LA
LADRONA DE LIBROS
DE
BRIAN
PERCIVAL
La industria del cine tiene una vitalidad que, aún a día de
hoy, no deja de sorprenderme. Su vida y producción llevan una velocidad
endiablada. Cada temporada, consigue mantener el interés como arte y como
negocio con un número importante de clientes (por qué no decirlo así).
Instaurar y sostener en el tiempo este oficio basado sobre todo en la creación
y en el fomento de hacer tuyas las historias, sin caer en una tediosa repetición,
tiene un mérito notable. Este, es uno de los aspectos reseñables de la
maravillosa gente que es capaz de mantener, con gran éxito, un sector
productivo mundial como es el cine. Además de ello, el séptimo arte es capaz de
realizar una serie de películas en las que se mantienen indelebles en el tiempo
unos principios y unos valores que a fuerza de repetirse es imposible que sigan
triunfando. La grandeza de este espectáculo consiste en la capacidad de
empatizar con los sentimientos de los espectadores. De esta manera, vuelven a aparecer
en la cartelera algunos títulos que mantienen invariable este espíritu. Unas
elevadas dosis de sentimentalismo en las que la ternura de unos niños es el
medio para conectar con el espectador. Todo ello desarrollado en momentos
históricos en los que más se ha equivocado la humanidad. En estas narraciones
siempre es la inocencia infantil la que pone entendimiento y cordura a la
sinrazón humana.
La película “La ladrona de libros” pertenece a ese género
cinematográfico que a mí me gusta definir como el cine de los artesanos.
Responde a una forma de hacer películas que tiene garantizado su éxito en
taquilla. Cuenta con todos los elementos necesarios para que no pase
desapercibida ¿Es una película prescindible? Puede que para ir a la sala sí, pero
para verla en casa en el DVD una tarde de invierno, es adecuada.
La dirección de la película es más que correcta. Los
productores han sabido escoger al director que mejor encaja, Brian Percival. Éste,
conocido por ser el director de la serie televisiva “Downtoun Abbey” aplica muchos de los recursos que exige el medio
televisivo. Lo hace con un gran acierto, de tal manera que en ningún momento
cae en el fácil recurso de lo lacrimógeno sino que sabe mantenerse a una
prudencial distancia, lo cual, te permite ver con nitidez la pantalla, en
ningún caso entre aguas. Para no rendirse a la cordura infantil, lo que haría
que fuesen los chiquillos los que mejor expresasen la locura del régimen nazi.
Para conseguirlo, el director, los sitúa entre dos adultos Geoffrey Rush, que
hace un papel de padre adoptivo sensato ante la barbarie, y que lo aleja de sus
estereotipados papeles de personaje excéntrico, y Emily Watson la madre
adoptiva de gruñidos superficiales pero que a través de su sentido de la
responsabilidad desprende todo tipo de emociones. Se agradece que el director
no haya hecho girar toda la historia en torno a dos niños preciosos Sophie
Wélisse y Nico Liersch para así distanciarse, inteligentemente, de las películas
que rigen los cánones de la factoría Disney.
“La ladrona de libros” probablemente no pasará a la
historia. Probablemente la olvidemos en el presente inmediato, pero puede que
cuando la emitan en televisión dentro de unos años pensemos: ¡ah!, esta
película de nazis, la vi en su día y según avance y la vayamos rememorando nos
mantendremos atentos hasta final. La magia del cine.
Germán.
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