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LA VIDA MISMA.GERMÁN

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domingo, 10 de febrero de 2013



LINCOLN
DE
STEVEN SPIELBERG
        
         Estados Unidos es una joven nación con una antigua democracia. Este tipo de argumentos aparentemente contradictorios son los que maneja Steven Spìelberg con una maestría inigualable. Ejemplos de ello  nos sobran en su filmografía. En ésta, su última película, los maneja tal y como él sabe hacer.
         Lincoln, ese gran Presidente republicano de USA que ha pasado a la historia como el que abolió la esclavitud, merecía una película de la industria cinematográfica estadounidense. Los estados-nación y sus sociedades, necesitan que se les recuerde, recurrentemente, la existencia de sus héroes y de sus grandes pensadores, políticos, académicos, científicos, etc., porque  conforman una parte importante de sus valores culturales.
         Spielberg realiza esta hagiografía de Lincoln con una factura impecable, como corresponde a este genio del séptimo arte. La forma utilizada para hacer cinematográficamente grande a este referente histórico de su país es, sin centrarse tanto en la historia,  enfocar el relato en la democracia y la maquinaria que la hace funcionar: la política. Asimismo elude, conscientemente, el fácil recurso a la guerra de secesión, asunto que trata como un simple elemento de fondo.
         Spielberg nos muestra como hacía mucho tiempo nadie lo hacía, la grandeza de la política, esa actividad tan denostada por muchos, cuyas formas, en ocasiones, no poseen la cualidad de ser un ejercicio noble. Si lo  son,  en general, sus resultados últimos. Sin política y sus poco nobles artes no se hubiese podido abolir esa ignominia que pesa sobre la humanidad, la esclavitud. 
         Spielberg, igualmente, consigue demostrarnos que los partidos políticos no siempre han sido como son en la actualidad. Para ello remarca con su gran talento la oposición del partido Demócrata y la favorable actitud abolicionista de gran parte del partido Republicano unido en torno a los principios de su líder.
         Lincoln, no es una película rigurosamente histórica. De hecho el director elude pasajes de su vida y de su obra que quizás hubiesen engrandecido su figura pero que no parecen los más adecuados para una necesaria reivindicación de sus grandes referentes históricos. Lincoln fue coetáneo de Marx y Engels y coincidía con ellos en algunos de sus postulados, llegando incluso a publicar artículos en el mismo medio de comunicación. Quizás este aspecto de la vida de Lincoln le hubiese restado a la historia cierta grandeza en favor del rigor. Está claro que no es lo que buscaba el director.
         Esta es una buena película que nos muestra, con acierto, la necesidad de la política para ordenar nuestra convivencia, sin escatimar esfuerzos en mostrarnos lo sórdido de su acción, sin lugar a dudas, algo que se puede pasar por alto si el fin es de la dimensión de medidas como la abolición de la esclavitud.
Germán.  
          

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