DE
FATIH AKIN
Divulgar la causa armenia,
saldar deudas emocionales y ser capaz de mirar el conflicto turco-armenio con serenidad y rigor histórico, parecen haber sido los retos asumidos por
Fatih Akin al abordar esta película.
Proveniente de una tradicional
familia turca, no parece haberle resultado fácil distanciarse de la versión “oficial”
de los acontecimientos, para presentarnos un sencillo y común relato del horror. Pero lo ha conseguido y así, ha situado la trama, en el lado del pueblo
masacrado. No escatima recursos para relatarnos el drama desde la perspectiva
de una apacible familia de artesanos que
sufre la separación primero, el
sufrimiento más descarnado e
irreversible seguidamente, la exterminación de buena parte de sus
miembros después, y finalmente el éxodo, la huida del horror, de las dos hermanas gemelas e
hijas del protagonista, en un largo y
accidentado peregrinar hacia tierras americanas.
Esta es la historia de la
película, la de un hombre que padece innumerables sufrimientos para acabar despojado de todo aquello
que daba sentido a su vida de hombre bueno. Hasta
que un buen día descubre que sus hijas, supervivientes del exterminio en el que
perecieron sus más allegados, abandonaron el país, sanas y salvas con destino a
Cuba. Y decide emplear sus más que
diezmadas fuerzas en su búsqueda.
Otra road movie de las que tanto gustan a Fatih Akin. Todas sus
películas contienen ese algo de búsqueda emocional y física, de heridas abiertas que tratan de cerrarse mediante el
acercamiento a los mundos diferentes que luchan por convivir pacíficamente y que configuran su identidad. La búsqueda que representa la salvación. Este hombre, muerto en vida, no tiene más esperanza que el
reencuentro con sus hijas. Y emprende el viaje.
Se adentra el autor en la historia del genocidio armenio, a partir de un relato que bien podría ser real
y que pretende, según palabras del propio director, estremecer a los espectadores sin importar el
lado en el que se sitúen.
Pero en mi opinión, este
film épico, rodado con esmero y con la delicadeza que define el cine de Akin,
resulta un tanto excesivo. Para describir el sufrimiento del personaje del
padre no eran necesarias 2 horas y 18
minutos de metraje. La búsqueda resulta agotadora, pero de puro detallista.
Hubiera podido abreviarse el relato y no se hubiera permitido que el espectador
se disipara y acabara exhausto de tanta frustración. El exceso, en casi todo,
acaba resultando estragante y produciendo el efecto contrario al buscado. Te acaba distanciando del dolor, y provocando
una cierta indiferencia.
Yo llegué un tanto
fatigada al desenlace, quizá por exceso de puntillismo, quizá porque no se nos
da una tregua. Ni siquiera al final.
El tema da para mucho y no ha sido explotado en
el cine lo suficiente, por lo que podría
haberse esperado algo diferente, especialmente si proviene del
gran Fatih Akin. Y sí, en mi opinión, es un film impropio de
su autor. Me explico, había momentos en
los que me parecía encontrarme ante el cine grandilocuente de superproducción
de la fábrica Hollywood, al más puro estilo
Steven Spielberg. Luego he sabido que el autor del guion, junto con el propio
Akin, es Mardik Martin, afamado
guionista americano de origen iraní (son suyos los guiones de “Malas calles”
“Toro salvaje” o “Valentino”, por citar algunos ejemplos) por lo que su inconfundible sello de “American movie” no es
producto de mi imaginación.
Ajena a su autor, con una
cierta pérdida de su personal impronta, así me ha resultado la película, a pesar
de contar con muchos de sus rasgos inconfundibles. Entre estas señas de
identidad se encuentran la multitud de simbolismos que plagan la película. Así
el protagonista, pierde el habla y hasta la fe, como expresión de la más
absoluta de las devastaciones en que puede sumirse el ser humano. Con la
descripción del dolor del padre quiere mostrarnos el dolor de todo un
pueblo. Y bajo el minucioso relato asolador
de acontecimientos, siempre subyace un poso de esperanza, un rayo de luz, un atisbo de optimismo, representados por la
bondad de algunos de los personajes con los que tropieza el protagonista.
Anyway, fallido resulta el casting. El protagonista, Tahar
Rahim (joven actor francés de origen argelino) no se hace con el personaje. No consigue
transmitirnos (o al menos a mí) con
nitidez la amargura que el personaje acumula a lo largo del film, ni los
estragos del paso del tiempo, que
añadido al mucho dolor deja secuelas inevitables en el aspecto de cualquiera.
Sin embargo, el protagonista aparece joven (lo es, tiene 34 años) por no decir
jovial, en todo momento. O no se han
esmerado en su caracterización o esta
apariencia juvenil es algo premeditado.
Cualquiera que sea el caso me resulta francamente chocante.
No sabría si recomendarla.
Me escabulliré diciendo que hay multitud de películas imprescindibles en el haber de Fatih Akin, por lo que siempre
habrá otras opciones antes que “El
padre”.
Alicia dixit
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