LINCOLN
DE
STEVEN
SPIELBERG
Estados Unidos es una joven nación con una antigua
democracia. Este tipo de argumentos aparentemente contradictorios son los que
maneja Steven Spìelberg con una maestría inigualable. Ejemplos de ello nos sobran en su filmografía. En ésta, su
última película, los maneja tal y como él sabe hacer.
Lincoln, ese gran Presidente republicano de USA que ha pasado a la
historia como el que abolió la esclavitud, merecía una película de la industria
cinematográfica estadounidense. Los estados-nación y sus sociedades, necesitan
que se les recuerde, recurrentemente, la existencia de sus héroes y de sus
grandes pensadores, políticos, académicos, científicos, etc., porque conforman una parte importante de sus valores
culturales.
Spielberg realiza esta hagiografía de
Lincoln con una factura impecable, como corresponde a este genio del séptimo
arte. La forma utilizada para hacer cinematográficamente grande a este referente
histórico de su país es, sin centrarse tanto en la historia, enfocar el relato en la democracia y la maquinaria
que la hace funcionar: la política. Asimismo elude, conscientemente, el fácil
recurso a la guerra de secesión, asunto que trata como un simple elemento de
fondo.
Spielberg nos muestra como hacía mucho
tiempo nadie lo hacía, la grandeza de la política, esa actividad tan denostada
por muchos, cuyas formas, en ocasiones, no poseen la cualidad de ser un
ejercicio noble. Si lo son, en general, sus resultados últimos. Sin
política y sus poco nobles artes no se hubiese podido abolir esa ignominia que
pesa sobre la humanidad, la esclavitud.
Spielberg, igualmente, consigue
demostrarnos que los partidos políticos no siempre han sido como son en la
actualidad. Para ello remarca con su gran talento la oposición del partido Demócrata
y la favorable actitud abolicionista de gran parte del partido Republicano
unido en torno a los principios de su líder.
Lincoln, no es una película
rigurosamente histórica. De hecho el director elude pasajes de su vida y de su
obra que quizás hubiesen engrandecido su figura pero que no parecen los más
adecuados para una necesaria reivindicación de sus grandes referentes
históricos. Lincoln fue coetáneo de Marx y Engels y coincidía con ellos en
algunos de sus postulados, llegando incluso a publicar artículos en el mismo
medio de comunicación. Quizás este aspecto de la vida de Lincoln le hubiese
restado a la historia cierta grandeza en favor del rigor. Está claro que no es lo
que buscaba el director.
Esta es una buena película que nos
muestra, con acierto, la necesidad de la política para ordenar nuestra
convivencia, sin escatimar esfuerzos en mostrarnos lo sórdido de su acción, sin
lugar a dudas, algo que se puede pasar por alto si el fin es de la dimensión de
medidas como la abolición de la esclavitud.
Germán.
Osea, que es ciencia ficción. Política sin corrupción, una rareza.
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