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LA VIDA MISMA.GERMÁN

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lunes, 18 de marzo de 2013


ANNA KARENINA
DE
JOE WRIGT

         Desde este Blog he mantenido recurrentemente que cada expresión artística tiene sus cualidades y ofrece diferentes capacidades narrativas. Es complejo trasladar estas capacidades de un arte a otro. La película de Anna Karenina es uno de los máximos exponentes de esta dificultad. El intento de adaptación cinematográfica de esta grandiosa novela no es más que un tremendo fracaso.
         El director utiliza el truco de narrarnos la historia en formato teatral lo que genera aún más confusión. Resulta que el original es una obra maestra de la literatura, de la misma el director pretende hacer una adaptación cinematográfica y para resolver esto, le añade otro obstáculo, consistente en desarrollarla como si de una obra de teatro se tratara. Una de dos, o el director tiene un ego muy desarrollado y cree poseer la capacidad de trabajar con tres técnicas narrativas (literatura, teatro y cine) o como no sabía cómo resolver el lío inicial en el que se había metido -adaptación cinematográfica de una obra cumbre de la literatura universal- ha decidido complicarlo hasta lo inverosímil para que, de esta manera, el espectador se distrajera y fuese benévolo con el resultado.
         Finalmente resulta un folletín de amor más propio de las novelas radiofónicas españolas de los 60 del tipo, nuestro amor es imposible nuestros padres no nos dejan……... Olvidándose por completo de lo que realmente el genial Tolstoi nos mostró de manera impecable en su libro, que debía ser de obligada lectura, junto a otras, para todos los estudiantes universitarios fuese cual fuesen los estudios que realizasen. La película no profundiza en las tribulaciones psicológicas que atenazan hasta la destrucción a Anna Karenina. Tampoco refleja la feroz crítica que León Tolstoi hace de la aristocracia rusa durante el largo periodo previo a la revolución de 1917. Igualmente se olvida de las reflexiones sobre la economía agraria que realiza Tolstoi a lo largo de su genial obra, no hace falta mencionar la importancia del sector primario ruso en ese momento de la historia de ese país.  
         Por no acertar ni tan siquiera acierta con los personajes. Todos ellos mantienen un fenotipo plenamente sajón cuando la historia se desarrolla en la Rusia. Aaron Taylon Johson (Vronsky) más parece un maniquí que el oficial arrogante y pendenciero que consigue cazar la pieza más preciada del momento. Keira Knightley, a la que hay que reconocer su belleza, no se corresponde, ni por asomo con el cánon de belleza del momento en el que se desarrolla la historia y además resulta envarada en un personaje que confunde y que no ha sabido identificar. Jude Law (Karenin) ni siquiera se aproxima al papel de marido representante de la alta burocracia imperial al que el abandono de su mujer le destroza su particular sentido de la jerarquía y de la organización social sobre el que en ese momento histórico se configuraba la sociedad rusa. Por último, Domhadall Gleeson que encara el papel de Levin (personaje autobiográfico de León Tolstoi, en la novela) más parece un explorador del lejano oeste que un aristócrata terrateniente ruso, que con una gran dosis de sagacidad consigue hacernos sentir hacia dónde caminaba la aristocracia rusa del momento y la importancia que el mundo rural tuvo, y  el que tendría en el devenir de la historia de Rusia. Podría continuar pero creo que es suficiente. Me evito comentar la adaptación, que el director realiza, del capítulo de la carrera de caballos.
         Esta película no es un intento fallido, es algo más grave, es la viva demostración de la dificultad de adaptar una obra literaria (un arte con reglas de expresión propias) al cine y la arrogancia del director, que después del éxito de su adaptación de la novela “Orgullo y prejuicio”, se ha creído capaz de hacerlo.
Germán.

1 comentario:

  1. Debo ser un enfermo, cuando te cargas una película me entran ganas de ver tamaños despropósitos.

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