DOS
DÍAS, UNA NOCHE
DE
JEAN-PIERRE
DARDENNE Y LUC DARDENNE
Dos líneas
para comentar esta singular película belga. Con un planteamiento novedoso,
se nos propone una historia demoledora sobre la condición humana. Por alguna
sinopsis leída y algún comentario escuchado, yo ya iba preparada a
afrontar una película pesimista. El
calificativo usado por quien me
la recomendó para definirla fue el de
“triste”. Adjetivo que se queda corto.
Es una película devastadora, porque nos muestra las más abyectas señas de
identidad del género humano con la excusa de un conflicto laboral. Ahora bien, difiero
de los que la conciben como una película sobre la
barbarie del capitalismo reinante. En mi
opinión no es una reflexión sobre la
dureza de las condiciones laborales en un mundo capitalista donde los objetivos
empresariales solo pasan por la consecución de beneficios económicos (nada
nuevo nos descubriría, en tal caso) a costa del desprecio más absoluto por los trabajadores. Es algo peor. No se plantea una
dialéctica de clases (obrera/empresarial), sino el enfrentamiento entre individuos
de un mismo colectivo, los trabajadores de una empresa en proceso de reducción
de personal. Es aquí donde radica el quid de la cuestión y lo que la hace
especialmente impactante. Lo que podría presumirse como un comportamiento inesperado de los
personajes, se ofrece como la conducta habitual, cotidiana, previsible. Y es
esta confrontación entre iguales, compañeros
de trabajo que comparten, en mayor o menor medida, similares condiciones de
vida y similares “preocupaciones” lo que le imprime originalidad al relato. No se trata de contrastar oponentes con
intereses antagónicos, sino que se
enfrenta a sujetos que comparten la misma posición. Y sí, lo que nos
presenta no es una visión pesimista de la naturaleza humana, sino una visión
realista del hombre, en mi opinión. La
lucha del individuo por salir adelante, el imperio del más fuerte, el primitivismo más despiadado. Nos recuerda (por si alguno se había olvidado) que
en la naturaleza de los hombres están inscritos los instintos más viles que se puedan predicar, y
que es en situaciones límite donde se ponen de manifiesto con mayor claridad: la falta de solidaridad, el egoísmo más recalcitrante,
la indiferencia, la falta de empatía, si no la simple y pura maldad. En definitiva,
desmonta la ingenua concepción rousseauniana sobre la bondad intrínseca del individuo si es que alguien, a estas alturas, todavía cree en ella……Y apunta, además, una muy certera idea, la de que el que menos tiene es el que más da
(y aquí, son inmigrantes los que
encarnan a los más desfavorecidos).
Pero para
animar al espectador, y como colofón, se
nos presenta la cara opuesta de la moneda: la protagonista que no solo se
repone a la adversidad y parece salir reforzada del duro trance vivido, sino que además es capaz de mantenerse íntegra en un momento crucial. Es
un guiño optimista entre tanta desolación.
Los directores nos dan un respiro y nos
quieren hacer sentir que a pesar de todo siempre hay excepciones que confirman
la regla. Y quizá por ello merezca la pena seguir luchando……..
Alicia
dixit
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