Personalmente me considero una persona amante del cine en
general. No es de mi agrado mezclar tan honorable afición con sentimientos
patrios, por ello me suelo aproximar al cine español con la misma actitud que
me enfrento al cine de cualquier otra nacionalidad. El cine español ha tenido y
tiene excelentes y, como no puede ser de otra manera, no tan buenos creadores.
Puesto que se aproximan los premios Goya y resulta que no he tenido ocasión de
ver cine nacional, o más bien los títulos que han llegado a la cartelera no me
ha llamado suficientemente la atención, he tomado la decisión de ir a ver
alguna obra e incluso alguna de las nominadas, de las que hablaré en otros posts.
“Gente en sitios” me llamó suficientemente la atención, por
diversos motivos que no vienen al caso, como para ir a verla. Mi sorpresa ha
sido mayúscula. Esto ni es cine ni es na (es un como la ciencia económica que
ni es ciencia ni es na). Se compone de una multiplicidad de pequeños historias
que, por lo menos yo, no le encuentro ni relación, ni sentido. Para ser
exactos, si le he encontrado cierto parecido, con esas pequeñas historias de
cámara oculta que hacen en Canadá con las que nos deleita regularmente, nada
más y nada menos que TeleMadrid. Real como la vida misma un bodrio superado con
creces entre otros por el programa de televisión “Los mayores gamberros” y
similares.
Cuando acabé de ver la película seguía con la misma
sensación que tenía antes de entrar en la sala, quería ver una película. O sea
que vas al cine, pasas 83 minutos frente a la pantalla y transcurrido ese
tiempo sigues teniendo ganas de ver una película. A todo lo anterior hay que
añadir, porque es obligatorio: ¡con lo que cuestan las entradas!
Una vez superado el impacto y ya de vuelta a casa pensé ¿me
habré perdido algo? ¿Será un problema de que mi mente no es capaz de entender
tan magna obra? Y leí algunas de las críticas. Todavía estoy pasmado con los
calificativos que le dedican, de los que destaco uno: “Es un relato
caleidoscópico” porque es el que más repiten y repiten algunos críticos y
comentaristas cinematográficos, y yo me pregunto, ¿Qué demonios significa, un
relato caleidoscópico? A la conclusión que llego es que en este caso supongo
que para disimular la equivocada participación de algunos de los mejores
actores del panorama nacional en este bodrio, se buscan calificativos abstrusos
con apariencia intelectual. A esto yo también añado que es una forma de hacer
patria, es decir, en vista de cómo está el panorama no carguemos mucho las
tintas con estas obras no vaya a ser que acabemos dándole la razón a cierto
ministro (que no la tiene).
Si tienes un fuerte impulso por ver cine
español para fomentar la industria nacional o para no estar perdido en la gala
de los premios Goya, o cualquier otra razón igual de loable, no se te ocurra
empezar por: “Gente en sitios”.
Germán.
domingo, 29 de diciembre de 2013
DOS
POR UNA
“UNA
FAMILIA DE TOKIO” Y “DE TAL PADRE TAL HIJO”
Mi fascinación por lo
japonés aumenta con la edad. Trasciende mi fervor juvenil, cuando hacía mis pinitos merodeando alrededor de la
colonia de japoneses que habitaba en Lavapiés, en un momento en que la
presencia de extranjeros en Madrid era tan frecuente como la de ballenas en la Gran Vía madrileña. Y me
plantaba ufana delante del bar que
frecuentaban llevada por una
admiración/devoción casi mística. En mi preadolescencia se sitúa, por tanto, el
origen de este entusiasmo, desconozco por completo la causa. Y ese entusiasmo se ha ido incrementando y afianzando con
el paso del tiempo y el conocimiento de su
cultura. Japón, representa para mí, la
máxima expresión de la convivencia entre tradición y modernidad, en un equilibrio
asombroso. Es un país que combina como
ninguno el respecto ancestral por la tradición (el esmero exquisito por las formas, el respeto al otro
como base de la convivencia, admirables) con un desarrollismo industrial y económico propio de las primeras
potencias “occidentales”, que acompañado
de una vanguardia cultural reseñable, lo
convierten en un prodigio de civilización.
De la mezcla de tradición e
innovación, resulta un país apasionante
en todas sus facetas, en mi opinión.
Así, desde siempre, mi
entusiasmo por lo japonés trasciende lo puramente estético. Ni el canon fidiaco,
ni el modelo nórdico de belleza me han
llamado nunca la atención. Me rindo ante la delicadeza oriental como máxima
expresión de la belleza (masculina y femenina). Sus niños
me enternecen (y despiertan mi, desde siempre, adormecido instinto maternal)
como no me ocurre con ninguna otra criatura de la especie humana. Pero
no queda ahí la cosa. Me fascina su comida; mis preferencias en la literatura actual van
por autores como Murakami, cuyos relatos fantásticos me subyugan y, por último, recientemente descubro que su cine actual me emociona como ya apenas si me ocurre con el
cine supuestamente más próximo. Y es el cine japonés, que no el chino ni el
coreano, (dos potentes industrias cinematográficas) el que me llega. Porque si
bien, el cine japonés actual participa de los tempos y los ritmos del
relato cinematográfico oriental, (los acontecimientos en pantalla se reproducen
en tiempo real) plantea, sin embargo una
perspectiva sobre las cuestiones, que me resulta más que familiar, plenamente
coincidentes con mi percepción sobre ellas.
Me sorprende su mirada
nítida y precisa, certera, sobre las
cosas cotidianas, que son las más universales. Su cine costumbrista me sorprende
por lo cercano. De no ser por el idioma
y el aspecto de la gente, pensaría que la historia que estoy viendo en pantalla
ha ocurrido en mi barrio o en la ciudad de mi vecina. Y nadie lo diría teniendo
en cuenta la distancia que nos separa (geográfica y cultural) No sé si mi identificación con el
cine japonés tiene algo de extraordinario (estoy pensando en las espléndidas
Still Walking y despedidas ) Voy a empezar a
pensar que las conexiones entre nuestras formas culturales son más de las podría
dictar la lógica dadas las circunstancias.
Pues bien, he visto en los
últimos tiempos, dos magníficas películas japonesas: “Una historia de Tokio” y
“De tal padre tal hijo”. Cualquier de ellas es más ilustrativa que el mejor tratado de
sociología de la familia en el Japón de
hoy. Las dos tratan el mismo asunto, desde diferentes puntos de vista:
la familia. La primera poniendo sobre la
mesa las complejas relaciones padres-hijos, y hermanos entre sí, con una asombrosa
agudeza. La segunda cuestionando el papel de la paternidad. La primera
contándonos con la crudeza y a la vez la ternura necesarias las relaciones de
una pareja de ancianos con sus tres hijos (el triunfador, la hija,
supuestamente entregada a la causa de su cuidado, y el díscolo). Y refleja de manera tan extraordinaria y verosímil el rol que cada uno juega en el engranaje
familiar, y la reacción de cada uno de los personajes prototípicos ante un
acontecimiento extraordinario como es la muerte repentina de la madre, que resulta francamente conmovedora. Nadie es quien parece ser (como suele ocurrir
en la vida real). El padre distante e inflexible está prisionero de su propia incapacidad para
expresar sentimientos. La madre
conciliadora y comprensiva siente debilidad por el hijo menos convencional, que
es, casualmente, el hijo capaz del mayor afecto. Los hijos supuestamente
“modélicos” son los que escurren el bulto sin miramientos, mientras que el hijo
irreverente demuestra ser es más comprometido y el más afectado por la pérdida.
El papel de la madre, que representa de
forma fidedigna la capacidad femenina
para propiciar la unión entre todos los miembros, nos muestra el modelo de madre generosa que
por común, no es menos universal. La madre que solo pretende el bienestar de sus hijos; la madre que intercede con el padre para limar
las asperezas propias de las diferencias generacionales y de otro tipo; la madre tolerante, comprensiva, respetuosa con la vida de sus hijos; la madre que muere feliz cuando confirma que
su hijo pequeño ha encontrado la pareja con la que vivir una vida plena a pesar de que lo hace al margen de todo tipo
de convencionalismos (no están casados) refleja como nadie la idea de amplitud
de miras, de tolerancia, de pragmatismo, tan maternales (en una sociedad en muchos sentidos
convencional) propias, por otra parte, de “las formas de vida actuales”. Y, en
contrapartida, la sensación de
desvalimiento del menor de los hermanos ante la muerte inesperada de la madre, expresa a la perfección la sensación de pérdida
irreparable, mientras el resto de hijos, más allá del schock inicial, muestran
tener una gran capacidad de recuperación y de desviar su atención sobre sus propias vidas con enorme facilidad.
De igual modo me conmocionó
“De tal padre tal hijo” por la crudeza con la que plantea el significado de la
paternidad. Cuáles son las claves? Cuál el fundamento? Los vínculos de sangre o
el vínculo afectivo que se crea con la convivencia? El planteamiento es el siguiente:
dos parejas descubren , transcurridos unos cuantos años, que el hijo que están
criando no es su hijo biológico, porque se produjo un intercambio en el
hospital. Y aquí surgen las dificultades,
qué hacer una vez que tienen confirmación de que el que creían su hijo en
realidad no lo es. No desvelaré el final, porque sugiero ver la película, pero
he de decir que me ha impactado tanto el conflicto planteado como la manera de
resolverlo. La delicadeza con que dibuja el retrato de cada una de las familias es asombrosa: las peculiaridades
de cada matrimonio, los niños, ambos
deseados (y los hermanos en uno de los casos, el otro es hijo único), el
entorno afectivo, las distintas condiciones materiales, las diferentes relaciones entre padres e hijos, el drama materno
ante la pérdida del hijo querido a pesar de ser ajeno……… Todo contado con
absoluta precisión. Película conmovedora que deja sin aliento. Hecha con el
corazón, no deja a nadie indiferente. Imprescindible.
Alicia dixit
lunes, 16 de diciembre de 2013
Blue Jasmine
De
Woody Allen
Como cada año, cumplo con el rito de asistir al más reciente estreno de Woody Allen, con ilusión renovada yconidénticas expectativas de éxito.Me resisto, esta vez, a leer las críticas por anticipado, aunque me soplan que no es del gusto de Boyero.No quiero dejarme influir por ninguna opinión, por certera que me parezca o por coincidente que pueda ser con las mías. Prefiero llegar “virgen” al cine y dejarme sorprender. En lo que a Allen respecta me importan un comino las opiniones ajenas porqueyo no variaré mi entusiasmo inicial ante una nueva película suya.Soy una incondicional, no voy a negarlo a estas alturas. Ni voy a cambiar, me confieso una alleniana irredenta. Incluso en las peores ocasiones(y podría enumerar unas cuantas cintas que me han parecido directamente malas) las pelis de Allen rara vez me resultan insoportables. Si me gustan,me divierto a rabiar, y si no me gustan, al menos, no me resultan aburridas por lo que son una apuesta segura.
En estas circunstancias voy al cine sin apenas información sobre la película, excepción hecha de la participaciónyel buen hacer de la magnífica Cate Blanchet, actriz prodigiosa donde las haya. Y me encuentro con una comedia dramática nada al uso. Digo comedia porque en cualquiera de sus películas, digamos serias, yo siempre veo ocasiones para el humor, momentos hilarantes, (desconozco si por voluntad del autor o si por defecto mío, que estando predispuesta a la risa, encuentro siempre la ocasión para dejarla aflorar) y esta vez no es diferente del resto. A pesar de que la historia no tiene ningunagracia, sí hay elementos humorísticos muy del estilo de su autor. La película, que trata sobre el conflicto de clases, representadas por dos hermanas que se reencuentran con motivo de la ruina (económica y de todo tipo) de la triunfadora,tiene sus momentos para la carcajada. No sé muy bien lo que quiere decirnos Allen, si es que hay algún mensaje subliminal en la historia, más allá de lascuestiones planteadas de forma expresa (como que la felicidad nose puede basar exclusivamente en el dinero ni en la posición social,o cómo determinadas posiciones favorecen la “incapacidad” de las personas para sobrevivir en cualquier medio hostilo en circunstancias más adversas a las para ellos “habituales”; o la de la importancia de la lealtad y el afecto incondicional en las relaciones interpersonales y en el logro de la “felicidad” personal que poco onadatienen que ver ni conla fortuna nicon los múltiples privilegios de los más favorecidos en la escala social). Tiendo a pensar que no, que no hay más mensaje que lo que allí se observa. Y si lo hay tampoco me preocupa. Sólo veo la historia (por otra parte frecuente en otrasmuchas latitudes) de la debacle personal causada por la pérdida de los recursos cuando éstos han sido desorbitados. Y para contarnos una historia tan frecuente (especialmente en tiempos como los actuales), nos adentra en los entresijos de las siempre complejas relaciones familiares. Si ya la naturaleza humana es indescifrable con frecuencia, mucho más sorprendente resulta expuesta a las vicisitudes de los vaivenes de las relaciones familiares. Para rizar el rizo de lo complejo, yno contento con plantear una relación normal de “hermanas”, nos pone ante la relación de unas “hermanas adoptadas” que se reencuentran muchos años después de su separación,que han emprendido y llevado vidas absolutamente contrapuestas y que por causas ajenas a su voluntad se unen nuevamente. El mensaje que podría parecer que subyace a lo largo de la cintade quela familia es lo único que nos queda en los momentos críticosse desmorona desde el minuto uno: ni la una soporta tener que recurrir a la otra (pero no tiene, literalmente, donde caerse muerta) ni la otra lleva con alegría los cambios e imprevistos que supone, en su rutina cotidiana, la aparición de la hermana rica venida a menos, ausente por otra parte en épocas de bonanza. De hecho, finalmente se vuelven a separar (como no podía ser de otra manera), con el convencimiento de que no tienen nada que compartir. En las desgracias personales uno siempre está solo. La soledad es intrínseca al ser humano, como nos muestra Allen en cada una de sus cintas, y es lalucha por evitarla lo que le permite crear historias.Yel empeño constante por eludirla lo quecondena amuchos a la miseria moral de ciertas relaciones personales. Pero la soledad es inevitable, tanto como la muerte.Aquí es donde veo la mano de Allen con su hobbesianismo endémico. Enhorabuena Woody, y gracias por regalarnos tu última película.
Alicia dxit
viernes, 13 de diciembre de 2013
THE COUNSELOR
DE
RIDLEY SCOTT
Ir
al cine a ver una película de Ridley Scott ha sido siempre una garantía de
éxito. Quizás por esta idea predeterminada mis expectativas en cuanto a esta su
última obra estaban un tanto sobredimensionadas. Con esta esperanza comencé a
ver la película. Nada
más empezar la impresión que me llevo es que me estaba enfrentado a una historia
y a una narrativa lo suficientemente complicada como para no permitirme ni la
mínima distracción, ni tan siquiera con la belleza de alguna de las imágenes
iniciales, para poder seguir el argumento. En efecto, esta es una película en
la que se produce un exceso verbal de tal magnitud que incluso llega a coordinar
mal diálogos e imágenes.
El guión de Cormack McCarthy está
basado en el mundo de la droga y se desarrolla en la frontera entre México y
USA. Con este entorno no es difícil imaginar que la violencia sin sentido, de
la que nos informan cada día, va a impregnar toda la película. Esto te
pone en una situación de tensión ante posibles escenas descarnadas y desagradables,
como así fue. Sin embargo, no es a partir de esta idea sobre la que se
construye esta narración, sino sobre una reflexión acerca del bien y del mal
trufado con la religión y el pecado. Para poder dar sentido al conceptoque se quiere transmitir, se adorna excesivamente
toda la película con diálogos sentencioso-filosóficos verbalizados por unos personajes
que el espectador no puede llegar a imaginarse que sujetos de esa baja talla
moral vayan a pronunciar. Parece como si el mundo en el que se desarrolla la
historia tuviese la capacidad de pensar en el largo plazo, como si los
profesionales de ese universo de delincuencia y de extrema violencia no
tuviesen la necesidad de vivir rápido, sino que se pudiesen tomar su tiempo. Es
obvio que no es así y así nos lo han mostrado más acertadamente otras imprescindibles
obras del género.
De entre los intérpretes destaco a Javier
Bardem que hace de lo que mejor sabe hacer y lo hace muy bien aunque no termina
de convencerme la estética personal a la que recurre el director. Penélope Cruz
interpreta un papel más que digno, dudo si por la brevedad o igualmente porque
la están encasillando en una imagen de latina buenorra de barrio de la
periferia. Quizás debería ser más selectiva al escoger sus películas. Michael
Fassbender resulta demasiado decepcionante. No transmite al espectador la
sensación de estresante agobio que su papel exige. Brad Pitt ejerce de
secundario de lujo con una simplemente discreta interpretación, también de lo
que sabe hacer. Por último me resultó muy destacable el papel de Cameron Díaz
que es quien mejor entiende la obra. Únicamente añadir que no aporta nada al
conjunto de su interpretación la tan comentada escena de sexo con el coche, que
no es una obra de arte, ni una novedad sino simplemente una idiotez sin
sentido. Esta escena es la típica tontuna fácilmente prescindible que me temo
que se ha incluido como una operación de marketing. Un recurso que me sorprende
que alguien como Ridley Scott necesite.
No es una película que aporte ningún
valor a un director como Ridley Scott sin embargo, está bien para
cubrir un hueco televisivo un sábadopor
la tarde. Para eso sí.
Germán.
sábado, 26 de octubre de 2013
GLORIA
DE
SEBASTAN
LELIO
Una de las cosas que más tiempo ocupan a los humanos es la
de lidiar con sus sentimientos. Esta actividad nos acompaña en cualquier etapa
de nuestra vida. En ocasiones nos empeñamos en mostrar y demostrar que cuando
ya somos adultos, maduros e incluso cuando ya vivimos contando hacía atrás,
somos capaces de controlar nuestras pasiones. En realidad lo que hacemos es o
buscar mecanismos de defensa para no tener que enfrentarnos a ellos, o poner
por delante la capacidad de raciocinio que hemos desarrollado con la edad para
que no nos conduzcan – las pasiones- por el camino de la infelicidad.
Gloria es una película sobre muchas cosas: sobre mujeres
adultas, sobre la madurez de la actual sociedad chilena, sobre el ruido de los
silencios cuando te confunde una relación apasionada y sobre la capacidad que
te otorga la edad para matar los malos rollos para así poder reinventarte y
continuar viviendo. A ciertas edades no es momento de llorar por la leche
derramada, únicamente te lo puedes permitir durante un corto periodo de tiempo,
es momento de mirar adelante, no desaprovechar ninguna oportunidad que pueda
sobrevenir y sobre todo no dejarse derrotar para seguir siendo libre, feliz e
independiente.
Por fin, una película que se aleja de los cánones de belleza
al uso y nos presenta a unos personajes con el mismo aspecto e idéntica
estética que las personas con las que nos toca convivir y compartir nuestros
espacios cotidianos en el trabajo, en el vecindario, en los transportes públicos,
etc. Paulina García, su protagonista, interpreta esta narración de mujer mayor
de forma magistral y todos los personajes que necesariamente la rodean y con
los que el director trenza esta historia hacen todavía más grande su personaje.
El ciclo vital en el que se desarrolla la película no es un
guiño a un nicho determinado del mercado. El film no se dirige a espectadores
de determinada edad, la que representa la protagonista. La vitalidad y la
valentía de Gloria, el no negarse a poder volverse a enamorar apasionadamente y
su capacidad para matar definitivamente una mala experiencia para poder no
privarse de futuras oportunidades, hacen que esta película pueda ser vista por
amantes del cine sea cual sea su edad.
Una verdadera obra de arte que no se debe dejar pasar.
Germán.
jueves, 19 de septiembre de 2013
MUD
DE
JEFF NICHOLS
Mud es un film sobre la
iniciación y el aprendizaje. Sobre la búsqueda y el descubrimiento. Sobre las primeras decepciones. En definitiva, sobre el proceso de maduración de los sujetos
y la trascendencia de los valores interiorizados en la
adolescencia para forjar la personalidad
adulta. Piaget no podría haberlo contado de forma más abreviada y
gráfica. Y entretenida.
El director conforma una
historia que gira alrededor del adorable personaje del joven Ellis, a través del
que nos muestra las claves de la construcción personal desde la
adolescencia. Y lo hace bajo la fórmula del relato de las correrías de dos amigos adolescentes ( Ellis y Neckbone, de 14 años)
cuya vida discurre alrededor de un río, el Mississipi, en una de cuyas islas encuentran a un
personaje, Mud, en el límite de la
marginalidad y con el que se embarcan en
una aventura común. El encuentro de Mud
y Ellis hace emerger unos fuertes lazos afectivos entre ambos. Bajo el formato de cine de acción, de “peripecias
juveniles”, se repasan los aspectos que configuran la personalidad de
los personajes del film y que ponen de manifiesto la cosmovisión del autor. Película de
numerosas aristas y múltiples lecturas perfectamente camufladas bajo el
envoltorio de cine de puro entretenimiento
que, sin embargo no es intrascendente ni frívola, para mi sorpresa. Lo que en principio parece ser un film sin
pretensiones, resulta ser una historia plagada de mensajes. Ellis reúne las cualidades
necesarias para la conversión en un adulto honesto. Así, desde su ingenuidad y
en un momento álgido de búsquedas y descubrimientos, resulta ser un adolescente
firme en sus convicciones; respetuoso
con las normas (claramente representadas por la figura en relieve del padre
severo que ensombrece la figura materna). Representa de forma magnífica el
valor y el coraje (así cuando sale en defensa de las
chicas agraviadas, no tanto para hacerse notar, como para defender la posición
del débil frente al poderoso – se atreve, sin ambages, con un corpulento matón que golpea brutalmente a la novia de Mud).
Simboliza el sentido de la lealtad, de la honestidad, de la entrega, de la
generosidad (además representada por otros personajes como el del “padre
adoptivo” de Mud que sale en su rescate cuando más se le necesita o en el propio Mud
que no duda en poner en peligro
su propia seguridad por salvar la vida del muchacho). La dignidad (también
representada por el padre, hombre rudo y
primitivo que a pesar de no ser capaz de comprender las causas del deseo de separarse de su
mujer, lo acepta con gallardía y resignación, aunque esa decisión implique
mucho más que un simple divorcio (supone también la pérdida de su único modo de
vida conocido, junto al río y del río). Y todo ello está relatado con una
sutileza y una sensibilidad extraordinarias, combinadas con un ritmo ágil y las
dosis necesarias de tensión. El director
adora a sus personajes y logra contagiar
su empatía a los espectadores con asombrosa
naturalidad. Pero el personaje más mimado
por Nichols, resulta ser , by far, el del niño Ellis, personaje del que quedé
verdaderamente prendada.
Y todo ello rezuma optimismo:
en un ambiente hostil como el descrito, con
escasez económica, austeridad afectiva y una
férrea disciplina, surgen personajes adorables como el de Ellis, circunstancia
que permite vislumbrar determinados posicionamientos del autor (por ejemplo, que las dificultades de todo orden favorecen
el surgimiento de personalidades fuertes). La ingenuidad y el entusiasmo del
personaje central y de otros personajes del film (el propio Mud no deja de ser
un niño crecido) te reconcilian con el género humano, con el mundo.
Ellis es un niño “íntegro” que anticipa un adulto “íntegro”. Y todo ello
sin el menor atisbo de sentimentalismo.
Fábula actual sin moralinas, película emocionante, de las que dejan huella, es una de las escasas bocanadas
de cine fresco que ofrece la cartelera actual. Muy recomendable.
Alicia dixit
MUD
DE
JEFF
NICHOLS
En los últimos tiempos tenía la
sensación de que este blog se estaba convirtiendo en una especie de permanente
lamento y denuncia de las malas prácticas cinematográficas. La industria del
cine además de ser un boyante negocio tiene como esencia la creación de arte,
la capacidad de contar historias con unos recursos propios. En ocasiones
conjugar estos dos elementos (negocio y arte) resulta difícil y empezaba a
tener la sensación de que el negocio se estaba imponiendo al arte.
No se debe desesperar y como en
cualquier actividad hay que tener confianza y nunca pensar que todo está
perdido. Esta constancia me ha ayudado a
ir a ver la película objeto de este post y, ¡por fin! he conseguido ver algo
que encaja, en mi opinión, con el concepto del séptimo arte. Una película poco
común y que, preveo, va a ser un gran éxito de taquilla y en consecuencia un
buen negocio. Ojalá sirva para alimentar el círculo virtuoso
(creación-negocio-creación) y nos permita seguir disfrutando de bellas historias.
Mud es un relato en torno a un río, con
protagonistas adolescentes, con héroes y antihéroes, con historias de
amor, con búsquedas de amor verdadero.
Todos estos ingredientes conforman un hermoso cuento con final feliz. Está muy
bien llevada y correctamente interpretada –es difícil descubrir quién de todo
el elenco, realiza mejor su papel-. Te sientes francamente bien cuando la
película termina, aun a pesar de su longitud. Obras de arte como esta te dan
aire para seguir insistiendo en que ir al cine tiene sentido, mucho sentido.
Mud no es un remake de Huckleberry Finn.
El único punto en común que tienen es
que su acción se desarrolla en torno a uno de los grandes ríos de Estados
Unidos. No permitáis que nada os disuada de perderos este buen film. Simplemente id y disfrutad, merece la pena.