Creo que Daniel Sánchez
Arévalo es un buen director de cine. Películas suyas como “Azul oscuro casi
negro” o “Gordos” me causaron algo más que buena impresión, me parecieron muy
buenas. Por eso no me ha extrañado, en principio, que “La gran familia
española” haya sido nominada a los premios Goya.
Una vez vista la película,
después de conocer su nominación, me he quedado un poco sorprendido. El film no
tiene el nivel a que nos tiene acostumbrados este buen director. El guion es un
tanto confuso en su clasificación, nos lo presentan como una comedia y
finalmente tiene más aspecto de drama sentimental con una trama excesivamente
forzada. La interpretación de todo el elenco, no pasará a la historia del cine
español. La ejecución, en ocasiones, recuerda a una sucesión de videos de
YouTube más que a una obra cinematográfica ¿Cuántos videos de YouTube nos han
llegado a través del correo electrónico con inicios de celebraciones de bodas
como la que nos presenta Daniel Sánchez Arévalo?
El desarrollo de la
historia da la impresión de haberse realizado al revés. No parece una historia
con un desenlace, sino la creación de un desenlace en torno al que se construye
el nudo de la narración. Este método de construir la fábula le obliga al
director a dar saltos narrativos que dificultan seguir la película e impide que
te seduzca. Además, para mantener el metraje e intentar enganchar al espectador
en cada salto se pierde algo de verosimilitud y continuidad.
Daniel Sánchez Arévalo no
ha estado en esta ocasión muy inspirado. Confiemos en su capacidad y sigamos su
obra futura. Sin duda es un buen creador.
Su nominación a los premios
Goya, si consideramos su talento, está justificada. Si es por “La gran familia
española” no parece muy explicable, salvo que el resto de la producción
cinematográfica española sea de más discutible calidad. De ser así, la
industria cinematográfica española debería iniciar una reflexión y empezar a
abrir las puertas a nuevos talentos, que seguro que existen, que pueden
relanzar una industria y un mercado muy necesitado de estímulos y revulsivos
que acallen las opiniones de políticos desinformados y con espurios intereses
ideológicos. El público está deseando que esto sea así. La sala del cine donde
se proyectaba estaba a reventar, y no era un día de oferta en el precio.
Germán.
AGOSTO
DE
JOHN
WELLS
“Agosto” es otro intento de
adaptación de una obra de teatro al cine. La historia es la ya tan manida
tormentosa relación que puede existir en el seno de una familia ¿Cuántas
películas con este fondo de tragedia familiar nos quedan todavía por ver? Imposible
de calcular. Cada cierto tiempo aparece en la cartelera una historia con este transfondo
¿No resulta un poco cansino este recurso?
Construir una historia con
una trama como esta ya está suficientemente explotado. En este caso para
intentar salvar la posible aversión de los espectadores a este producción, se
ha contado con grandes intérpretes como Meryl Streep o Julia Roberts. Y para
asegurase una jugosa taquilla se ha encargado la dirección a un especialista en
series de televisión. Con estos ingredientes el beneficio económico está
asegurado, pero el resultado de la obra no tiene por qué.
La película se desarrolla
en el estado de Oklahoma durante el mes de agosto, sin duda para aumentar la
sensación de molesta pesadez que casi siempre supone el tener que asistir a una
reunión familiar como la descrita. Este recurso empleado en no pocas
adaptaciones de obras de Tenneesse Willians al cine (“La gata sobre el tejado
de zinc” o “Un tranvía llamado deseo”) ya ha perdido el efecto que pretende
conseguir.
El guion contiene todos los
elementos imprescindibles para trabar un drama: madre poliadicta (Almodovar
sienta escuela), hija responsable en fase de divorcio, hija casquivana que no
se encuentra a sí misma y que acude al encuentro con el último novio rico y chulo
putas; hija sumisa que no ha sabido abandonar el nido familiar; hermana de la
madre que le ha puesto los cuernos a su propia hermana con su marido; cuñado
que inicialmente aparece como un calzonazos y acaba demostrando que de tonto no
tiene un pelo; hija/sobrina adolescente con las hormonas a doscientos por hora
y sobrino/nieto que…………..
Las interpretaciones de
todo el elenco están excesivamente recargadas de recursos teatrales llegando
incluso a desequilibrar la actuación del conjunto. Meryl Streep parece obligada
a demostrar que la obra está pensada para su brillo personal y resulta
sobreactuada. Julia Roberts parece como si pretendiera no querer dejar que le
coman la tostada e igualmente resulta más que sobreactuada (si es que esto es
posible con la participación de Meryl Streep). El resto influidos por estos dos
personajes y mal dirigidos siguen la misma senda. Con estos mimbres la película
más parece un serial radiofónico de los que oían nuestras madres/abuelas en la
radio en los años sesenta (Luceciiiita) que una película del siglo XXI.
Si este film en lugar de
verlo en un cine lo ves en tu casa en el DVD, tiene la ventaja de que puedes
oírla sin necesidad de verla y mientras tanto realizar las labores domésticas y
así no pierdes del todo el tiempo. Igualito que nuestras madres/abuela que
deambulaban por la casa con la radio conectada de una habitación a otra
mientras la arreglaban.
Cuando termines de hacer
tus labores y de oír/ver la obra, tendrás la misma sensación que si hubieses
ido a verla al cine. Esto es “Agosto”
Germán.
GENTE
EN SITIOS
DE
JUAN
CAVESTANY
Personalmente me considero una persona amante del cine en
general. No es de mi agrado mezclar tan honorable afición con sentimientos
patrios, por ello me suelo aproximar al cine español con la misma actitud que
me enfrento al cine de cualquier otra nacionalidad. El cine español ha tenido y
tiene excelentes y, como no puede ser de otra manera, no tan buenos creadores.
Puesto que se aproximan los premios Goya y resulta que no he tenido ocasión de
ver cine nacional, o más bien los títulos que han llegado a la cartelera no me
ha llamado suficientemente la atención, he tomado la decisión de ir a ver
alguna obra e incluso alguna de las nominadas, de las que hablaré en otros posts.
“Gente en sitios” me llamó suficientemente la atención, por
diversos motivos que no vienen al caso, como para ir a verla. Mi sorpresa ha
sido mayúscula. Esto ni es cine ni es na (es un como la ciencia económica que
ni es ciencia ni es na). Se compone de una multiplicidad de pequeños historias
que, por lo menos yo, no le encuentro ni relación, ni sentido. Para ser
exactos, si le he encontrado cierto parecido, con esas pequeñas historias de
cámara oculta que hacen en Canadá con las que nos deleita regularmente, nada
más y nada menos que TeleMadrid. Real como la vida misma un bodrio superado con
creces entre otros por el programa de televisión “Los mayores gamberros” y
similares.
Cuando acabé de ver la película seguía con la misma
sensación que tenía antes de entrar en la sala, quería ver una película. O sea
que vas al cine, pasas 83 minutos frente a la pantalla y transcurrido ese
tiempo sigues teniendo ganas de ver una película. A todo lo anterior hay que
añadir, porque es obligatorio: ¡con lo que cuestan las entradas!
Una vez superado el impacto y ya de vuelta a casa pensé ¿me
habré perdido algo? ¿Será un problema de que mi mente no es capaz de entender
tan magna obra? Y leí algunas de las críticas. Todavía estoy pasmado con los
calificativos que le dedican, de los que destaco uno: “Es un relato
caleidoscópico” porque es el que más repiten y repiten algunos críticos y
comentaristas cinematográficos, y yo me pregunto, ¿Qué demonios significa, un
relato caleidoscópico? A la conclusión que llego es que en este caso supongo
que para disimular la equivocada participación de algunos de los mejores
actores del panorama nacional en este bodrio, se buscan calificativos abstrusos
con apariencia intelectual. A esto yo también añado que es una forma de hacer
patria, es decir, en vista de cómo está el panorama no carguemos mucho las
tintas con estas obras no vaya a ser que acabemos dándole la razón a cierto
ministro (que no la tiene).
Si tienes un fuerte impulso por ver cine
español para fomentar la industria nacional o para no estar perdido en la gala
de los premios Goya, o cualquier otra razón igual de loable, no se te ocurra
empezar por: “Gente en sitios”.
Germán.
domingo, 29 de diciembre de 2013
DOS
POR UNA
“UNA
FAMILIA DE TOKIO” Y “DE TAL PADRE TAL HIJO”
Mi fascinación por lo
japonés aumenta con la edad. Trasciende mi fervor juvenil, cuando hacía mis pinitos merodeando alrededor de la
colonia de japoneses que habitaba en Lavapiés, en un momento en que la
presencia de extranjeros en Madrid era tan frecuente como la de ballenas en la Gran Vía madrileña. Y me
plantaba ufana delante del bar que
frecuentaban llevada por una
admiración/devoción casi mística. En mi preadolescencia se sitúa, por tanto, el
origen de este entusiasmo, desconozco por completo la causa. Y ese entusiasmo se ha ido incrementando y afianzando con
el paso del tiempo y el conocimiento de su
cultura. Japón, representa para mí, la
máxima expresión de la convivencia entre tradición y modernidad, en un equilibrio
asombroso. Es un país que combina como
ninguno el respecto ancestral por la tradición (el esmero exquisito por las formas, el respeto al otro
como base de la convivencia, admirables) con un desarrollismo industrial y económico propio de las primeras
potencias “occidentales”, que acompañado
de una vanguardia cultural reseñable, lo
convierten en un prodigio de civilización.
De la mezcla de tradición e
innovación, resulta un país apasionante
en todas sus facetas, en mi opinión.
Así, desde siempre, mi
entusiasmo por lo japonés trasciende lo puramente estético. Ni el canon fidiaco,
ni el modelo nórdico de belleza me han
llamado nunca la atención. Me rindo ante la delicadeza oriental como máxima
expresión de la belleza (masculina y femenina). Sus niños
me enternecen (y despiertan mi, desde siempre, adormecido instinto maternal)
como no me ocurre con ninguna otra criatura de la especie humana. Pero
no queda ahí la cosa. Me fascina su comida; mis preferencias en la literatura actual van
por autores como Murakami, cuyos relatos fantásticos me subyugan y, por último, recientemente descubro que su cine actual me emociona como ya apenas si me ocurre con el
cine supuestamente más próximo. Y es el cine japonés, que no el chino ni el
coreano, (dos potentes industrias cinematográficas) el que me llega. Porque si
bien, el cine japonés actual participa de los tempos y los ritmos del
relato cinematográfico oriental, (los acontecimientos en pantalla se reproducen
en tiempo real) plantea, sin embargo una
perspectiva sobre las cuestiones, que me resulta más que familiar, plenamente
coincidentes con mi percepción sobre ellas.
Me sorprende su mirada
nítida y precisa, certera, sobre las
cosas cotidianas, que son las más universales. Su cine costumbrista me sorprende
por lo cercano. De no ser por el idioma
y el aspecto de la gente, pensaría que la historia que estoy viendo en pantalla
ha ocurrido en mi barrio o en la ciudad de mi vecina. Y nadie lo diría teniendo
en cuenta la distancia que nos separa (geográfica y cultural) No sé si mi identificación con el
cine japonés tiene algo de extraordinario (estoy pensando en las espléndidas
Still Walking y despedidas ) Voy a empezar a
pensar que las conexiones entre nuestras formas culturales son más de las podría
dictar la lógica dadas las circunstancias.
Pues bien, he visto en los
últimos tiempos, dos magníficas películas japonesas: “Una historia de Tokio” y
“De tal padre tal hijo”. Cualquier de ellas es más ilustrativa que el mejor tratado de
sociología de la familia en el Japón de
hoy. Las dos tratan el mismo asunto, desde diferentes puntos de vista:
la familia. La primera poniendo sobre la
mesa las complejas relaciones padres-hijos, y hermanos entre sí, con una asombrosa
agudeza. La segunda cuestionando el papel de la paternidad. La primera
contándonos con la crudeza y a la vez la ternura necesarias las relaciones de
una pareja de ancianos con sus tres hijos (el triunfador, la hija,
supuestamente entregada a la causa de su cuidado, y el díscolo). Y refleja de manera tan extraordinaria y verosímil el rol que cada uno juega en el engranaje
familiar, y la reacción de cada uno de los personajes prototípicos ante un
acontecimiento extraordinario como es la muerte repentina de la madre, que resulta francamente conmovedora. Nadie es quien parece ser (como suele ocurrir
en la vida real). El padre distante e inflexible está prisionero de su propia incapacidad para
expresar sentimientos. La madre
conciliadora y comprensiva siente debilidad por el hijo menos convencional, que
es, casualmente, el hijo capaz del mayor afecto. Los hijos supuestamente
“modélicos” son los que escurren el bulto sin miramientos, mientras que el hijo
irreverente demuestra ser es más comprometido y el más afectado por la pérdida.
El papel de la madre, que representa de
forma fidedigna la capacidad femenina
para propiciar la unión entre todos los miembros, nos muestra el modelo de madre generosa que
por común, no es menos universal. La madre que solo pretende el bienestar de sus hijos; la madre que intercede con el padre para limar
las asperezas propias de las diferencias generacionales y de otro tipo; la madre tolerante, comprensiva, respetuosa con la vida de sus hijos; la madre que muere feliz cuando confirma que
su hijo pequeño ha encontrado la pareja con la que vivir una vida plena a pesar de que lo hace al margen de todo tipo
de convencionalismos (no están casados) refleja como nadie la idea de amplitud
de miras, de tolerancia, de pragmatismo, tan maternales (en una sociedad en muchos sentidos
convencional) propias, por otra parte, de “las formas de vida actuales”. Y, en
contrapartida, la sensación de
desvalimiento del menor de los hermanos ante la muerte inesperada de la madre, expresa a la perfección la sensación de pérdida
irreparable, mientras el resto de hijos, más allá del schock inicial, muestran
tener una gran capacidad de recuperación y de desviar su atención sobre sus propias vidas con enorme facilidad.
De igual modo me conmocionó
“De tal padre tal hijo” por la crudeza con la que plantea el significado de la
paternidad. Cuáles son las claves? Cuál el fundamento? Los vínculos de sangre o
el vínculo afectivo que se crea con la convivencia? El planteamiento es el siguiente:
dos parejas descubren , transcurridos unos cuantos años, que el hijo que están
criando no es su hijo biológico, porque se produjo un intercambio en el
hospital. Y aquí surgen las dificultades,
qué hacer una vez que tienen confirmación de que el que creían su hijo en
realidad no lo es. No desvelaré el final, porque sugiero ver la película, pero
he de decir que me ha impactado tanto el conflicto planteado como la manera de
resolverlo. La delicadeza con que dibuja el retrato de cada una de las familias es asombrosa: las peculiaridades
de cada matrimonio, los niños, ambos
deseados (y los hermanos en uno de los casos, el otro es hijo único), el
entorno afectivo, las distintas condiciones materiales, las diferentes relaciones entre padres e hijos, el drama materno
ante la pérdida del hijo querido a pesar de ser ajeno……… Todo contado con
absoluta precisión. Película conmovedora que deja sin aliento. Hecha con el
corazón, no deja a nadie indiferente. Imprescindible.
Alicia dixit
lunes, 16 de diciembre de 2013
Blue Jasmine
De
Woody Allen
Como cada año, cumplo con el rito de asistir al más reciente estreno de Woody Allen, con ilusión renovada yconidénticas expectativas de éxito.Me resisto, esta vez, a leer las críticas por anticipado, aunque me soplan que no es del gusto de Boyero.No quiero dejarme influir por ninguna opinión, por certera que me parezca o por coincidente que pueda ser con las mías. Prefiero llegar “virgen” al cine y dejarme sorprender. En lo que a Allen respecta me importan un comino las opiniones ajenas porqueyo no variaré mi entusiasmo inicial ante una nueva película suya.Soy una incondicional, no voy a negarlo a estas alturas. Ni voy a cambiar, me confieso una alleniana irredenta. Incluso en las peores ocasiones(y podría enumerar unas cuantas cintas que me han parecido directamente malas) las pelis de Allen rara vez me resultan insoportables. Si me gustan,me divierto a rabiar, y si no me gustan, al menos, no me resultan aburridas por lo que son una apuesta segura.
En estas circunstancias voy al cine sin apenas información sobre la película, excepción hecha de la participaciónyel buen hacer de la magnífica Cate Blanchet, actriz prodigiosa donde las haya. Y me encuentro con una comedia dramática nada al uso. Digo comedia porque en cualquiera de sus películas, digamos serias, yo siempre veo ocasiones para el humor, momentos hilarantes, (desconozco si por voluntad del autor o si por defecto mío, que estando predispuesta a la risa, encuentro siempre la ocasión para dejarla aflorar) y esta vez no es diferente del resto. A pesar de que la historia no tiene ningunagracia, sí hay elementos humorísticos muy del estilo de su autor. La película, que trata sobre el conflicto de clases, representadas por dos hermanas que se reencuentran con motivo de la ruina (económica y de todo tipo) de la triunfadora,tiene sus momentos para la carcajada. No sé muy bien lo que quiere decirnos Allen, si es que hay algún mensaje subliminal en la historia, más allá de lascuestiones planteadas de forma expresa (como que la felicidad nose puede basar exclusivamente en el dinero ni en la posición social,o cómo determinadas posiciones favorecen la “incapacidad” de las personas para sobrevivir en cualquier medio hostilo en circunstancias más adversas a las para ellos “habituales”; o la de la importancia de la lealtad y el afecto incondicional en las relaciones interpersonales y en el logro de la “felicidad” personal que poco onadatienen que ver ni conla fortuna nicon los múltiples privilegios de los más favorecidos en la escala social). Tiendo a pensar que no, que no hay más mensaje que lo que allí se observa. Y si lo hay tampoco me preocupa. Sólo veo la historia (por otra parte frecuente en otrasmuchas latitudes) de la debacle personal causada por la pérdida de los recursos cuando éstos han sido desorbitados. Y para contarnos una historia tan frecuente (especialmente en tiempos como los actuales), nos adentra en los entresijos de las siempre complejas relaciones familiares. Si ya la naturaleza humana es indescifrable con frecuencia, mucho más sorprendente resulta expuesta a las vicisitudes de los vaivenes de las relaciones familiares. Para rizar el rizo de lo complejo, yno contento con plantear una relación normal de “hermanas”, nos pone ante la relación de unas “hermanas adoptadas” que se reencuentran muchos años después de su separación,que han emprendido y llevado vidas absolutamente contrapuestas y que por causas ajenas a su voluntad se unen nuevamente. El mensaje que podría parecer que subyace a lo largo de la cintade quela familia es lo único que nos queda en los momentos críticosse desmorona desde el minuto uno: ni la una soporta tener que recurrir a la otra (pero no tiene, literalmente, donde caerse muerta) ni la otra lleva con alegría los cambios e imprevistos que supone, en su rutina cotidiana, la aparición de la hermana rica venida a menos, ausente por otra parte en épocas de bonanza. De hecho, finalmente se vuelven a separar (como no podía ser de otra manera), con el convencimiento de que no tienen nada que compartir. En las desgracias personales uno siempre está solo. La soledad es intrínseca al ser humano, como nos muestra Allen en cada una de sus cintas, y es lalucha por evitarla lo que le permite crear historias.Yel empeño constante por eludirla lo quecondena amuchos a la miseria moral de ciertas relaciones personales. Pero la soledad es inevitable, tanto como la muerte.Aquí es donde veo la mano de Allen con su hobbesianismo endémico. Enhorabuena Woody, y gracias por regalarnos tu última película.
Alicia dxit
viernes, 13 de diciembre de 2013
THE COUNSELOR
DE
RIDLEY SCOTT
Ir
al cine a ver una película de Ridley Scott ha sido siempre una garantía de
éxito. Quizás por esta idea predeterminada mis expectativas en cuanto a esta su
última obra estaban un tanto sobredimensionadas. Con esta esperanza comencé a
ver la película. Nada
más empezar la impresión que me llevo es que me estaba enfrentado a una historia
y a una narrativa lo suficientemente complicada como para no permitirme ni la
mínima distracción, ni tan siquiera con la belleza de alguna de las imágenes
iniciales, para poder seguir el argumento. En efecto, esta es una película en
la que se produce un exceso verbal de tal magnitud que incluso llega a coordinar
mal diálogos e imágenes.
El guión de Cormack McCarthy está
basado en el mundo de la droga y se desarrolla en la frontera entre México y
USA. Con este entorno no es difícil imaginar que la violencia sin sentido, de
la que nos informan cada día, va a impregnar toda la película. Esto te
pone en una situación de tensión ante posibles escenas descarnadas y desagradables,
como así fue. Sin embargo, no es a partir de esta idea sobre la que se
construye esta narración, sino sobre una reflexión acerca del bien y del mal
trufado con la religión y el pecado. Para poder dar sentido al conceptoque se quiere transmitir, se adorna excesivamente
toda la película con diálogos sentencioso-filosóficos verbalizados por unos personajes
que el espectador no puede llegar a imaginarse que sujetos de esa baja talla
moral vayan a pronunciar. Parece como si el mundo en el que se desarrolla la
historia tuviese la capacidad de pensar en el largo plazo, como si los
profesionales de ese universo de delincuencia y de extrema violencia no
tuviesen la necesidad de vivir rápido, sino que se pudiesen tomar su tiempo. Es
obvio que no es así y así nos lo han mostrado más acertadamente otras imprescindibles
obras del género.
De entre los intérpretes destaco a Javier
Bardem que hace de lo que mejor sabe hacer y lo hace muy bien aunque no termina
de convencerme la estética personal a la que recurre el director. Penélope Cruz
interpreta un papel más que digno, dudo si por la brevedad o igualmente porque
la están encasillando en una imagen de latina buenorra de barrio de la
periferia. Quizás debería ser más selectiva al escoger sus películas. Michael
Fassbender resulta demasiado decepcionante. No transmite al espectador la
sensación de estresante agobio que su papel exige. Brad Pitt ejerce de
secundario de lujo con una simplemente discreta interpretación, también de lo
que sabe hacer. Por último me resultó muy destacable el papel de Cameron Díaz
que es quien mejor entiende la obra. Únicamente añadir que no aporta nada al
conjunto de su interpretación la tan comentada escena de sexo con el coche, que
no es una obra de arte, ni una novedad sino simplemente una idiotez sin
sentido. Esta escena es la típica tontuna fácilmente prescindible que me temo
que se ha incluido como una operación de marketing. Un recurso que me sorprende
que alguien como Ridley Scott necesite.
No es una película que aporte ningún
valor a un director como Ridley Scott sin embargo, está bien para
cubrir un hueco televisivo un sábadopor
la tarde. Para eso sí.
Germán.
sábado, 26 de octubre de 2013
GLORIA
DE
SEBASTAN
LELIO
Una de las cosas que más tiempo ocupan a los humanos es la
de lidiar con sus sentimientos. Esta actividad nos acompaña en cualquier etapa
de nuestra vida. En ocasiones nos empeñamos en mostrar y demostrar que cuando
ya somos adultos, maduros e incluso cuando ya vivimos contando hacía atrás,
somos capaces de controlar nuestras pasiones. En realidad lo que hacemos es o
buscar mecanismos de defensa para no tener que enfrentarnos a ellos, o poner
por delante la capacidad de raciocinio que hemos desarrollado con la edad para
que no nos conduzcan – las pasiones- por el camino de la infelicidad.
Gloria es una película sobre muchas cosas: sobre mujeres
adultas, sobre la madurez de la actual sociedad chilena, sobre el ruido de los
silencios cuando te confunde una relación apasionada y sobre la capacidad que
te otorga la edad para matar los malos rollos para así poder reinventarte y
continuar viviendo. A ciertas edades no es momento de llorar por la leche
derramada, únicamente te lo puedes permitir durante un corto periodo de tiempo,
es momento de mirar adelante, no desaprovechar ninguna oportunidad que pueda
sobrevenir y sobre todo no dejarse derrotar para seguir siendo libre, feliz e
independiente.
Por fin, una película que se aleja de los cánones de belleza
al uso y nos presenta a unos personajes con el mismo aspecto e idéntica
estética que las personas con las que nos toca convivir y compartir nuestros
espacios cotidianos en el trabajo, en el vecindario, en los transportes públicos,
etc. Paulina García, su protagonista, interpreta esta narración de mujer mayor
de forma magistral y todos los personajes que necesariamente la rodean y con
los que el director trenza esta historia hacen todavía más grande su personaje.
El ciclo vital en el que se desarrolla la película no es un
guiño a un nicho determinado del mercado. El film no se dirige a espectadores
de determinada edad, la que representa la protagonista. La vitalidad y la
valentía de Gloria, el no negarse a poder volverse a enamorar apasionadamente y
su capacidad para matar definitivamente una mala experiencia para poder no
privarse de futuras oportunidades, hacen que esta película pueda ser vista por
amantes del cine sea cual sea su edad.
Una verdadera obra de arte que no se debe dejar pasar.