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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

domingo, 16 de noviembre de 2014

RELATOS SALVAJES
DE
DAMIAN SZIFRON
Ir a ver cine argentino es una experiencia que en muy pocas ocasiones defrauda. Esta cinematografía (aunque aquí entre los productores estén los hermanos Almodóvar) no cuenta con un gran presupuesto, pero si anda sobrada de talento. Así, dispuesto a pasar un buen rato entras en la sala sabiendo, de antemano, que te lo vas a pasar bien. Únicamente surge una duda ¿con qué intensidad disfrutarás? y ¡oh! sorpresa desde el primer minuto ya estás convencido de que vas a asistir a una genialidad.
La película se compone de una sucesión de cortometrajes. Cada uno de ellos con una intensidad y una maestría propia de este género. En un abrir y cerrar de ojos todas y cada una de las historias te engancha. La velocidad con que se desarrolla la trama y el desenlace de las mismas, no te permite otra cosa que intentar no perderte ni el más mínimo detalle de lo que está sucediendo.
Todas las historias están conectadas entre sí, con un hilo conductor. Qué sería de nuestra voluntad si las normas de urbanidad, ante una situación cotidiana, desaparecieran. Sin estás reglas y su efecto directo sobre la convivencia de las personas el mundo no podría ni mantenerse, ni avanzar. Con este pensamiento central el director va presentando las diferentes narraciones pero no como en una película de terror (que sería, a simple vista, la idea más cercana al desarrollo del film), si no que nos lo muestra como una comedia.
 En no pocas ocasiones resulta de terror cómico la imagen que de nosotros mismos trasladamos cuando nos ponemos frente al espejo de la convivencia. Éste, nos refleja nuestros más bajos instintos en lugar de la figura amable que forzadamente nos vemos obligados a mostrar ¿Quién ante determinadas situaciones a las que te tienes que enfrentar en tu vida cotidiana no ha sucumbido a la tentación de imaginar que sucedería si uno pudiese romper las normas de entendimiento no escritas y actuar siguiendo el dictado de sus impulsos más primitivos? ¿Qué sensación de gratificante liberación disfrutaríamos si, por un momento, pudiésemos actuar sin escondernos tras esas reglas del juego?
Además el esquema de progreso de la obra es perfecto para los objetivos que pretende conseguir. No se produce un desarrollo de cada historia, únicamente se queda en el impacto que nos va a causar, mostrándonos una serie de estereotipos. Este planteamiento es otra de las muchas genialidades que maneja a placer el director de esta magnífica obra.
Por último y de forma muy destacable hay que resaltar la gran interpretación de todo el elenco de actores y actrices desde los más conocid@s a l@s más desconocid@s. Es difícil distinguir sobre quien recae el peso de ser el autentico protagonista con el que se asocie el conjunto de las intrigas. Todas y cada una de ellas tienen un protagonista diferente que hacen su trabajo con un nivel de excelencia tan alto que es imposible resaltar a alguno sobre los demás. Sorprendentemente no se vislumbra ningún conflicto de egos, lo que termina de redondear la película.
Hay que ver lo que dan de sí unos cuantos cortometrajes.
Germán.


DOS DÍAS, UNA NOCHE
DE
JEAN-PIERRE DARDENNE Y LUC DARDENNE

Dos líneas  para comentar esta singular  película belga. Con un planteamiento novedoso, se nos propone una historia demoledora sobre la condición humana. Por  alguna  sinopsis leída y algún comentario escuchado, yo ya iba preparada a afrontar una película pesimista. El  calificativo usado por quien  me la recomendó  para definirla fue el de “triste”. Adjetivo  que se queda corto. Es una película devastadora, porque nos muestra las más abyectas señas de identidad del género humano con la excusa de un conflicto laboral. Ahora bien, difiero  de los que  la conciben como una película sobre la barbarie del  capitalismo reinante. En mi opinión  no es una reflexión sobre la dureza de las condiciones laborales en un mundo capitalista donde los objetivos empresariales solo pasan por la consecución de beneficios económicos (nada nuevo nos descubriría, en tal caso) a costa del  desprecio más  absoluto por los  trabajadores. Es algo peor. No se plantea una dialéctica de clases (obrera/empresarial), sino el enfrentamiento entre individuos de un mismo colectivo, los trabajadores de una empresa en proceso de reducción de personal.  Es aquí donde radica el quid de la cuestión y lo que la hace especialmente impactante. Lo que podría presumirse como un  comportamiento inesperado de los personajes,  se ofrece como la  conducta habitual, cotidiana, previsible. Y es esta  confrontación entre iguales, compañeros de trabajo que comparten, en mayor o menor medida, similares condiciones de vida y similares “preocupaciones” lo que le imprime originalidad al relato.  No se trata de contrastar oponentes con intereses antagónicos, sino que se  enfrenta a sujetos que comparten la misma posición. Y sí, lo que nos presenta no es una visión pesimista de la naturaleza humana, sino una visión realista del hombre, en mi opinión.  La lucha del individuo por salir adelante,   el imperio del  más fuerte, el primitivismo más despiadado. Nos recuerda (por si alguno se había olvidado) que en la naturaleza de los hombres están inscritos los  instintos más viles que se puedan predicar, y que es en situaciones límite donde se ponen de manifiesto  con mayor claridad: la  falta de solidaridad, el egoísmo más recalcitrante, la indiferencia, la falta de empatía, si no la simple y pura maldad. En definitiva, desmonta la ingenua concepción rousseauniana sobre la bondad intrínseca del  individuo si es que alguien, a estas alturas,  todavía cree en ella……Y apunta, además,  una muy certera idea,  la de que el que menos tiene es el que más da (y aquí, son inmigrantes los que  encarnan a los más desfavorecidos).
Pero para animar al espectador, y como colofón,  se nos presenta la cara opuesta de la moneda: la protagonista que no solo se repone a la adversidad y parece salir reforzada del duro trance vivido,  sino que además es capaz de  mantenerse íntegra en un momento crucial. Es un guiño  optimista entre tanta desolación. Los directores  nos dan un respiro y nos quieren hacer sentir que a pesar de todo siempre hay excepciones que confirman la regla. Y quizá por ello merezca la pena seguir luchando……..


Alicia dixit

domingo, 26 de octubre de 2014

PERDIDA (GONE GIRL)

De

DAVID FINCHER




Nick, fornido Wasp, de vida plácida  en apariencia feliz junto a una bella y chispeante esposa,  se encuentra con que el día de su quinto aniversario de boda, tras hallar signos de  lucha en su hogar, Amy (que es así como se llama su mujer) ha desaparecido de forma inesperada y misteriosa. De esta manera comienza “Perdida”, lo que apunta ser un inicio de infarto (es una forma de hablar). A partir de ahí empiezan a desvelarse secretos de su vida matrimonial que desmontan la idea inicial  de “relación  idílica de la pareja” que reinaba a su alrededor. Se descubren, en constantes flash-backs, faltas de sintonía, desencuentros, problemas económicos,  manipulaciones varias con la guinda de la infidelidad,  que habían convertido el matrimonio  en un infierno. Nada extraordinario, hasta ese momento, porque como ya se sabe, el matrimonio es el lugar idóneo para perpetrar  lo peor que la mente humana pueda imaginar. Pues bien, así las cosas,  la  trama  engarza parciales desenlaces más o menos previsibles, a pesar de lo cual la película mantiene la tensión en todo momento,  con lo que el largo metraje (y nunca mejor dicho)   de 146 minutos resulta ameno. Pero a partir de un punto, se pierde el norte.  Lo que suele ocurrir en este tipo de films: lo que empieza siendo aterrador, acaba resultando irritante  de puro inverosímil. Lo posible se estira hasta rozar el surrealismo y lo que es impactante inicialmente, acaba siendo  cómico, vulgar, propio  de los telefilmes de serie b de la tarde  de los domingos de Antena 3 (por citar un ejemplo).

Del oficio de David Fincher no  cabe la menor  duda, y buena prueba de ello es la capacidad de entretener incluso cuando la historia se le ha ido de las manos (más bien el personaje de Amy) y recobra vida propia. Desconozco el libro  base del guion,  ni tengo noticias de su autor/a, pero tiendo a sospechar que es ahí donde se encuentra el origen del descalabro,  y que ajustarse  fielmente a  la obra, es lo que hace perder aliciente al film.

En todo caso, debo reconocer que no deja de ser una película con imán para los amantes del thriller, lo cual dista mucho de  lo leído  en algunas  de las críticas vertidas sobre ella que le atribuyen  cualidades que no posee, si no la califican,  directamente, de obra cumbre del género.

En fin, se deja ver, que ya es mucho, en los tiempos que corren. Ahora bien, yo esperaría a ponérmela en casa, una tarde  fría de domingo, al abrigo de la manta del sofá y junto a  un hombro amigo sobre el que recostarse en los momentos de máxima tensión. No da para más.

La que no hay que perderse  es  la genial “Relatos salvajes” en la actualidad en cartel.

Seguiremos informando.

Alicia dixit


jueves, 18 de septiembre de 2014

AVANT L´HIVER
DE
PHILIPPE CLAUDEL

Siendo como  es “Avant l´hiver” un característico film francés en lo que a ambientación y  ritmo se refiere, sorprende  sin embargo  por el perfectamente  bien imbricado guion y su estupenda  factura de cine de suspense. No suele deleitarnos el celuloide francés con obras de este género, o al menos  no abunda en  lo que de él se exhibe en nuestras salas, lo que no significa que no sean capaces de llegar, también aquí, a las  más altas cotas de calidad.  Película ambientada en un paraje paradisíaco que enmarca a la perfección la vida desahogada de la pareja protagonista, de clase alta, cuyas  envidiables condiciones materiales ya apuntan,  desde el inicio, a  que no todo el monte va a ser orégano. La gran mansión, el frondoso escenario y el color gris del cielo,  insinúan inmejorablemente la soledad, el aislamiento, la falta de alegría que puede  también presidir la fácil vida  de los privilegiados. Y en eso consiste la historia que Philipe Claudel nos relata con primor. Los avatares de un profesional de éxito, felizmente casado, con una familia idílica y amigos incondicionales con los que compartir los cotidianos agradables momentos no son siempre perfectos. O mejor dicho, no son nunca perfectos, por mucho que  puedan parecerlo. Tras la aparente concordia y placidez siempre se esconden secretos que enrarecen las relaciones  y complican la existencia. Con la excusa de una aparición repentina, una joven que irrumpe de forma inesperada y persistente en la vida del protagonista, cirujano de profesión y  perfectamente encarnado por Daniel Auteuil,   se  ponen sobre la mesa las cartas de su vida personal mostrando  las dificultades propias del devenir de cualquier sujeto con independencia de su procedencia, raza o  condición. No siempre son las mismas, naturalmente, pero cualesquiera que puedan ser impiden una vida plenamente placentera. Y así aparecen los celos detrás de amistades inquebrantables, o los secretos que distorsionan los afectos, crisis que se viven independientemente de las particularidades, cuando la convivencia con la pareja  se alarga en el tiempo, o  las que se producen en el ocaso de la vida laboral de aquellos que han gozado de reconocimiento y éxito en sus respectivas profesiones y que  ven llegado el momento de ceder el testigo a jóvenes con empuje. De toda esta combinación de elementos, resulta un cóctel fabuloso al hilo de dos historias paralelas: una,  la del fluir de la  rutinaria vida del protagonista, otra, la de los efectos  en  ésta  de la irrupción inesperada de una joven marroquí que actúa de detonante de  los  conflictos latentes en su interior.
Como guinda al  suculento pastel  la presencia de los protagonistas, Kristin Scott Thomas y Daniel Auteuil, que impregnan de veracidad sus personajes.
En fin, este inesperado y atípico film francés ha colmado todas mis expectativas, y me confirma, una vez más,  la buena forma, la vitalidad y creatividad  cinematográfica de la que gozan nuestros vecinos del norte. 
Chapeau!!!


Alicia dixit

martes, 9 de septiembre de 2014

EL NIÑO
DE
DANIEL MONZÓN


Tras la seductora Celda 211,  era inevitable crearse  ciertas expectativas sobre lo que Daniel Monzón pudiera deparar al a priori entregado espectador. Craso error el de crearse expectativas, porque ello conduce, casi irremediablemente, a la decepción. Aun así,  tuve que  desterrar la inicial desconfianza que me generan las cintas de acción para mantener intactas las ganas de ir al cine. También  hube de desechar cierta  reticencia  provocada por  el hecho de que el argumento  versara sobre  el tráfico de drogas en el estrecho, no tanto porque el tema no me parezca de actualidad además de tremendamente oportuno  para  un film  de este tenor, sino porque, como ya vengo advirtiendo reiteradamente en mis reseñas, los  ambientes sórdidos  y  por ende, las historias truculentas que en ellos habitan, me hacen cada vez más insoportable el visionado de ciertas películas.

Creo que, no sé si producto de la edad, de los cambios hormonales experimentados, o sencillamente de una evolución  natural  de la razón  y del buen gusto (que en algunos casos se refina  con la edad) lo cierto es que  mi subconsciente ha ido desarrollando un rechazo casi físico a las películas “violentas” o simplemente  “desagradables”,  hasta el punto de desistir de ir al cine cuando tengo noticias de la dureza de determinadas escenas.

 Y esta podría ser calificada de “desagradable”,  en el sentido de que si bien es ficción todo lo  contado, resulta tan verosímil que uno es consciente de que la realidad del universo descrito no debe diferir demasiado de lo que se nos presenta en la pantalla: la brutalidad de los capos del narcotráfico, el mundo de la marginalidad y la precariedad económica como  caldo de cultivo de  incautos que caen en manos de los más desaprensivos sujetos;  la inconsciencia (si no la desesperación) de muchos de los  jóvenes que se adentran en el mundo del tráfico de  drogas; la dificultad para escapar de las redes de las  bandas una vez en ellas……….

Pero,  aun contando con que la temática me iba a resultar poco atractiva,  mantenía intactas  todas mis ilusiones  sobre las bondades de “El niño”. Y tengo que decir que creo que cuenta con muchas.  Así, las escenas de acción son verdaderamente creíbles, por auténticas, y no requieren de otro tipo de artificios (efectos especiales) para resultar trepidantes; el guion está logrado, realista  y no cae  en excesos ni florituras que con frecuencia  hacen  difícil seguir el hilo argumental (aquí se sabe quiénes son los malos que están claramente identificados y no son más de los estrictamente necesarios, salvo allí donde debe mantenerse el misterio); sus  diálogos son  muy de la calle, muy frescos;  el factor sorpresa se maneja correctamente  hasta prácticamente el final de la cinta;  el trabajo  de los actores es correcto (me gustan el  estreno en la pantalla del  protagonista, Jesús Castro,  que responde no solo  físicamente sino también  por la actitud perfectamente a la psicología del  personaje principal y  el descubrimiento de Miriam Bachir, que resulta, además de  natural, de una poderosa belleza); los romances…….En fin, “El niño”  se caracteriza  por ser un claro ejemplo de cinta de acción/suspense que cuenta con todos y cada uno de los ingredientes necesarios bien dosificados para configurar una película entretenida. Entonces por qué llegué a aburrirme en algún momento de la cinta????? No tengo una respuesta clara para esta pregunta: un exceso de metraje, combinado con  alguna pérdida de ritmo puntual  y una cierta frialdad en el relato, quizá. Detecto una cierta ausencia de calidez en la forma de contarnos la historia que se suple con una impecable  factura técnica pero que  no impide que la historia se  mantenga  alejada  del espectador. Le falta, pues,  cercanía.

Si bien  soy capaz de apreciar las  numerosas cualidades de este  thriller y  de reconocerle el mérito  a su director, pareciéndome como me parece un buen producto del puro cine de entretenimiento, esperaba algo que no me ha podido dar.

Suscribo plenamente las certeras palabras de Carlos Boyero que la califica de “brillante pero no cautivadora”. No tengo más que añadir.

Alicia dixit


lunes, 18 de agosto de 2014

BEGIN AGAIN

BEGIN AGAIN
DE
JOHN CARNEY

Teniendo en cuenta mi bien conocido desapego por los musicales, mi opinión sobre Begin again tiene un especial significado. No quiero decir con esto  que mi modesta visión  tenga más validez que la de cualquier otro sino que el hecho de que los musicales me produzcan una cierta aversión  dice mucho de mi entusiasmo por algunas películas del género. Porque cuando me encuentro ante un buen film soy capaz de reconocerlo por encima de cualquier otra circunstancia y este es el caso que nos ocupa.
 Desconocía casi todo de la película, salvo lo leído de pasada en una crítica cinematográfica de esas de las que suelo desconfiar. En esta ocasión,  no saber nada sobre su autor (el  exmúsico  irlandés John Carney) ni sobre su obra anterior (la vanagloriada Once, que trataré de localizar en cuanto tenga ocasión), ni sobre el género de pertenencia,  me permitió con mayor naturalidad dejar aflorar mi  sexto sentido fílmico. Y superando algún que otro prejuicio de los que no debería confesar (Keira Knightley, tampoco es santo de mi devoción y estas cosas me retraen de ver ciertas películas), sumado a la sequía  cinematográfica propia del periodo estival, me decidí  a verla.
Y me encontré con lo que siempre espero hallar en una sala, una película sencilla y fresca, mágica, cautivadora. Emotiva sin ser lacrimógena, previsible y  sorprendente  a la  vez, donde el final no es como sería esperable, al tiempo que resulta sencillamente auténtica, genuina. Una película que bien podría ser una historia real, donde el encuentro de dos personas en idéntica situación  personal, que conectan, en este caso  en lo musical,  produce el espejismo del surgimiento del amor. Y así es, la comunión que logran los personajes principales, interpretados de forma correctísima por Keira Knightley y Mark Ruffalo, que consiguen transmitir con gran espontaneidad, permite construir un relato cercano, verdadero  y conmovedor.
Dos personajes perdidos que se encuentran en el momento adecuado, lo que  les sirve  para apoyarse el uno en el otro y así salir reforzados  y poder  avistar la luz al final del túnel.
De fondo nos acompaña una más que digna banda sonora que contribuye a crear el ambiente acogedor que define la película, siendo una parte más de la historia. La música se convierte, así, en otro  personaje, que te cautiva y te seduce.  No es por tanto, un musical al uso, sino una película donde la música es más que  cooperadora necesaria, imprescindible. Supongo que el hecho de que su director sea un músico retirado le permite aproximarse al género con una desenvoltura que se respira.
Siendo como soy refractaria a los musicales, he de admitir que “Begin again” me ha complacido como hacía tiempo que no me ocurría. Tanto si gusta como si no este tipo de  cine,  no puedo más que  recomendarla, porque es la clase de película gozosa, optimista que te contagia buen rollito. Alguien da  más?

Alicia dixit

martes, 3 de junio de 2014

MADRE E HIJO
DE
CALIN PETER NETZER

Al olor del “Oso de Oro”  y del premio “FIPRECI”  de la crítica internacional del Festival de Berlín 2013,  y de la unánime crítica nacional sobre las bondades del film, acudo, no sin cierta desconfianza, a ver la rumana “Madre e hijo”.  Por  esa intuición mía que rara vez me falla, no las tenía todas conmigo, a pesar de lo cual decidí dar un voto de confianza a tanta coincidencia. Las sesudas interpretaciones  leídas sobre la cinta  me sirvieron para entender una película que no deja claro el mensaje que quiere transmitir. De no ser por las lecturas previas, nunca  habría deducido que el tema central del film es la relación de una madre  castradora y su  único hijo. O mejor dicho, la obsesión de una madre cuya característica primordial es el exceso de control o la sobreprotección que ejerce  sobre su vástago. Y digo que esto lo deduzco de las reseñas leídas, porque en la pantalla solamente veo una narración perdida, desenfocada, poco precisa, borrosa, donde quien sale peor parado  no es la madre, en contra de lo esperado,  sino  la supuesta víctima, el hijo. Si bien la idea, parece ser, es la de que la madre ejerce un control enfermizo sobre su hijo, que a pesar de tener más de 30 años y haber decidido independizarse, no puede desembarazarse de la vigilancia de su progenitora que supervisa todos  y cada uno de sus movimientos,   lo cierto es que lo que vemos en la pantalla no es fiel reflejo de lo aquí contado. Y digo contado (por mí, a partir de terceras lecturas) que no visto,  porque yo no sé si habría llegado a esta conclusión por mí misma.
Lo que yo sí  veo es la descripción de una mujer de clase acomodada rumana, profesional liberal, que se muestra perpleja y se  lamenta de que su único hijo se aleje de ella  irremediable e incomprensiblemente a sus ojos. Y a los míos también resulta inexplicable, porque  a tenor del retrato que se nos hace de la supuesta obsesa resulta difícil discernir las causas del rechazo. Del relato de la mujer (en las conversaciones con la hermana) y de algún exabrupto del personaje del hijo, se constata que  éste rechaza de forma visceral a la madre y se niega, sin contemplaciones, a dejarse manejar. Exige ser él quien   lleve las riendas de la relación. Tenemos que deducir, por tanto,  que hasta ese momento  la cosa era bien distinta. No sé si pretende emplear la elipsis como medio para abordar el relato, porque salvo un par de diálogos explícitos, lo que se nos muestra en pantalla es cosa bien distinta de lo esperable, pero de ser así, el intento resulta frustrado. En cambio se nos muestra a una señora, que si bien se entromete en la vida de su hijo más allá de lo que dicta el sentido común,  sin embargo esa  invasión del espacio ajeno no es más intensa de  lo que suele darse en los casos de  madres de un único hijo cuando éste se va de casa, y que padecen, por tanto, lo que los psicólogos norteamericanos han bautizado como el  “síndrome del  nido vacío”. Es más,  esta señora  se muestra cariñosa en todo momento, considerada y generosa  y hasta cordial con la nuera,  a pesar de que no es santo de su devoción lo que  no deja de ser una muestra de respeto y de un grado encomiable de civilización por su parte. Qué cosa más natural que a una madre no le parezca  su nuera lo suficientemente digna  de  su hijo!!!!! Siempre que mantenga las formas y  el trato correcto, cosa que no deja de hacer  la protagonista ni por un momento, no encuentro nada reprochable en su  conducta.  Respecto del control al  que quiere seguir sometiéndolo, se explica con detalles tan irrisorios como el de  tener colocada en su casa (la del hijo, se entiende) a la asistenta que trabaja en la suya propia,  con objeto  de estar informada de cuanto  allí acontece. Pero quién no siente curiosidad por  conocer las condiciones  en las que vive su hijo, por intrascendentes  que estas puedan ser????  Nos ocurre hasta  con nuestros propios vecinos de rellano. Y si no, que alguien me explique qué es lo que mueve a miles de espectadores a seguir con devoción  los programas de “gran hermano” que tanto proliferan en las parrillas. Vamos, que si esta  señora es una madre castradora que venga Dios y lo vea.  A mí me parece una madre preocupada por su hijo,  como cualquier madre “convencional”, que resulta respetuosa, afectiva, entregada a la causa de proteger al hijo en una situación más que comprometida.  En otras palabras el personaje femenino me parece simpático, siendo la ordinariez y la brusquedad del hijo lo que  me parece francamente fuera de lugar. O el autor  no sabe lo que  es, en realidad, una madre castradora  o es que no ha sabido contárnoslo. Si para vislumbrar la intención del autor  tienes que estar a las explicaciones que  te dan los propios personajes, (o a la interpretación  de  cierto sector de la crítica) es que algo falla.
En cambio el mundo de la corrupción que lo impregna todo en la vida pública de Rumanía, sí queda claramente expuesto. Aquí no se  precisa de ninguna explicación adicional. Lo que me confirma, por si cabía alguna duda,  que el autor fracasa en la descripción de la psicología de los personajes. Y no será porque no hay mil maneras de dibujar a una madre posesiva y desequilibrada generadora de neurosis familiares. Quizá la circunstancia elegida para el relato (un accidente  de tráfico con resultado de muerte de un niño) sea el menos adecuado para hacernos ver la capacidad manipuladora de la  mujer. Porque más bien al contrario, cualquier “madre tipo”  haría lo indecible por  asistir a su hijo en una situación crítica como la contada en la cinta.
Por salvar algo de lo visto, diré que las interpretaciones son magníficas,  pero no merecen por sí solas  la asistencia el cine. Ninguna gran interpretación es, en mi opinión,  capaz de salvar una película fallida como   “Madre e hijo”. No encuentro, por tanto, razón alguna para recomendarla. Por el contrario, en mi opinión   lo recomendable es buscar alguna otra película que ver, para matar el gusanillo de las ganas de ir al cine.  Yo tenía un par de  alternativas en cartera, por lo que me resarciré tan pronto tenga oportunidad. Y esta vez sí me dejaré guiar por mi olfato, que es fiel amigo y no me traiciona.

Alicia dixit.