tiempo que resulta sencillamente auténtica, genuina. Una película que bien podría ser una historia real, donde el encuentro de dos personas en idéntica situación  personal, que conectan, en este caso  en lo musical,  produce el espejismo del surgimiento del amor. Y así es, la comunión que logran los personajes principales, interpretados de forma correctísima por Keira Knightley y Mark Ruffalo, que consiguen transmitir con gran espontaneidad, permite construir un relato cercano, verdadero  y conmovedor.
Dos personajes perdidos que se encuentran en el momento adecuado, lo que  les sirve  para apoyarse el uno en el otro y así salir reforzados  y poder  avistar la luz al final del túnel.
De fondo nos acompaña una más que digna banda sonora que contribuye a crear el ambiente acogedor que define la película, siendo una parte más de la historia. La música se convierte, así, en otro  personaje, que te cautiva y te seduce.  No es por tanto, un musical al uso, sino una película donde la música es más que  cooperadora necesaria, imprescindible. Supongo que el hecho de que su director sea un músico retirado le permite aproximarse al género con una desenvoltura que se respira.
Siendo como soy refractaria a los musicales, he de admitir que “Begin again” me ha complacido como hacía tiempo que no me ocurría. Tanto si gusta como si no este tipo de  cine,  no puedo más que  recomendarla, porque es la clase de película gozosa, optimista que te contagia buen rollito. Alguien da  más?

Alicia dixit

domingo, 30 de marzo de 2014

LA GRAN ESTAFA AMERICANA
DE
DAVID O. RUSELL

Una de las verdaderas motivaciones por las que la gente consume cine y se convierte en cliente de esta industria es, sin lugar a dudas, porque la decisión de gasto va acompañada de una cierta liturgia. Ésta tiene muy pocas variaciones y generalmente depende de una serie de factores comunes que me ahorraré. En el caso que nos ocupa -ir a ver “La gran estafa americana”- responde a ese ritual de domingo gris en el que no tenías ni por asomo intención de moverte de casa. A esa pretensión, suele acompañar un momento en el que te invade el hastío y levantas la cabeza del libro que estás leyendo o separas la vista de la infame televisión y pronuncias las palabras mágicas: ¿por qué no vamos al cine? Ya no tienes tiempo ni probablemente ganas de escoger ni película, ni sala. Abducido por esta atmosfera, débilmente articulas: podíamos ir a ver esta película, no sé muy bien de qué trata pero ha estado a punto de que le dieran un Oscar. No hay más que hablar, una rápida preparación y a la sala más próxima.
“La gran estafa americana” contiene todos los códigos que identifican un modelo de cine muy americano. Nos presenta la sociedad y la cultura de este país mediante un repaso de todos los tribalismos que parece, por lo menos para la industria del cine, que la identifican: chicas guapas (morena lista, rubia tonta); estafador con tupé; policía joven del FBI que quiere lanzar su carrera con el arresto de su vida; jefe de la policía sensato; fiscal del distrito que ve en un gran caso una oportunidad para lanzar su carrera política; político populista-comprado acompañado de una adorable familia al más puro estilo USA; políticos de alto rango corruptos y la mafia. Sí la mafia, y sorpresa ¿quién es el jefe de la mafia? Robert de Niro.
Las imágenes que acompañan a la narración tampoco se sustraen de los tópicos: rayas de cocaína en erotizadas discotecas, chicas con provocativos vestidos, apartamentos lujosos, feliz familia americana, restaurantes con estética europea, ambición, tierra de oportunidades, el dinero como el gran motor que todo lo puede, etc.
La estructura de la narración hace que ya en los primeros cinco o diez minutos descubras en qué va a consistir. Las apariencias no son más que apariencias y una inocente casualidad va a revelarnos la realidad tal y como es. Algo tan simple como esto está dirigido con suficiente oficio como para que te instales en la historia y te dejes mecer placenteramente durante las más de dos horas que dura esta colección de tópicos. El final tampoco disminuye el nivel de manidas vulgaridades: el estafador que hay que atrapar, pesca al poli ambicioso, limpia al sistema político estadounidense de unos cuantos políticos comprados y la mafia no consigue aumentar sus negocios fuera de los lugares donde tradicionalmente está implantada.
Una película correcta para cumplir con el ritual de ir al cine un domingo gris en el que te invada la molicie y el hastío.

Germán.

lunes, 24 de marzo de 2014

PHILOMENA
DE
STEPHEN FREARS

Stephen Frears es siempre un valor seguro. Con una solvencia acreditada por una larga y prestigiosa trayectoria que nos ha dejado numerosos  títulos de éxito (“Mi hermosa lavandería”, la soberbia versión de “Las amistades peligrosas”,  “Café irlandés” o “High Fidelity” por citar  algunos de los más sonados)  no es ninguna sorpresa encontrarse ante una delicia  como Philomena, su más reciente creación.
Siendo un artista tremendamente versátil –buena cuenta de ello nos  la da su cine variado- y gustándome como me gusta en sus diversas facetas, me llega, especialmente, cuando acomete temas  sociales, como es el caso. Es un digno representante (con su personal mirada) de lo más  granado  del cine social británico (junto con Leigh  o Ken Loach) que tantas alegrías nos da a los cinéfilos y tanta gloria reporta al séptimo arte del Reino Unido.
A pesar de estos antecedentes, la historia, basada en un hecho real, sobre una madre  irlandesa de temprana edad a la que arrebataron su hijo nacido fuera del matrimonio, y su búsqueda posterior, me provocaba cierta desconfianza sobre cuál pudiera ser el resultado final.   Un posible  exceso de dramatismo o una eventual  tentación por lo lacrimógeno me prevenían contra  la película. Craso error, si el autor de la obra es un director que  derrocha talento cinematográfico, como ocurre con  Frears. Lejos de resultar sensiblera, la película nos muestra la vida de una madre en busca de su hijo nacido 50 años atrás, con una naturalidad pasmosa, y un humor que excluye cualquier atisbo de ñoñería. La normalidad  y la dignidad con la que Philomena vive su drama, oculto durante décadas incluso a su propia hija,  nos acerca a la realidad de estas situaciones (por otra parte, tan comunes por nuestros lares, hasta hace dos días) sin artificios  ni sentimentalismos superfluos. El hecho, en sí mismo, es lo suficientemente atroz como para tratarlo sin dramatismos. Y con ese planteamiento  lúcido e inteligente sobre el tema el relato resulta, sin más calificativos, conmovedor.
Para lograr emocionarnos sin exagerar el dolor sufrido por Philomena, nos propone una relación peculiar madre/periodista decidido a indagar en la historia y ayudar a la protagonista en su búsqueda del hijo extraviado. Y es ese contrapunto perfecto el que logra un equilibrio desconcertante   e impone una dosis  inicial de distancia sobre el tema que va evolucionando a medida que pasan los minutos. El control  que tiene el autor sobre los efectos de la historia  en el espectador es asombroso. El personaje interpretado  por Steve Coogan (también coguionista)  periodista “en paro” que rechaza en principio escribir un libro sobre la vida de Philomena porque le provoca un sincero desinterés, evoluciona al tiempo que nuestros sentimientos  y la creciente  empatía con el personaje de Philomena y su drama. La personalidad de la protagonista  provoca admiración. Mujer sencilla, que jamás ha superado la pérdida del hijo y que sin embargo, se muestra fuerte, entera y asombrosamente firme en sus convicciones católicas (no hay que olvidar que son las religiosas que la acogieron en su seno durante su embarazo, las que propiciaron la venta del hijo a unos “padres americanos”) con unas dosis de humor que resultan reconfortantes y que contribuyen a humanizar y a engrandecer su figura. El desconcierto que provoca en el personaje de Coogan su actitud (herida y dulce a la vez) es compartido por los espectadores. Y su ausencia de odio, no  aparece como producto de la cerrazón o del radicalismo religioso, sino más bien al contrario, como consecuencia de la bondad y la extraordinaria generosidad del personaje, que a pesar del sufrimiento experimentado, no alberga sentimiento alguno  de venganza. Los sentimientos de profundo rechazo por lo acontecido y sus responsables, que invaden al periodista (y finalmente  amigo de Philomena), son los mismos que acaban invadiendo a los espectadores y la incapacidad para entender la resignación, la aceptación, la ausencia de rencor de Philomena, son, en mi opinión,  los elementos más impactantes del film.
Es, por tanto, la evidencia de la extraordinaria nobleza  de la madre y su único deseo de reencuentro y reconciliación con el hijo, lo que te dejan helado ante la pantalla.
Como muy bien decía Boyero en una  reseña escrita  después de la reciente  ceremonia de entrega de los óscars, echo  en falta  la concesión de algún premio a Philomena. Este tipo de cosas  son las que explican mi distancia del gusto cinematográfico americano. Qué falta de sensibilidad denotan los académicos.!!!Y qué ausencia de buen gusto!!!! Porque  Philomena es merecedora de más de un galardón.
 Anyway,  Philomena es un premio  en sí misma, porque  despierta las más hondas emociones  y hace aflorar  los mejores sentimientos entre los espectadores.

Alicia dixit.