ANNA
KARENINA
DE
JOE
WRIGT
Desde este Blog he
mantenido recurrentemente que cada expresión artística tiene sus cualidades y
ofrece diferentes capacidades narrativas. Es complejo trasladar estas
capacidades de un arte a otro. La película de Anna Karenina es uno de los máximos
exponentes de esta dificultad. El intento de adaptación cinematográfica de esta
grandiosa novela no es más que un tremendo fracaso.
El director utiliza el truco de narrarnos la historia en
formato teatral lo que genera aún más confusión. Resulta que el original es una
obra maestra de la literatura, de la misma el director pretende hacer una
adaptación cinematográfica y para resolver esto, le añade otro obstáculo,
consistente en desarrollarla como si de una obra de teatro se tratara. Una de
dos, o el director tiene un ego muy desarrollado y cree poseer la capacidad de
trabajar con tres técnicas narrativas (literatura, teatro y cine) o como no
sabía cómo resolver el lío inicial en el que se había metido -adaptación
cinematográfica de una obra cumbre de la literatura universal- ha decidido
complicarlo hasta lo inverosímil para que, de esta manera, el espectador se
distrajera y fuese benévolo con el resultado.
Finalmente resulta un folletín de amor más propio de las
novelas radiofónicas españolas de los 60 del tipo, nuestro amor es imposible nuestros
padres no nos dejan……... Olvidándose por completo de lo que realmente el genial
Tolstoi nos mostró de manera impecable en su libro, que debía ser de obligada
lectura, junto a otras, para todos los estudiantes universitarios fuese cual
fuesen los estudios que realizasen. La película no profundiza en las
tribulaciones psicológicas que atenazan hasta la destrucción a Anna Karenina.
Tampoco refleja la feroz crítica que León Tolstoi hace de la aristocracia rusa
durante el largo periodo previo a la revolución de 1917. Igualmente se olvida
de las reflexiones sobre la economía agraria que realiza Tolstoi a lo largo de
su genial obra, no hace falta mencionar la importancia del sector primario ruso
en ese momento de la historia de ese país.
Por no acertar ni tan siquiera acierta con los personajes. Todos
ellos mantienen un fenotipo plenamente sajón cuando la historia se desarrolla
en la Rusia. Aaron Taylon Johson (Vronsky) más parece un maniquí que el oficial
arrogante y pendenciero que consigue cazar la pieza más preciada del momento. Keira
Knightley, a la que hay que reconocer su belleza, no se corresponde, ni por
asomo con el cánon de belleza del momento en el que se desarrolla la historia y
además resulta envarada en un personaje que confunde y que no ha sabido
identificar. Jude Law (Karenin) ni siquiera se aproxima al papel de marido
representante de la alta burocracia imperial al que el abandono de su mujer le
destroza su particular sentido de la jerarquía y de la organización social
sobre el que en ese momento histórico se configuraba la sociedad rusa. Por último,
Domhadall Gleeson que encara el papel de Levin (personaje autobiográfico de León
Tolstoi, en la novela) más parece un explorador del lejano oeste que un aristócrata
terrateniente ruso, que con una gran dosis de sagacidad consigue hacernos
sentir hacia dónde caminaba la aristocracia rusa del momento y la importancia
que el mundo rural tuvo, y el que tendría
en el devenir de la historia de Rusia. Podría continuar pero creo que es
suficiente. Me evito comentar la adaptación, que el director realiza, del capítulo
de la carrera de caballos.
Esta película no es un intento fallido, es algo más grave,
es la viva demostración de la dificultad de adaptar una obra literaria (un arte
con reglas de expresión propias) al cine y la arrogancia del director, que
después del éxito de su adaptación de la novela “Orgullo y prejuicio”, se ha
creído capaz de hacerlo.
Germán.
Debo ser un enfermo, cuando te cargas una película me entran ganas de ver tamaños despropósitos.
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