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LA VIDA MISMA.GERMÁN

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lunes, 11 de abril de 2016

MADAME MARGUERITE
DE
XAVIER GIANNOLI
Si alguien busca en el cine el reflejo de la vida misma no puede perderse esta obra maestra de Xavier Giannoli. Nada más terminar y salir de la sala te vienen  a la mente el sinfín de conocidos que uno ha encontrado a lo largo de su vida que arrastran la misma pobreza mental. Estos,  en lugar de asumirse tal y como son (todos tenemos riquezas personales que explotar) prefieren crearse un personaje y afanarse en interpretarlo. Es tal el interés que ponen que llegan a poner en riesgo de forma alarmante su salud mental. Una vez que se encuentran en esta situación no resulta fácil retornarles a la vida real, a ver quién es el valiente……..!!!! Por lo tanto la espiral de interpretación se apoderará de ellos durante toda su vida. Algunos se mantendrán en esta ficción, al tiempo que dolorosa situación, y otros, por distintos avatares, recibirán un shock de tal magnitud que los dejará marcados para siempre.
Este es el drama de madame Marguerite a la que solo su fortuna personal la sostendrá dentro de su propio papel. Sus bienes son los que la permitirán mantenerse en su creencia de gran artista. Esta riqueza atraerá a una pléyade de chupópteros que ven en ella la posibilidad de mejorar su vida. La ignominia llega hasta tal punto que es imposible la marcha atrás. Así la van conduciendo hacia una situación en la que su destrucción es un camino sin retorno. Eso sí, el director le otorga un minuto de gloria con el que la destruye físicamente: el origen de la perturbación de la protagonista. Igualmente el director nos muestra con una maestría inigualable cómo su marido se ve imposibilitado para reconducir la situación. Los ventajista no le van ayudar y él va a transitar entre la observación del desastre y el intento por resolverlo, para finalmente aceptar la situación y pretender mantenerla antes de enfrentarse a un desenlace imposible de corregir.
La ambientación de la película es magistral. Las imágenes y las atmósferas que nos muestran nos arrastran, junto con los actores a una paulatina espiral de destrucción. Los que se aprovechan circulan entre los que directamente sacan partido hasta un punto en el que pueden verse perjudicados y  los que la abandonan a su suerte  y, por último los que conscientes del daño intentan reconducir la situación a destiempo. Lo llevan demasiado lejos y ya es muy tarde, solo cabe  huir hacia adelante a ver  cómo se sale de esta.
Una película magnifica que se atreve a mostrarnos de una forma muy lírica un tipo de patología muy común en la actualidad: el objeto último de la vida es  el triunfo. Pero no de una manera que nos aporte felicidad sino que nos autoconvenzamos  de que formamos parte de una élite de privilegiados que ejerce el  control,  cuando en realidad son un  instrumento útil de los que de verdad ostentan el dominio  para su propio beneficio, si no el hazmerreír de todos.  


Germán.
             

jueves, 24 de marzo de 2016

THE GIFT
DE
JOEL EDGERTON


Como ya es sobradamente conocido, soy una incondicional de la novela negra y de su equivalente cinematográfico. Hasta de sus sucedáneos  menos tolerables soy seguidora. Lo reconozco, es una debilidad. Huelo a la legua, cual adiestrado sabueso, cualquier posible presa, y  una vez detectadas procuro asesorarme antes de abalanzarme sobre ellas, aunque no necesito demasiados argumentos para aventurarme a  su caza. Así, había tenido noticias del estreno de “El regalo” y  ante la expectativa de encontrarme ante un buen ejemplar, no pude evitar la ávida lectura de la reseña en prensa en busca de una buena coartada y contraviniendo mi propio principio de no dejarme condicionar por opiniones ajenas y no siempre fiables. En estas estoy cuando me encuentro palabras alentadoras sobre las bondades del film que me arrojaron en sus brazos, sin más reservas. Y así, me veo ante este thriller de formato clásico y esquema manido (pareja en apariencia feliz que ve trastocada su convencional  vida tras la aparición de un tercero, en este caso amigo de infancia del marido). He de decir que el inicio me hizo desconfiar,  y me previno sobre una aparente película de las múltiples que anidan en nuestras televisiones los fines de semana. En definitiva, nada  apuntaba  ser de interés más allá de la reiterativa historia del maligno maquinador que perturba con su intromisión  la vida plácida de gente corriente, provocando las consecuentes y predecibles tensiones.
Pues nada más lejos de lo esperado. A medida que la película avanza, los tópicos se trastocan y nada es lo que parece. Las sorpresas se encuentran dentro del mismo esquema de base. Ni el en apariencia malo es tan malo, ni el aparentemente bueno lo es tanto y aunque parezca imposible, después de haberme tragado miles de películas con este formato siento que el interés crece a medida que la trama se desarrolla y avanza. Los buenos y menos buenos son gente corriente y apegada a la realidad. Sin excesos ni caricaturas ni histrionismos. Me consigue atrapar gracias a un planteamiento novedoso y un imaginativo final. Lo cual no es poco, teniendo en cuenta que se hace muy difícil pergeñar nada original en este tipo de historias. Y con lo que en apariencia parecen medios escasos, se obtiene un resultado  más que digno. Las interpretaciones (con unos actores del todo desconocidos para mí) permiten hacernos creer la historia, que por otra parte refleja personajes del todo reconocibles. Lo cual acrecienta su encanto y lo distingue del resto de películas del género, que en general pecan de excesos en sus guiones con el objetivo de lograr un mayor impacto en el espectador. Aquí los personajes resultan cotidianos, y la historia perfectamente verosímil. Todos conocemos sujetos de las características de los aquí presentados, lo cual lejos de restarle efecto, se lo acrecienta. En mi opinión no hay nada más aterrador que la representación de los creíbles personajes desequilibrados que en un grado o en otro nos vamos encontrando por el camino. Y  es aquí donde radica todo el atractivo de este magnífico film, en su apego a la realidad.
Agradezco enormemente poder disfrutar de  thrillers de la calidad del aquí comentado,  porque hasta a mí me sorprende encontrármelos. Y porque me renuevan el entusiasmo.
Buen trabajo el de todos. Pero mi más sentidas felicitaciones para el guionista (que es uno de los protagonistas) que tiene el mérito de conseguir cautivar con una historia sobria, alejada del común de las películas del género, a pesar de estar encuadrada en un  marco poco propicio para la innovación y cuyo casi único recurso consiste en la exageración.
Otra vez,  enhorabuena.

Alicia dixit

jueves, 11 de febrero de 2016

“LOS ODIOSOS OCHO”
DE
QUENTIN TARANTINO

En “Los odiosos ocho” nos encontramos ante el Tarantino en estado más puro. La quintaesencia de su cine está contenida en su última película, lo que  no es buena noticia para  los poco entusiastas, entre los que me encuentro.
Los  que no terminamos de sintonizar  con él, hemos celebrado (y disfrutado, por qué no decirlo) de sus últimos trabajos (“Malditos Bastados” o “Django desencadenado”), lo que nos ha llevado al cine en la creencia  de encontrarnos con el autor de los últimos tiempos.  Y no es que en estas películas no se hallara su esencia y sus inconfundibles rasgos, sus toques personales, sino porque más allá de ellos, se contaba con un cine sólido, bien construido, en definitiva, sugerente.  Sin embargo, a mí el Tarantino que más me interesa es el más alejado de sí mismo. Distanciado de estos recientes escarceos, “Los odiosos ocho” representa un regreso al pasado. Aquí Tarantino es más Tarantino que nunca. Se supera a sí mismo y nos ofrece más de lo de siempre, para mi sorpresa y disgusto.
La película comienza con unos chispeantes diálogos, que hacen presagiar una sesión placentera de cine, pero en pocos minutos, la cosa se tuerce, la expectación ante la novedad se desvanece  y todo queda reducido a los cuatro estereotipos recurrentes y previsibles, trufados de algún guiño al cine de suspense, más al estilo de “Se ha escrito un crimen” que otra cosa: cierta intriga que sirve de hilo conductor a  la violencia desmesurada  habitual (las hostias asestadas a la protagonista femenina ya comienzan a incomodarme desde el principio) que acaba derivando en una suerte de  orgía de tiros y sangre propia de una parodia  de terror para adolescentes.  
Este Tarantino hará las delicias de sus seguidores que podrán disfrutar de su ensoñación por el gore más estrafalario, y por tanto, cada vez menos novedoso, menos impactante pero  a mí no hace más que reafirmarme en mi escepticismo.
Predecible, la película  resulta un déjà vu interminable (hay que añadir el largo metraje  que la hace más insoportable, si cabe) que me mantuvo peleando contra el sueño  buena parte de la sesión.
Pues eso, este regreso a la estética y la dinámica de “Reservoir dogs” o de “Abierto al amanecer” me distancia de Tarantino (aún más)  y me hace dudar de sus intenciones (o habilidades, que uno  no sabe ya si es que no es capaz de  hacer nada diferente)  futuras.
Con franqueza, no sé si me quedan ganas de repetir con Tarantino, visto lo visto. Os lo comentaré cuando llegue el momento de enfrentarme al dilema. Hoy por hoy,  solo me produce hastío, por lo que el divorcio es irreversible.

Alicia dixit


viernes, 8 de enero de 2016

EL PUENTE DE LOS ESPIAS
DE
STEVEN SPIELBERG

Ir al cine a ver una película de Spielberg es garantía de asistir a una obra en la que primará la elegancia en su ejecución. “El puente de los espías” no defrauda. Sobre este director siempre planean críticas por una supuesta blandura o por ser deudor de su factura netamente americana. Por mi parte, ni lo afirmo ni lo niego. Aunque la verdad cada vez que veo un film suyo a la salida se me queda una sonrisa tonta de haber pasado un buen rato ¿quién puede pedir más en los tiempos que corren?
La historia, basada en un hecho real, nos muestra las tensiones de la guerra fría con una perfecta ambientación. Esa etapa de la historia de la humanidad, siempre se nos ha presentado como la confrontación de dos principios, el de la libertad y el de la igualdad. En la industria cinematográfica se ha reducido a una organización maniquea del mundo: los buenos contra los malos (los buenos siempre son los yanquis, claro está). Y, en efecto, hasta cierto punto el argumento está estructurado manteniendo esa  dualidad, pero solo en su estructura. Spielberg ha encargado el guion a los hermanos Coen y estos introducen importantes matices que hacen que la obra tenga esenciales diferencias respecto de las clásicas obras de la guerra fría. Así, dan una especial relevancia al mundo civil frente al militar. El protagonista, un abogado de prestigio de vida ordenada, el mejor representante del “American way of life”, se ve envuelto en una situación que fundamentalmente, le incomoda. Tanto es así que su mayor deseo es resolverlo cuanto antes, quitarse el abrigo y tenderse en la cama de su confortable casa. Cero sentimientos patrióticos. A medida que se ve implicado en resolver el encargo, el personaje va tomando una dimensión cada vez más humana, de forma que ignora el lenguaje de la patria -ese en el que lo más importante es salvar a la reina del tablero aunque haya que sacrificar un peón- además de defenderlo desde su personal sentido de las libertades individuales y de su interpretación de la democracia. Los Coen construyen una historia de espías que no tiene nada que ver con lo que conocíamos hasta ahora. Además, reelaboran las relaciones de la guerra fría,  sin dinamismo, casi sin intriga, con un toque de elegancia y sobriedad propias de los verdaderos momentos heroicos.
En cuanto a la interpretación, nada que no esperásemos de Tom Hanks, un maestro. Este no solo está siempre dispuesto a seguir a Spielberg sino que la relación entre ambos es siempre perfecta. Parece como si se necesitaran el uno al otro para culminar cualquier narración.
En definitiva, sí, es una película netamente americana con toques específicos para su mercado, es decir que incluye alguna que otra ñoñería pero que en su desarrollo nos pone al descubierto una serie de matices muy interesantes. Si lo que buscas es cine atractivo y formal Spielberg nunca desilusiona.

Germán.

miércoles, 6 de enero de 2016

UNA PASTELERÍA EN TOKIO
DE
NAOMI KAWASE


“Una pastelería en Tokio” nos deleita con la delicadeza propia del cine nipón. Con su ritmo pausado, sus tempos tan peculiares te abduce from the very beginning y consigue tocar la fibra del espectador de manera casi inadvertida. La aproximación a las relaciones entre los personajes se realiza a través del relato en tiempo real de los acontecimientos. Pero no por ello resulta aburrido, sino que más bien al contrario, te sitúa de tal manera en la historia que pareciera como si el espectador fuera otro protagonista más de la trama: conoces a los personajes al tiempo que ellos se descubren a sí mismos; anticipas sus acciones en la misma medida en que ellos lo hacen; descubres sus secretos mientras se los revelan los unos a los otros; observas sus conductas en el momento mismo de producirse; les tomas afecto de la misma forma en que ellos comienzan a sentirlo. Película sobre los afectos de la gente corriente que lucha contra las más crueles de las estigmatizaciones. Gente al margen que se reconoce y se busca como el animal busca a su semejante, con la inocencia de un niño y el hambre de un solitario. Gente resistente en la que mirarnos en los momentos de abatimiento. Gente que nos enseña que en nuestras manos está nuestro destino, por muy determinado que éste pueda parecer de antemano. Naomi Kawase hace gala de una gran habilidad para empatizar con personajes atormentados, ya sea por sus duras experiencias vividas, ya sea por unos rasgos de su personalidad que los alejan del común de los mortales. Y asombra la capacidad de la autora de mostrar sentimientos a flor de piel de forma que no te está permitido sentirte ajeno a lo que acontece en la pantalla. Y sorprende esa facilidad para provocar la emoción que parece tan natural, tan espontánea en su cine, porque proviene de una cultura caracterizada por la contención afectiva, la ausencia de expresión de los sentimientos, por una malentendida frialdad, fruto de un arraigado respeto por el otro como base de toda conducta. En esa contradicción puede que resida su encanto. O al menos, es ahí donde yo lo encuentro.  Esta mirada concienzuda sobre gente aguerrida en multiples batallas y numerosos sufrimientos, esa vision incisiva de una realidad que con frecuencia nos rodea pero que nos pasa inadvertida, convierten en una pieza única a la vez que valiosísima, esta película.
No apta para los adictos a la acción, pero muy recomendable para los amantes de emociones fuertes, que son las que tienen que ver con los sentimientos más universales.
Cine delicioso, en una palabra…….

Alicia dixit

domingo, 3 de enero de 2016

A WALK IN THE WOODS
DE
KEN KWARPIS

Como suele ser habitual, encuentro opiniones contradictorias sobre el último trabajo de Robert Redford (en la interpretación y en la producción), lo cual no me desanima  de mi propósito de verlo. Me siento inexplicablemente atraída por la película, por lo poco que conozco del argumento y por el cartel de actores que la interpretan. Aunque  he de confesar que nunca he  tenido una especial predilección por Robert Redford, no puedo por menos que reconocerle el  mérito y los logros de algunas  de sus magníficas interpretaciones que por numerosas no voy a enumerar aquí. Y lo que sí le admiro  es su condición de gran cineasta en todas sus facetas (hay que recordar que además de  su actividad como actor, productor y director, Redford ha sido el promotor de algún prestigioso festival de cine independiente y en definitiva un mecenas para más de algún talentoso principiante). Así, además de su cuota de responsabilidad en algunos grandes hitos de la historia del cine, puede predicarse de él un indiscutible criterio en la selección de las películas que interpreta, que dirige o que produce y un incuestionable buen hacer que  dignifica  todo lo que toca.  
Dándole la réplica, su partenaire,  el  maldito Nick Nolte, siempre me ha resultado un actor de indudable garra.
Es esta una película sobre el crepúsculo de la vida de dos antiguos compañeros de andanzas que se reencuentran  tras años de distanciamiento.  En la recta final coinciden en el proyecto de emprender la senda de Los Apalaches, ruta de más de 3.000 km a lo largo de la costa este de los EEUU, lo que les permite ahondar en sus sentimientos además de compartir la retrospectiva de sus vidas.
Algunos atribuyen a la película un exceso de blandura que yo no comparto. Y sí, esta aventura tardía emprendida por estos amigos tan dispares para exorcizar la vejez y la muerte, me parece tierna y divertida.
El tono de comedia empleado por Ken Kwarpis, hace del relato,  que bien podría  haber tenido tintes melodramáticos, una historia desenfadada y cálida.
El viaje les permite rememorar las diferencias que los han mantenido alejados durante años, y que, sin embargo,  evidencia la complicidad necesaria para sobrellevar sin sobresaltos las aventuras que comparten. Y hace aflorar el afecto latente que un día les unió en las ya lejanas aventuras de juventud.
Canto a la amistad, que resalta la superación de las divergencias cuando se comparten unas circunstancias que finalmente nos igualan a todos en la adversidad de afrontar el tramo final de la vida. 
De cada uno de los personajes se obtiene una enseñanza. Cada uno de los protagonistas resulta enternecedor por diferentes razones, pero la peripecia de ambos resulta, además de                 reconfortante -porque nos presenta la idea del milagro de la amistad-  cercana.
He leído algún reproche por la participación de dos figuras como las de Redford y Nolte en una película menor, alejada  de sus verdaderos talentos. No puedo por menos que discrepar. Esta película tierna y conmovedora (inspirada en hechos reales que son la base de un best seller) se engrandece y gana en calidez y proximidad con la participación de estos dos grandes actores que encajan perfectamente en los personajes que encarnan, pareciendo  más que nos hallamos ante una interpretación de sí mismos que ante una buena actuación.
No dudaría en volver a verla, porque me ha servido para recrear, con las dosis de humor necesarias,  la muy extendida dificultad del ser humano de  aceptar el fin de la propia existencia. Y lo bueno de contar con amigos, incluso cuando todo parece amortizado...........
 Alicia dixit.

sábado, 2 de enero de 2016

SUFRAGISTAS
DE
SARAH GAVRON

El mundo de los derechos civiles sólo ha avanzado por la valentía y determinación de algunas gentes. Estas se han enfrentado a injusticias manifiestas que no se veían como tales en su momento.
Película necesaria porque faltaba en la filmografía universal. Se han hecho muchas otras obras sobre los diferentes tipos de discriminaciones que han existido  y existen pero yo no recuerdo ninguna sobre la igualdad  entre hombres y  mujeres.
La batalla por la igualdad de derechos es una lucha que nunca se acaba por lo que es obligado mantener la memoria viva de sus orígenes. Es preciso entender las dificultades a las que se enfrentaron, en su momento, las pioneras de la equidad de derechos entre hombres y mujeres y nada mejor que la capacidad narrativa del cine para mostrárnoslo.
La necesidad de recordarnos la lucha por este logro no afecta, en los tiempos que vivimos, únicamente a los hombres (los primeros responsables  de impedir que no se desarrolle la igualdad entre ambos sexos). También incumbe a esas mujeres que deslumbradas por el éxito laboral desprecian derechos que tanto esfuerzo ha habido que emplear para conseguir.
La película tiene un guion sencillo pero sí muy efectivo que nos muestra de una forma muy realista las condiciones de vida de las mujeres a principios del siglo XX. Todo comienza con una obrera de una lavandería de Londres  que se ve envuelta en un incidente en el que participa una compañera suya. A partir de ese momento  la protagonista toma contacto con el colectivo de mujeres activistas y se va implicando cada vez más en un movimiento con el que día a día se va sintiendo más identificada. Una causa que es sistemáticamente despreciada por una sociedad patriarcal y, en consecuencia, brutalmente reprimida. La directora para que la historia no pierda vigor la enriquece mostrando la burla general a la causa de las sufragistas y cómo estas se ven  obligadas a recurrir a acciones muy llamativas para que se visualice su revuelta.
La interpretación de Carey Mulligan es perfecta aportando una fortaleza a un  guion que por sí mismo no tiene. Sorprende por su brevedad el papel de Meryll Streep. Desconozco si su presencia se debe a una operación de marketing promocional aunque yo, personalmente,  prefiero pensar que se debe más a que esta magnífica actriz ha entendido la necesidad de que esta película exista y ha prestado su nombre y su imagen al elenco para que no se olvide que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres está plenamente vigente.
Germán.

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL CLUB
 DE
PABLO LARRAIN

Sumergirse en los problemas de la iglesia Católica es un ejercicio poco gratificante por lo desagradable que resultan los execrables crímenes cometidos a lo largo de los tiempos. Pablo Larrain expone una imagen fiel de esta atrocidad haciendo sentir al espectador incómodo todo el metraje de la película. No escatima recursos para conseguir su fin. Nos muestra la historia inmersa en una luz fría de color gris sucio como si observáramos a través de un velo para protegernos del asco que provocan todos y cada uno de los personajes. Desarrolla la trama en un espacio cerrado donde las miserias se puedan racionalizar. Aleja la residencia donde se producen los acontecimientos de cualquier posible contacto humano como si de una fosa aséptica se tratará. Describe un infierno cómodo para sus diabólicos moradores donde la ausencia de arrepentimiento les permita reescribir su historia personal. La narración está llena de tiempos muertos para que no pierdas la sensación de incomodidad. Pablo Larraín no sólo mete el dedo en la llaga sino que una vez dentro lo retuerce hasta impedir cualquier rasgo de debilidad y compresión de las aberraciones que han cometido a lo largo de su vida los protagonistas. 
El final es tan mísero como real. Hay que mantener en el exilio infernal a esos diablos faltos del más mínimo sentimiento de culpa y sin ningún ánimo de expiación. El motivo: salvar la institución. La gravedad de sus crímenes es tal que es mejor ocultarlos que juzgarlos para evitar la fuga masiva de fieles. El negocio es el negocio.
Es imposible no hablar de los actores y su soberbia interpretación. Su nivel es tan alto que será complicado que no queden identificados como esos psicópatas de la película “El club”. Un actor que se arriesgue a que se le identifique con esos personajes tiene que estar muy seguro de su capacidad. Ellos lo están y su calidad les permitirá afrontar otro sin fin de obras arriesgadas  y nos volveremos a quitar el sombrero con ellos.
Desde este momento seguiré con la misma devoción el cine chileno como ya hago con el cine argentino. Espero ansioso nuevos trabajos.
Germán.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

SPECTRE
DE
SAM MENDES

Flojita  la última entrega de James Bond, que tras las expectativas creadas por Skyfall resulta especialmente decepcionante.  Y ello a pesar del crédito con que cuenta Sam Mendes, que con  la anterior dirección logró un ejemplar perfecto de la serie de Bond. Y a pesar, también, de la gran interpretación que del personaje ejecuta Daniel Craig –yo diría que tras el escocés Sean Connery, Daniel es quien mejor encarna al agente 007.- Correcta también es la interpretación del villano que corre por cuenta del sobrio Cristoph Waltz. Sin embargo, ninguna de estas cosas impide que la película resulte anodina y por momentos aburrida por lo que acaba uno revolviendo el trasero en el asiento, impaciente por terminar con el trámite.  El personaje más insulso, en mi opinión, es el de la protagonista femenina (Lèa Seydoux)  a años luz de las más altas cotas alcanzadas por alguna de sus predecesoras (muy alto el listón de una espectacular Ursula Andress surgiendo del mar embutida en lo que ha sido uno de los  bikinis más emblemáticos de la historia del cine de todos los tiempos, p. e. ). Solo se salvan las escenas de acción que siempre resultan trepidantes.
Trama sin gancho que, en fin, hace de Spectre una película del montón.
              Alicia dixit.

jueves, 20 de agosto de 2015


THE CUT (El padre)
DE 
FATIH AKIN
Divulgar la causa armenia, saldar deudas emocionales y ser capaz de mirar el conflicto turco-armenio   con serenidad y rigor histórico,  parecen haber sido los retos asumidos por Fatih Akin al abordar esta película.
Proveniente de una tradicional familia turca, no parece haberle resultado fácil distanciarse de la versión “oficial” de los acontecimientos, para presentarnos  un sencillo y común relato del horror.  Pero lo ha conseguido y así,  ha situado la trama, en el lado del pueblo masacrado. No escatima recursos para relatarnos el drama desde la perspectiva de una  apacible familia de artesanos que sufre la separación primero, el  sufrimiento más descarnado  e irreversible seguidamente,    la exterminación de buena parte de sus miembros después, y finalmente el éxodo, la huida  del horror, de las dos hermanas gemelas e hijas del protagonista, en un largo  y accidentado peregrinar hacia tierras americanas.
Esta es la historia de la película, la de un hombre que padece innumerables  sufrimientos para acabar despojado de todo aquello  que daba sentido a su vida de hombre bueno.   Hasta que un buen día descubre que sus hijas, supervivientes del exterminio en el que perecieron sus más allegados, abandonaron el país, sanas y salvas con destino a Cuba. Y decide emplear sus  más que diezmadas fuerzas en  su búsqueda.
Otra road movie de las que tanto gustan a Fatih Akin. Todas sus películas contienen ese algo de búsqueda emocional y física,  de heridas abiertas que  tratan de cerrarse mediante el acercamiento  a  los mundos diferentes que luchan por  convivir pacíficamente y que  configuran su identidad. La  búsqueda que representa  la salvación. Este hombre,  muerto en vida, no tiene más esperanza que el reencuentro con sus hijas. Y emprende el viaje.
Se adentra  el autor en la historia del  genocidio armenio,  a partir de un relato que bien podría ser real y que pretende, según palabras del propio director,  estremecer a los espectadores sin importar el lado en el que se sitúen.
Pero en mi opinión, este film épico, rodado con esmero y con la delicadeza que define el cine de Akin, resulta un tanto excesivo. Para describir el sufrimiento del personaje del padre  no eran necesarias 2 horas y 18 minutos de metraje. La búsqueda resulta agotadora, pero de puro detallista. Hubiera podido abreviarse el relato y no se hubiera permitido que el espectador se disipara y acabara exhausto de tanta frustración. El exceso, en casi todo, acaba resultando estragante y produciendo el efecto contrario al buscado.  Te acaba distanciando del dolor, y provocando una cierta indiferencia.
Yo llegué un tanto fatigada al desenlace, quizá por exceso de puntillismo, quizá porque no se nos da una tregua. Ni siquiera al final.
El tema  da para mucho y no ha sido explotado en el  cine lo suficiente, por lo que podría haberse esperado algo diferente, especialmente si proviene  del   gran  Fatih Akin.  Y sí, en mi opinión, es un film impropio de su autor. Me explico,  había momentos en los que me parecía encontrarme ante el cine grandilocuente de superproducción de la fábrica Hollywood, al más  puro estilo Steven Spielberg.  Luego he sabido  que el autor del guion, junto con el propio Akin,  es Mardik Martin, afamado guionista americano de origen iraní (son suyos los guiones de “Malas calles” “Toro salvaje” o “Valentino”, por citar algunos ejemplos)  por lo que su  inconfundible sello de “American movie” no es producto de mi imaginación.  
Ajena a su autor, con una cierta pérdida de su personal impronta, así me ha resultado la película, a pesar de contar con muchos de sus rasgos inconfundibles. Entre estas señas de identidad se encuentran la multitud de simbolismos que plagan la película. Así el protagonista, pierde el habla y hasta la fe, como expresión de la más absoluta de las devastaciones en que puede sumirse el ser humano. Con la descripción del  dolor del padre  quiere mostrarnos el dolor de todo un pueblo.  Y bajo el minucioso relato asolador de acontecimientos,  siempre subyace  un poso de esperanza, un rayo de luz,  un atisbo de optimismo, representados  por  la bondad de algunos de los personajes con los que tropieza el protagonista.
Anyway, fallido  resulta el casting. El protagonista, Tahar Rahim (joven actor francés de origen argelino) no  se hace con el personaje. No consigue transmitirnos (o al menos a mí)  con nitidez la amargura que el personaje acumula a lo largo del film, ni los estragos del  paso del tiempo, que añadido al mucho dolor deja secuelas inevitables en el aspecto de cualquiera. Sin embargo, el protagonista aparece joven (lo es, tiene 34 años) por no decir jovial,  en todo momento. O no se han esmerado en su caracterización o  esta apariencia juvenil es algo premeditado.  Cualquiera que sea el  caso me  resulta francamente chocante.
No sabría si recomendarla. Me escabulliré diciendo que hay multitud de  películas imprescindibles  en el haber de Fatih Akin, por lo que siempre habrá otras opciones antes que  “El padre”.
Alicia dixit

martes, 30 de junio de 2015


IM JULI
DE
FATIH AKIN


Para rematar el curso de alemán, la profe (desde aquí mi homenaje a su buen hacer) nos ha puesto  la impresionante “Im Juli”, película que fue en su momento (2000) un éxito de crítica y taquilla en su país de origen (desconozco si circuló fuera del circuito germanófilo). Y ha sido, sin duda, un magnífico colofón para un curso divertido y estimulante.  Cuando nos comentó su intención de traer a clase este film del turco-alemán Fatih Akin,  me vinieron a la memoria  las películas vistas  de este autor (Gegen die Wand, Auf der anderen Seite y Soul kitchen, en sus títulos originales) y el buen sabor de boca que cada una de ellas me dejó, en su momento.
Fatih  posee un don para  contar historias. Su cercanía, su naturalidad,  su gran capacidad para transmitir emociones me  han convertido en una fiel e incondicional admiradora desde siempre. Pero lo había olvidado.
“Im Juli”  me ha erizado el vello. Me ha sacudido (de satisfacción)  y me ha refrescado  las emociones ya sentidas con la  sencillez con la que ya lo había logrado en las  anteriores ocasiones.
Película previa a las ya vistas por mí, “Im Juli” anticipa perfectamente lo que  ha sido,  a continuación, su universo fílmico: la confluencia de dos mundos supuestamente antagónicos (el alemán y el turco) pero que resultan a los ojos del espectador perfectamente ensamblados. Sentimientos como el amor “romántico” planteado sin florituras ni  prejuicios.  El itinerario que siempre recorren sus protagonistas a lo largo de las distintas geografías y los distintos paisajes humanos, como símbolo de la búsqueda de la identidad y en último término de la felicidad, acompañados por otros múltiples  simbolismos que le permiten  explicarnos su peculiar visión del mundo.
Por si faltaba algo, las  peripecias y aventuras de sus protagonistas  transforman cada película en una  perfecta obra  para el entretenimiento.
Pero llaman especialmente la atención la dulzura que impregna cada relato y la ternura de  cada uno de sus  personajes,  y le convierten en un maestro de su tiempo, en un rara avis del  cine alemán  tan escueto  y tan poco generoso (o al menos  la mayor parte de lo que de él  se deja ver  por estos lares).
Fatih Akin nos habla sobre lo verdaderamente importante de la vida cotidiana  con una sencillez inaudita.  Cada obra suya es turbadora y a la vez ingenua. “Im Juli” rebosa optimismo y entusiasmo.
Una road movie colorida y chispeante  como hacía tiempo que no veía en el cine, con el sabor característico de las películas del autor, relatada como  si de un  cuento oriental se tratara,  es,  sin duda,  una obra imprescindible de su filmografía.
Cine lírico por excelencia que no dejará a nadie indiferente. Si no lo conocéis ya es hora de que lo hagáis. Yo, por mi parte, prestaré más atención a la cartelera por si nos llega alguna de sus más recientes creaciones.
Imperdonable perdérselas.
Alicia dixit


sábado, 23 de mayo de 2015

LA FAMILIA BÉLIER
DE
ÉRIC LARTIGAU

He tomado la  firme decisión de  no leer con anticipación  las críticas de las películas que planeo ver. Decididamente prefiero dejarme llevar por el olfato, dejarme sorprender, porque no hay nada más decepcionante que ver frustradas las  propias expectativas.
 Y eso exactamente me ha ocurrido con “La familia Bélier”  sobre la  que todo el mundo contaba  las mil maravillas.
Sin más prolegómenos, y yendo al grano diré que me ha parecido una película ñoña, sentimentaloide  y repleta de clichés sin gracia alguna. Podía esperarse  por razón de la historia (y en mi caso así era)  una propuesta original  sobre las tan manidas relaciones familiares. Pero para mi desgracia nada ha resultado ser como esperaba: el  planteamiento inicial (familia de sordomudos con la única excepción de  la hija mayor, de 16 años) que hacía presagiar algo novedoso y fresco, sin embargo   resulta ser una colección  de tópicos planteada con una  emotividad más que naif, pueril.

Se dan todos y cada uno de los lugares comunes imaginables: familia que se apoya en la hija mayor, la que por tanto, soporta un exceso de responsabilidad en la  gestión de  la granja familiar, y en definitiva en el sostenimiento de todos.  Una supuesta organización del trabajo (el padre se ocupa de  las tierras, la madre elabora los quesos, la hija atiende los animales y  el tenderete donde se venden los productos elaborados en los mercadillos locales, actúa de interlocutora en la gestión del negocio, etc……..) oculta una evidente   posición  desequilibrada de la  balanza, que se inclina sobre el  lado de la  joven protagonista. Además de todo lo anterior   asiste a clase, tiene amigas, y se interesa por los chicos, como es natural,  y  se descubre poseedora de una voz prodigiosa.

Un profesor de canto detecta en ella  un gran talento vocal  por lo  que se propone prepararla para  unas exclusivas pruebas selectivas en París. De manera fortuita se abre  ante la joven una expectativa  de futuro  imprevisto, estimulante  y prometedor pero que implica  el abandono de la casa familiar.

Y en torno a la posibilidad de  su ida a París  giran los emergentes conflictos personales y familiares: el deseo de la joven por aventurarse a una vida “distinta”  contrapuesto a su  sentido de  la responsabilidad, que la liga a su familia de forma irremediable. Por su parte, la  familia  se enfrenta, asimismo,  al dilema de la pérdida de apoyo que supone la ida de la joven,  y la oportunidad del  futuro  plagado de  sugerentes perspectivas  que se presenta ante sus ojos.  

Lo dicho,  si  a que sobre el papel el guion ya  apuntaba maneras, le añadimos  la tradición del buen cine francés hecho con solera y solvencia, tal combinación de elementos parecerían avocar a un acierto seguro, pero salvo la frescura de la interpretación de la protagonista (que sorprendentemente se estrena en el cine) el resto es melífluo. Los personajes caricaturizados de los padres granjeros resultan más que cómicos, grotescos; se ridiculiza el ambiente rural  en contraposición con el “aire  exclusivo de la ciudad” encarnado por  el chaval venido de la capital;  los números musicales no me parecen  la mejor elección (lo cual sorprende especialmente dada la gran tradición de música popular francesa);  el desenlace final más que conmovedor resulta verdaderamente lacrimógeno, en fin.  

El éxito que la precede, puede tener que ver con el carácter chovinista de nuestros vecinos del norte- del que, por otra parte, tendríamos mucho que aprender en la defensa de lo autóctono - más que con las cualidades objetivas del film.

Pretendiendo emular la gran película del género “Los niños del coro”, no le llega ni a la suela de los zapatos.

Película mediocre en el planteamiento aunque digna en el resultado, porque el oficio de los cineastas franceses obra milagros, como  el que aquí ocurre.  Por ello y solo debido a esa profesionalidad que les avala, la película se deja ver. El  potencial, en mi opinión desaprovechado del film  me hace desconfiar de la audacia del director. Je suis  sincèrement désolée,  mais hay demasiada oferta en el mercado  como para dar segundas oportunidades.  No reincidiré con este  director.

Alicia dixit


martes, 28 de abril de 2015


EL AÑO MÁS VIOLENTO
DE
J.C. CHANDOR
La violencia impregna nuestro estilo de vida y aparece en muchos ámbitos de la sociedad actual. Hay un terreno  en el que ha conseguido hacerse hueco y caracterizar nuestra cotidianidad que es  en el mundo laboral. Desde hace algunas décadas se valora de manera singular en nuestro país la figura del ejecutivo agresivo o mejor expresado el ejecutivo violento. Este se caracteriza generalmente por ocultar su incapacidad y en muchos casos su falta de preparación mediante  comportamientos más violentos que agresivos. Tanto es así que cada vez está más aceptada la comunión entre violencia y triunfo profesional.
La película de J.C. Chandor va de esto,  de lo difícil que resulta  sacar adelante un negocio sin  recurrir a alguna forma  de  violencia. La única diferencia entre la película y la realidad es que en aquella la violencia es más explícita en algunos aspectos y en otros se sitúa en la frontera de lo permitido. Lo que sí es capaz de presentarnos el director es cómo en el mundo de los negocios nada  es sagrado, lo único que importa es ganar. Para resaltar este aspecto nos traslada al año más violento que sufrió la ciudad de  New York: 1981.
La película sitúa la base del relato en un inmigrante buscavidas que de forma honorable, hasta conseguir poner nervioso al espectador, consigue salir adelante con éxito y cumplir el sueño americano (este último aspecto es algo de obligado agradecimiento pues hasta ahora en este tipo de filmes siempre nos han presentado a este colectivo  como  integrado por personajes sin escrúpulos, jefes de mafias capaces de todo con tal de cumplir sus sueños). Así, el protagonista se ve acosado por otras empresas del sector en el que opera para desbancarle para lo que emplean todos los medios a su alcance (asaltos, robos,  apaños  en connivencia con la justicia, etc.)
El protagonista, Oscar Isaac, que interpreta con soberbia maestría su personaje, consigue sortear todas las dificultades y sacar adelante su gran inversión lo que le va a permitir tratar desde otro nivel a sus rivales. Siempre contando con el incondicional apoyo de su mujer, igualmente magníficamente interpretada por Jessica Chastain, que representa el papel de abnegada  esposa típicamente americana, fuera de los tópicos de la inmigración, que duda si la posición de mantener la honradez a ultranza a la que se aferra su marido, es la correcta. Esta sabe empatizar con el espectador que suele estar más de acuerdo con ella en las formas que propone para resolver los problemas que acucian a su familia (particularmente destacable la escena en la que una de sus hijas encuentra un pistola que un delincuente abandona en el jardín de su casa).
Una película diferente en cuanto a su trama, su guion y su puesta en escena. El director apuesta por un desarrollo pausado de la acción, si bien la propuesta puede considerarse afortunada  más a posteriori,  que en el momento de su visionado   en que resulta en exceso lenta. En algunos tramos el director gana la apuesta y en otros la pierde. Una película notable que tiene numerosos aspectos interesantes si bien no llega al nivel de  sobresaliente.
Germán.

domingo, 15 de febrero de 2015

NIGHTCRAWLER
DE
DAN GILROY
La industria del periodismo se sostiene sobre un halo de pureza que lo aleja de las miserias de la lucha por la vida. Este oficio, en su ejercicio, no parece afectado por las reglas del mercado y sus profesionales nos recuerdan permanentemente su independencia situándose por encima del común de los mortales. Cuál es la realidad, pues que la rentabilidad está presente en su supervivencia y para conseguirla necesitan alimentar las más bajas pasiones de la audiencia. Numerosos ejemplos tenemos en las televisiones nacionales. Esto, lejos de ser una coyuntura es ya una realidad estructural que marca a numerosos medios de comunicación. Así, asistimos a la paulatina transformación de los medios de comunicación. Desde un periodismo tal y como hemos conocido e identificado como el cuarto poder, a unos medios cada día más deudores de las audiencias.
Aquella frase que cimentada las relaciones entre Margaret Thatcher y Ronald Regan: “las sociedades no existen, solo hay individuos viviendo juntos”, ha penetrado en los comportamientos humanos de forma global y en particular en la agrupación de personas que  hacen funcionar las empresas. Es aquí, en estas organizaciones, donde se valora más el éxito individual que el trabajo colectivo. Al identificarse el triunfo con la iniciativa y la acción individual, se da rienda suelta al todo vale, se destrozan las normas sobre las que se asientan las colectividades y pasa a segundo plano la capacidad y la formación como base para la meritocracia.
Pues bien, Nightcrawler es una descripción, más que perfecta, de todo lo anterior. Es un magistral thriller que huye de los típicos registros de este estilo. Aquí no hay un criminal en sentido estricto, aquí hay un forajido del todo vale con tal de conseguir el éxito profesional. El film consigue despertar la emoción, la tensión y el suspense a partir de un personaje que descubre que una forma de abandonar el paro y la marginalidad, es haciéndose reportero del morbo. Para conseguir este propósito no duda en situarse, permanentemente, justo en la orilla de lo legal y absolutamente dentro de lo inmoral. Adorna sus justificaciones con ese lenguaje vacío con el que se identifica a los gestores formados en esas extrañas instituciones que son las modernas escuelas de negocios. Un lenguaje que sirve para todo, incluso para disculpar el comportamiento más repulsivo.
Lo realmente dramático es que esta conducta es útil desde el punto de vista de la obtención de beneficios de las empresas, lo que es tanto como decir que las dinámicas con las que nos ilustra el director de la película no sólo no tienen visos de acabarse sino que seguirán avanzando engarzados en un círculo donde la deshonestidad será, sin lugar a dudas, el comportamiento más apreciado por los gestores y accionistas de las empresas. Sin que, por el momento, se vislumbre ningún fin a esta espiral.
Si el guion, la narración y el trabajo del director son magníficos, la interpretación de Jake Gyllenhaal lo supera en varios grados. Una película fantástica en todos los aspectos que explica hasta qué grado de encanallamiento se pueden situar las personas en la búsqueda del éxito.

Germán. 

viernes, 6 de febrero de 2015

STILL ALICE
DE
RICHARD GLATZER Y WASH WESTMORLAND

Con una mala traducción del título (Siempre Alicia) como suele ser habitual, se etiqueta este drama basado en el best-seller de igual nombre de la autora Lisa Genova, y se desvirtúa de alguna forma el significado del film,  si bien el original  tampoco es de mucha ayuda.
Si uno lo pensara dos veces, no iría a ver este drama realista y delicadamente relatado. Tanto si se trata de una historia real como si no, lo que queda claro es que la autora conoce en profundidad la enfermedad, y nada de lo contado parece fruto de la imaginación. En todo caso cualquier historia sobre el Alzheimer precoz (y no tan precoz)  enfermedad devastadora  donde las haya, que determina el devenir trágico de los acontecimientos  sin escapatoria, resulta impactante. Si no sabíamos mucho sobre ella, saldremos del cine con la lección bien aprendida.
Sin intención de destripar la trama, hay que decir que de la evolución de la vida de Alice (protagonista femenina excelentemente encarnada por Julianne Moore), relatada en la película,  se obtiene  una lección de crudeza y ternura. Se nos muestran las transformaciones en el día a día  de la protagonista, desde su inicial vitalidad y energía  desbordantes, con una vida plena, intensa y rica en emociones, hasta la inanidad final, con lo que  el proceso de la enfermedad  (descrito con minuciosidad) resulta tan preciso como  demoledor. 
Con el aire de casi un documental, la dureza del devenir de la vida de Alice, atrapa y desconsuela a partes iguales.  Haciendo uso de unos ejemplos verdaderamente gráficos sobre las limitaciones que acaban padeciendo estos enfermos, se plasma a la perfección la vida (por llamarlo de alguna manera) en que se convierte la rutina diaria  de estas personas y de su entorno. No se escatiman detalles  escabrosos para mostrárnoslo.
Por perder, pierden estos enfermos, hasta la capacidad para decidir sobre sus propios destinos llegado el momento, por lo que se condenan (a sí mismos y a todos a su alrededor) a sobrevivir en un limbo de inconsciencia y dependencia, incapaces de la más elemental de las supervivencias.
La historia se interrumpe antes del  momento final, (thank  God!),  pero lo mostrado hasta entonces nos permite anticipar el dolor  por venir, lo cual no es ningún consuelo para el espectador que queda devastado, en todo caso. 
No sé quiénes están nominadas a mejor protagonista femenina junto con Julianne Moore por este papel en los próximos Oscar,  pero quienes sean sus rivales habrán de vérselas con una espléndida interpretación solo digna de actrices con enorme poderío.  Sin duda Julianne Moore lo posee a raudales. Por eso nos deja tan tocados nuestro encuentro con Alice.
Y no, ni el título original -ni su sucedáneo español- reflejan la realidad de lo relatado. Tristemente,  Alice  acaba convirtiéndose en  un fantasma de sí  misma.
Desaconsejable ir  a ver “Still Alice” en estados carenciales, porque costará  dios y ayuda recuperarse del bajón. Imprescindible disponer de un rato para tomarse unas copas después de la sesión para recuperar el tono anímico.

Alicia dixit

lunes, 19 de enero de 2015

QU´EST-CE QU´ON A FAIT AU BON DIEU?
DE
PHILIPPE DE CHAUVERON

Precedida por su éxito en Francia, no sorprenden las buenas sensaciones que produce esta comedia.
No es que el público francés tenga un gusto más refinado, per se, que el español, ni que el cine francés sea, por definición, más apetecible que cualquier otra cinematografía del mundo, pero ante las comedias francesas avaladas por el  éxito  de taquilla en el país  vecino, me quito el sombrero,  de antemano, porque rara vez me defraudan.
Todos los clichés posibles sobre los matrimonios mixtos, los prejuicios y el choque cultural que de ellos resultan, aparecen en esta película (tan de actualidad por motivos siniestros, por otra parte) uno  detrás del otro. Pero no por predecible resulta menos divertida.
Puede achacarse a mi cada vez menor nivel de exigencias o a que cada vez estoy más determinada a ver comedia, en la medida de lo posible, sobre cualquier otro género, que “¿Qué hemos hecho mal, Dios mío?” -en la traducción española-  me haya resultado una comedia redonda, completa, impecable que cumple con creces con el objetivo de divertir sin más pretensiones.
Puede que cada vez soporte peor a los pretenciosos de todo signo, lo que se puede hacer extensivo al cine, en torno al cual he desarrollado una tolerancia cero cuando me encuentro ante elucubraciones sesudas o experimentos  de cualquier orden o simplemente cine vanguardista para minorías que requiere de un manual de instrucciones para su comprensión.
Cine independiente sí, pero siempre que sea inteligible para el común de los mortales, que mis neuronas no alcanzan a descifrar los mensajes ocultos de numerosas obras de culto de reciente  aparición (verbi gratia el último esperpento de González Iñárritu,  Birdman, aclamada en numerosos círculos cinéfilos).
Pues sí, no me duelen prendas admitir que me conformo con poco- puede que en opinión de algunos- pero mis preferencias van cada vez más por el cine sencillo, sin alharacas  ni efectos especiales (que  me dan dolor de cabeza) y de corte clásico.
Y esta película encaja perfectamente en esta descripción. A mí me ha resultado además de  entretenida, simpática  y audaz, por más que sea previsible.
Al final va a resultar que lo verdaderamente complicado es hacer cine sin sofisticaciones (en mi opinión, innecesarias) que llegue al gran público  por su sencillez y proximidad, porque las pajas mentales,  queda demostrado, están al alcance de cualquiera. Buena prueba de ello da la cartelera constantemente.
Ideal para echarse unas risas y distenderse.  Quién da más?
Alicia dixit



lunes, 5 de enero de 2015

EL JUGADOR
DE
RUPERT WIJATT

Un profesor de literatura que ha escrito alguna novela con relativo éxito, no encuentra ninguna satisfacción en su desarrollo profesional. Este, hijo de una familia asquerosamente rica en la que el valor del triunfo tiene un significado casi vital, tampoco se siente reconocido por su parentela. Además mantiene un nivel de  frustración bastante alto por sentirse un autor correcto pero no un genio de la escritura. Su insatisfacción, su falta de reconocimiento y su frustración le conducen a una dinámica suicida utilizando el juego como herramienta para canalizar su final. Con estos mimbres, director y actor nos deleitan con una película que te mantiene atrapado a la historia aun a pesar de su largo metraje.
A todo lo anterior añadiremos una singularidad: la historia está enmarcada en un ambiente típicamente americano. El guión discurre por salas de juego, co mafiosos que prestan dinero, diferencias raciales, etc. pero no necesita de los ambientes sórdidos que, probablemente, otros directores hubieran elegido para presentarnos las imágenes que van a ayudar a construir este relato. Quizás, y un tanto como concesión, el desenlace de la obra excepcionalmente utiliza una atmósfera miserable para reforzar el final.
Si bien en su conjunto el guion de la película es más que correcto, la destrucción por el juego tiene causas extrínsecas al mismo, parece que se ha buscado un final muy propio de filmes que pretenden conseguir un premio en los próximos Oscar. Una rubia guapa, inteligente, joven, intelectualmente madura y con ese punto de genialidad que el protagonista busca, va a ser la solución en esta historia de insensatos comportamientos.
La interpretación de Mark Wahlberg es magnífica en este nuevo registro. Esto le va a permitir no encasillarse en un único tipo de papeles. Con esta película ha demostrado la suficiente autoridad para ser considerado en otros proyectos. Este mismo comentario sirve, sin lugar a dudas, para el director que ha realizado una obra diferente a las que nos tenía acostumbrado con una maestría destacable.
Una película muy recomendable que, si bien, no pasará a la historia del cine como una obra maestra si cubre perfectamente su hueco en la cartelera.

Germán.

viernes, 12 de diciembre de 2014

MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA
 DE
WOODY ALLEN

Como cada año, cumplo con el ritual de ver en su día de estreno la más reciente película de Woody Allen, y como cada año, especialmente en los últimos, espero que no me sorprenda con alguna  de las  rarezas con las que tanto se prodiga,  últimamente. Pero no ha habido suerte.
Me gusta el Allen despistado, con sus recurrentes obsesiones y sus torpezas en las relaciones personales; el Allen anonadado por la complejidad de la  vida afectiva o por los sujetos acosados por sus propias limitaciones o sus complejos, más o menos inconfesables. Me gusta el Allen torpe pero cínico a la vez. Fóbico  e hipocondriaco.  Traumatizado y cómico. Inseguro. Me gustan sus apariciones en pantalla que creo no han perdido, con el transcurso de los años, ni un ápice de su chispa.  Pero el Allen alejado de su más genuino estilo no me interesa lo más mínimo. De este grueso de películas, que tanto proliferan en los últimos tiempos, salvaría apenas dos o tres (“Match point”, “Blue Jasmine” y poco más), porque   he de confesar que no  conecto con  la mayoría. Citaré algún  ejemplo  como  “Vicky, Cristina, Barcelona” o “Cassandra´s dream” pero hay muchas otras. Y por alguna razón estas son cada vez más frecuentes en su cinematografía. Imagino que rondar los 80 te hace abandonar  determinadas dudas existenciales, ajustar tus “preocupaciones” vitales, lo cual explicaría la evolución de su cine, pero en todo caso, el producto de esta evolución me deja completamente indiferente.
Y esto es exactamente lo que me ha ocurrido con “Magia a la luz de la luna”. Alejada de su New York natal, se desarrolla la historia en la Europa de los años 20 (Berlín aparece de refilón, Francia donde se desarrolla la acción)  ambientación habitual en sus últimos  trabajos, lo que ya da muestras de que estamos ante una de sus obras “de la nueva hornada”. Y sí, también se plantean temas recurrentes  en su filmografía (el mundo de la magia, alegoría de la fabulación y de  la fantasía contrapuesto a la realidad plana y carente de estímulos,  cuyo escenario siempre  se sitúa en la “idílica Europa” de entreguerras), pero por razones que desconozco no termina de entusiasmarme. ¿Cómo es posible que, en su dualidad el Allen primigenio me lleve hasta el éxtasis y en cambio este “renovado” Allen  no me diga nada?
También para mí es un misterio, pero es un hecho confirmado. Hay un Allen que me resulta del todo extraño, insospechadamente ajeno.
Y no es que me aburra,  no es eso, es que  salgo del cine con la sensación de que   bien podría haber dedicado mi tiempo  a cualquier otra  cosa. Es, pues, esa sensación de vacuidad la que me desconcierta por lo inesperada.
Fútil, ligera, intrascendente,  muy lejos de sus obras más genuinas y brillantes, no me permite conformarme.  A muchos gustará, yo siempre espero más de Woody Allen. Mucho más. Otra vez será!

Alicia dixit