Le Havre
Aki Kaurismäki
He de admitir que me acerqué a la peli de Kaurismäki con mucha prevención. Después de haber visto alguna de sus obras más laureadas, la peculiaridad de sus personajes situados habitualmente en ambientes grises (generalmente en Finlandia), pero no sólo por razones climatológicas sino también por razones sociales, las expectativas eran poco halagüeñas. Mi recuerdo era el de un cine demoledor, por encima de cualquier otro calificativo. Su galería de personajes marginados, inadaptados, atrapados en mundos herméticos, fríos e incomunicados, me hacían presagiar lo peor de su nuevo film. Y si tenemos en cuenta el propio título de la peli, no cabía la menor duda de lo que nos depararía su visión. No me imagino a El Havre como la alegría de la huerta en ninguno de los aspectos posibles de un lugar que uno pueda imaginar, y conociendo, por otra parte, de la temática tratada (la inmigración) todo apuntaba a una película desoladora. Una finlandesa que conozco, me comentó en cierta ocasión que Kaurismaki era uno de los fineses, que si bien gozaba de una cierta proyección y prestigio internacionales, resultaba ser de los más detestados entre sus compatriotas. Ante mi sorpresa y mi curiosidad por la razón de tal repudio, me lo explicó con meridiana sencillez: “¿es que no te das cuenta de que la imagen que proyecta de Finlandia es desoladora?” Pues bien, con esto en la cabeza, -porque a pesar de todo, sus películas nunca me han dejado indiferente- me armé de valor y me decidí por ver su último trabajo. Y todo ha resultado ser una sorpresa más que agradable. Ni el ambiente inhóspito esperado, ni su colección de cronopios, personajes todos desarraigados y sin esperanza tan propios del autor, ni la soledad, la desolación y la dureza de los entornos sociales que con tanta precisión nos mostraba y que constituían las señas de identidad del autor, aparecen en su última película. Más bien al contrario, la cinta es asombrosamente luminosa, los personajes si bien que bohemios y marginados, en su línea habitual, resultan optimistas. Todos, con la excepción de la figura del delator (repulsivo, como no podía ser de otra forma), resultan entrañables, tiernos, desprendidos, incluso joviales. Nos presenta un barrio cálido y solidario, en un medio hostil. La película rezuma calidez y combina de manera perfecta el drama de la inmigración, con una visión optimista de la naturaleza humana, impregnando con situaciones cómicas la dureza de la historia que nos cuenta. Nos muestra la luz al final del tunel.
Para mí ha supuesto un giro de 360º en la filmografía del director. ¿Qué podía uno esperar de Aki Kaurismaki, que en alguna ocasión había declarado que lo único por lo que merecía la pena vivir era por el vino blanco? From now on me aproximaré a su cine con otra actitud. Los prejuicios no son buenos para nada, Alicita, hay que dar a la gente siempre otra oportunidad, porque hasta los más recalcitrantes de los pesimistas pueden atisbar y resaltar el lado positivo de la condición humana, que lo hay, aunque parezca mentira. Si os apetece disfrutar de cine de calidad en la actual cartelera, “El Havre” es cita obligada. Yo diría más, resulta imprescindible.
Alicia dixit
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