THE
MASTER
DE
PAUL
THOMAS ANDERSON
Entre atónita e indignada,
así salí del cine después de ver “The Master”. Perpleja porque no podía dar
crédito a un bodrio de tal calibre. Malhumorada por no
haber tenido el arranque del sufridor del asiento delantero que tras una hora
larga de metraje, cogió el portante y se largó. Y es ese enfado que produce, no
sólo la pasta mal empleada (que 8,50 euritos no es moco de pavo), sino y lo que
es más grave, el tiempo perdido. Más que eso, desperdiciado.
Tanto era mi asombro, mi
estupefacción, y mi enojo que busqué, al llegar a casa, la crítica de “El País” que me había servido
de guía en la elección de la película, porque no podía dar crédito a que aquello
que acababa de leer tuviera siquiera alguna relación con lo visto en la sala.
Tengo que decir que también me animó algún comentario de un amigo interesado
por el tema y que me había hablado de alguna crítica leída por él, así como la siempre valorada opinión de
Boyero, escuchada en el programa vespertino del viernes en la SER. Inciso: me gusta cómo escribe Boyero, ya sea
de cine o de cualquier otra cosa, pero como comunicador, contertulio o
comentarista cinematográfico no me interesa lo más mínimo, de forma que he
decidido, exclusivamente, leer sus crónicas, de ahora en adelante.
Volviendo a la reseña leída
en el periódico, que decía, en un lenguaje indescifrable, lo siguiente: ”The Master es pura trascendencia, pura
complejidad, puro cine……….The Master……..no cae en la tentación del dibujo
personal, tampoco tiene una narrativa tradicional, ni los habituales giros de guión,
ni una estructura donde los hechos se
concatenan unos con otros. The master es pura pulsión…..Pura pulsión sentimental,
artística, emocional” y releyendo el
comentario, acerté a ver la advertencia que me pasó desapercibida en un primer
momento y que no era sino el aviso de
semejante absurdo. Porque ya nos anunciaba que es una película sin un argumento coherente, sin hilo conductor,
carente de ritmo, carente de sentido, de
lógica. Lamento discrepar de todos los que ven en P. T. Anderson a un gran
cineasta, y aun a riesgo de parecer una ignorante cateta, no me duelen prendas afirmar que “The Master”
es la peor película que he visto en mucho tiempo. No sé qué quiere contarnos el
ínclito Paul Thomas Anderson y lo que es peor, tampoco me interesa. Pero debo decir en descargo del crítico que
ya anunciaba los riesgos de crearse con ella
falsas expectativas, de no pertenecer al selecto y exclusivo colectivo de “entendidos de cine”.
Ya nos advierte de que si no disfrutamos,
en su momento, con “El árbol de la vida” haríamos bien en no repetir la
experiencia. Pues yo no la vi, y estoy segura, una vez vista ésta, de que de
haberlo hecho no habría incurrido en semejante error. Es más, tengo el firme
propósito de no reincidir. Sin duda me cuento entre ese público carente de sensibilidad o de buen criterio o de la sofisticación
necesaria para degustar una obra de semejante envergadura, pero me atrevo
a afirmar sin miedo a equivocarme, que
el común de los espectadores pensarán como yo, que más que una película “The Master”
es una tomadura de pelo, con el agravante de tener una duración de dos horas y
20 minutos. Por la observación de la inexpresividad de los rostros, del mutismo
generalizado de los asistentes al dejar la sala, puedo asegurar que el
desconcierto y el aburrimiento eran los sentimientos predominantes entre el
público, si no el de cabreo, como el del único valiente que osó hacer algo más
interesante a mitad de la película.
Lo dicho, en mi opinión “The Master” no es más que una broma pesada del autor, un jeroglífico a descifrar por mentes preclaras, pero no una película para cinéfilos sin pretensiones. Lo único positivo de la cinta es el buen trabajo de Joaquin Phoenix y de Phillip Seymour Hoffman en sus respectivos papeles de chiflados, lo cual no es, por otra parte, ningún consuelo.
Lo dicho, en mi opinión “The Master” no es más que una broma pesada del autor, un jeroglífico a descifrar por mentes preclaras, pero no una película para cinéfilos sin pretensiones. Lo único positivo de la cinta es el buen trabajo de Joaquin Phoenix y de Phillip Seymour Hoffman en sus respectivos papeles de chiflados, lo cual no es, por otra parte, ningún consuelo.
Alicia dixit.
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