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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

jueves, 20 de agosto de 2015


THE CUT (El padre)
DE 
FATIH AKIN
Divulgar la causa armenia, saldar deudas emocionales y ser capaz de mirar el conflicto turco-armenio   con serenidad y rigor histórico,  parecen haber sido los retos asumidos por Fatih Akin al abordar esta película.
Proveniente de una tradicional familia turca, no parece haberle resultado fácil distanciarse de la versión “oficial” de los acontecimientos, para presentarnos  un sencillo y común relato del horror.  Pero lo ha conseguido y así,  ha situado la trama, en el lado del pueblo masacrado. No escatima recursos para relatarnos el drama desde la perspectiva de una  apacible familia de artesanos que sufre la separación primero, el  sufrimiento más descarnado  e irreversible seguidamente,    la exterminación de buena parte de sus miembros después, y finalmente el éxodo, la huida  del horror, de las dos hermanas gemelas e hijas del protagonista, en un largo  y accidentado peregrinar hacia tierras americanas.
Esta es la historia de la película, la de un hombre que padece innumerables  sufrimientos para acabar despojado de todo aquello  que daba sentido a su vida de hombre bueno.   Hasta que un buen día descubre que sus hijas, supervivientes del exterminio en el que perecieron sus más allegados, abandonaron el país, sanas y salvas con destino a Cuba. Y decide emplear sus  más que diezmadas fuerzas en  su búsqueda.
Otra road movie de las que tanto gustan a Fatih Akin. Todas sus películas contienen ese algo de búsqueda emocional y física,  de heridas abiertas que  tratan de cerrarse mediante el acercamiento  a  los mundos diferentes que luchan por  convivir pacíficamente y que  configuran su identidad. La  búsqueda que representa  la salvación. Este hombre,  muerto en vida, no tiene más esperanza que el reencuentro con sus hijas. Y emprende el viaje.
Se adentra  el autor en la historia del  genocidio armenio,  a partir de un relato que bien podría ser real y que pretende, según palabras del propio director,  estremecer a los espectadores sin importar el lado en el que se sitúen.
Pero en mi opinión, este film épico, rodado con esmero y con la delicadeza que define el cine de Akin, resulta un tanto excesivo. Para describir el sufrimiento del personaje del padre  no eran necesarias 2 horas y 18 minutos de metraje. La búsqueda resulta agotadora, pero de puro detallista. Hubiera podido abreviarse el relato y no se hubiera permitido que el espectador se disipara y acabara exhausto de tanta frustración. El exceso, en casi todo, acaba resultando estragante y produciendo el efecto contrario al buscado.  Te acaba distanciando del dolor, y provocando una cierta indiferencia.
Yo llegué un tanto fatigada al desenlace, quizá por exceso de puntillismo, quizá porque no se nos da una tregua. Ni siquiera al final.
El tema  da para mucho y no ha sido explotado en el  cine lo suficiente, por lo que podría haberse esperado algo diferente, especialmente si proviene  del   gran  Fatih Akin.  Y sí, en mi opinión, es un film impropio de su autor. Me explico,  había momentos en los que me parecía encontrarme ante el cine grandilocuente de superproducción de la fábrica Hollywood, al más  puro estilo Steven Spielberg.  Luego he sabido  que el autor del guion, junto con el propio Akin,  es Mardik Martin, afamado guionista americano de origen iraní (son suyos los guiones de “Malas calles” “Toro salvaje” o “Valentino”, por citar algunos ejemplos)  por lo que su  inconfundible sello de “American movie” no es producto de mi imaginación.  
Ajena a su autor, con una cierta pérdida de su personal impronta, así me ha resultado la película, a pesar de contar con muchos de sus rasgos inconfundibles. Entre estas señas de identidad se encuentran la multitud de simbolismos que plagan la película. Así el protagonista, pierde el habla y hasta la fe, como expresión de la más absoluta de las devastaciones en que puede sumirse el ser humano. Con la descripción del  dolor del padre  quiere mostrarnos el dolor de todo un pueblo.  Y bajo el minucioso relato asolador de acontecimientos,  siempre subyace  un poso de esperanza, un rayo de luz,  un atisbo de optimismo, representados  por  la bondad de algunos de los personajes con los que tropieza el protagonista.
Anyway, fallido  resulta el casting. El protagonista, Tahar Rahim (joven actor francés de origen argelino) no  se hace con el personaje. No consigue transmitirnos (o al menos a mí)  con nitidez la amargura que el personaje acumula a lo largo del film, ni los estragos del  paso del tiempo, que añadido al mucho dolor deja secuelas inevitables en el aspecto de cualquiera. Sin embargo, el protagonista aparece joven (lo es, tiene 34 años) por no decir jovial,  en todo momento. O no se han esmerado en su caracterización o  esta apariencia juvenil es algo premeditado.  Cualquiera que sea el  caso me  resulta francamente chocante.
No sabría si recomendarla. Me escabulliré diciendo que hay multitud de  películas imprescindibles  en el haber de Fatih Akin, por lo que siempre habrá otras opciones antes que  “El padre”.
Alicia dixit

viernes, 14 de agosto de 2015


REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL
DE
LETICIA DOLERA

Qué gusto da estar desplazado y disfrutando  de vacaciones y además encontrar la película perfecta para  complementarlas. Esta ha sido mi sensación cuando en medio de mi descanso estival  he visto el típico cine de pueblo, sí de los que ya no quedan, con una cartelera que muchas salas de Madrid querrían  para sí y ¡oh! sorpresa allí estaba, “Requisitos para ser una persona normal”. Una comedia de lo más refrescante, el tipo de cine que en no pocas veces añoramos, sencillo, romántico,  alegre, tierno, vitalista y que además se permite hacer guiños a determinados comportamientos  humanos. Así nos muestra  nuestra capacidad para articular frases sin sentido sobre el arte moderno y, lo peor, que sean escuchadas. También para ponernos frente al espejo sobre la conducta que adoptamos al elevar a liturgia casi espiritual el consumo de algún producto, que no requiere mucha elaboración que digamos, como es el “gin tonic”. Por no mencionar la eterna realidad de que con frecuencia  es mucho  mejor ser feliz con una persona con la que te entiendes que con la que representa la pareja ideal. Esto último es algo que parece indiscutible pero que no se practica con tanta asiduidad como nos creemos. Una película que también refleja desde un punto de vista vitalista y sin tapujos, para esto están las comedias, la situación de la juventud de nuestro país, esta que es la mejor preparada de nuestra historia. Tampoco elude el conflicto familiar sobre todo el que se produce cuando se pretenden mantener las relaciones fallidas a costa de lo que sea, sí esto sucede todavía ahora después de 34 años de ley del divorcio. Igualmente plantea magistralmente el concepto tener una discapacidad frente al de  ser discapacitado.
Sobre el elenco de actores elegidos para acompañar a la protagonista, sólo cabe un comentario, son perfectos: Camen Machi hace una pequeña aportación simplemente magistral; Manuel Burque, desconocido para mí, al que espero verlo mucho más después de este más que notable trabajo; Miqui Esparbé representando al novio que toda madre quiere para su hija y Alexandra Jiménez que muestra como nadie a la chica que ha conseguido ser una madre y pareja digna de aparecer día sí y día también en la revista TELVA.
 Acertado, todo muy acertado en una película muy ligera pero que se puede permitir pegar unos cuantos zascas con una elegancia similar a la imagen que traslada su directora y protagonista ante la que no te queda más remedio que caer rendido.
Mira tú por dónde resulta que contamos en España con una Audry Tautou y la tenemos relegada a hacer cortos y cosas muy menores a pesar de su evidenciado talento  tanto como guionista como  directora y actriz. Esto sería impensable en Francia. Esperemos que nuestra industria lo entienda, lo acepte y le permita ocupar el puesto que ya le corresponde después de esta obra. Leticia Dolera es un regalo para la cámara.
Germán.  

martes, 7 de julio de 2015


LEARNING TO DRIVE
DE
ISABEL COIXET

Cuando el viernes me puse a revisar los estrenos  de la semana, me encontré con la agradable sorpresa  del último film – El padre- de Fatih Akin, del que no hacía más de ocho días -curiosa coincidencia-  tuve el placer de ver “Im Juli”, después de años sin noticias suyas.

Cuando ya creía firme la decisión de no esperar ni un día más de lo necesario para ir a verla, me sorprendió, asimismo,  el  estreno de la última de Isabel Coixet.

A pesar de sus últimos trabajos, francamente decepcionantes,  nunca me resigné  a aceptar que  la directora catalana hubiera perdido la capacidad  de emocionarme, como hizo con sus primeras películas (“Cosas que nunca te dije” “A  los que aman”,  la extraordinaria “Mi vida sin mí”,  “La vida secreta de las palabras” o “Elegy”). De manera que me surgieron las dudas. Y finalmente opté, impulsada por mis deseos de reconciliación,  por “Aprendiendo a conducir” que parecía, sobre el papel, más ligera de ver. (Dejo el genocidio armenio para mejor  ocasión).

En todo caso, la elección fue más que acertada (sin menospreciar la película de Akin, que será, sin duda, la siguiente). He recuperado a Isabel Coixet para mi lista de imprescindibles y eso  ya es suficiente  gratificación. Me he reencontrado con una de las directoras que  mejor es  capaz de contar, con tono apacible,  sosegado, armonioso las historias épicas de los héroes de la vida cotidiana (en general heroínas). Gente capaz de sobreponerse a las constantes adversidades de la vida con dignidad, con entereza. Gente honesta,  decidida, de esa  con la que nos encantaría cruzarnos por el camino  más a menudo.

Y esta es, como bien se ha  dicho, una historia de segundas  oportunidades. Una historia real como la vida misma, con la que cualquiera puede sentirse identificado en alguna medida. Y como es habitual en su cine, esta película rezuma optimismo por cada uno de sus fotogramas.

Siendo una historia corriente (Wendy, neoyorquina madura, independiente e inteligente a la que abandona su marido por irse con una jovenzana) parece como si fuera la primera vez que nos la contaran.

Las otras vidas que se entrecruzan con la de Wendy son igualmente verosímiles (las sorpresas en los matrimonios concertados que no difieren tanto de las que  se producen en los matrimonios “convencionales” tras años de vida en común;  la dureza de la inmigración; los, con frecuencia, patéticos encuentros amorosos entre personas talluditas……) de  manera que juntas conforman una historia de coincidencias y desencuentros creíbles.

Mención especial merece la extraordinaria interpretación  de los grandísimos Patricia Clarkson y Ben Kingley, actores que repiten con  Isabel, después de Elegy.  Su sola presencia justificaría la visita al cine. Nos hacen creer sus personajes, hasta el punto de  que pareciera que los conocemos de toda la vida.

Ben Kingsley borda el papel de hindú sij (y no solo el acento, sino los movimientos, una forma de andar peculiar….) hombre de honor y fuertes convicciones, que aunque fiel a sus principios  no puede resistirse al atractivo de  la personalidad  arrolladora de  Patricia Clarkson.
Patricia Clarkson, por su parte, en apariencia desorientada y perdida tras el abandono del marido, es capaz de, con  firmeza, valentía y  clarividencia, salir airosa de la ruptura y enfrentar su nueva vida con bríos renovados.

El encuentro fortuito de los dos personajes protagonistas, pone sobre la mesa lo que  es obvio, por mucho que algunos se empeñen  en negarlo: son  siempre más las cosas  que nos acercan a los humanos que aquellas que nos diferencian, por muy culturalmente alejados que estemos unos de otros.

Ambas interpretaciones están de lujo  y la propia “Learning to drive” es una de las películas más redondas de su autora. Película inclasificable, pero fácilmente descriptible: impecable. Sin ir más lejos, la escena del sexo tántrico pasará a los anales del cine como una de las más divertidas jamás rodada (haciendo gala de un humor mucho más sutil e inteligente que el de otras escenas  míticas como  la del orgasmo fingido por Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a  Sally”, por ejemplo).

He disfrutado, en definitiva,  todo lo que el cine  puede hacerme disfrutar.

Bienvenida de nuevo, Isabel. Esta vuelta a los orígenes (cine rodado en EEUU, con actores anglosajones  y en inglés) nos ofrece lo mejor de ti. Espero que sigas así por mucho tiempo.

Alicia dixit.


martes, 30 de junio de 2015


IM JULI
DE
FATIH AKIN


Para rematar el curso de alemán, la profe (desde aquí mi homenaje a su buen hacer) nos ha puesto  la impresionante “Im Juli”, película que fue en su momento (2000) un éxito de crítica y taquilla en su país de origen (desconozco si circuló fuera del circuito germanófilo). Y ha sido, sin duda, un magnífico colofón para un curso divertido y estimulante.  Cuando nos comentó su intención de traer a clase este film del turco-alemán Fatih Akin,  me vinieron a la memoria  las películas vistas  de este autor (Gegen die Wand, Auf der anderen Seite y Soul kitchen, en sus títulos originales) y el buen sabor de boca que cada una de ellas me dejó, en su momento.
Fatih  posee un don para  contar historias. Su cercanía, su naturalidad,  su gran capacidad para transmitir emociones me  han convertido en una fiel e incondicional admiradora desde siempre. Pero lo había olvidado.
“Im Juli”  me ha erizado el vello. Me ha sacudido (de satisfacción)  y me ha refrescado  las emociones ya sentidas con la  sencillez con la que ya lo había logrado en las  anteriores ocasiones.
Película previa a las ya vistas por mí, “Im Juli” anticipa perfectamente lo que  ha sido,  a continuación, su universo fílmico: la confluencia de dos mundos supuestamente antagónicos (el alemán y el turco) pero que resultan a los ojos del espectador perfectamente ensamblados. Sentimientos como el amor “romántico” planteado sin florituras ni  prejuicios.  El itinerario que siempre recorren sus protagonistas a lo largo de las distintas geografías y los distintos paisajes humanos, como símbolo de la búsqueda de la identidad y en último término de la felicidad, acompañados por otros múltiples  simbolismos que le permiten  explicarnos su peculiar visión del mundo.
Por si faltaba algo, las  peripecias y aventuras de sus protagonistas  transforman cada película en una  perfecta obra  para el entretenimiento.
Pero llaman especialmente la atención la dulzura que impregna cada relato y la ternura de  cada uno de sus  personajes,  y le convierten en un maestro de su tiempo, en un rara avis del  cine alemán  tan escueto  y tan poco generoso (o al menos  la mayor parte de lo que de él  se deja ver  por estos lares).
Fatih Akin nos habla sobre lo verdaderamente importante de la vida cotidiana  con una sencillez inaudita.  Cada obra suya es turbadora y a la vez ingenua. “Im Juli” rebosa optimismo y entusiasmo.
Una road movie colorida y chispeante  como hacía tiempo que no veía en el cine, con el sabor característico de las películas del autor, relatada como  si de un  cuento oriental se tratara,  es,  sin duda,  una obra imprescindible de su filmografía.
Cine lírico por excelencia que no dejará a nadie indiferente. Si no lo conocéis ya es hora de que lo hagáis. Yo, por mi parte, prestaré más atención a la cartelera por si nos llega alguna de sus más recientes creaciones.
Imperdonable perdérselas.
Alicia dixit


sábado, 27 de junio de 2015

NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA
DE
GUY JENKIM

El humor británico goza de un merecido prestigio que tiene, como no podía ser de otra manera, su correlato en su cinematografía. Yo aprecio casi por igual  su cine “satírico” (del que son auténticos maestros)   y lo que  podríamos denominar como  de cine “social”. De  la combinación de ambos resultan las comedias más hilarantes que uno pueda disfrutar.  “What we did on holiday” mezcla a la perfección elementos de ambos estilos  para conformar  una comedia –que resulta no serlo tanto- verdaderamente conmovedora.
La pareja formada  por un escocés y una  inglesa   en franca crisis matrimonial, con sus tres  hijos de edades comprendidas entre los   5/6     y  10/12 años   con  muy marcadas personalidades, componen una entrañable familia, que ensambla perfectamente con el ambiente estrambótico de la rama familiar escocesa a la que van a visitar a propósito  del 75 cumpleaños del abuelo, que padece un cáncer terminal.
La personalidad arrolladora del abuelo (espléndido Billy Connolly) incluso en las peores circunstancias, es una lección de vida para todos. Su personal visión del mundo  y sus extravagantes maneras   lo convierten  en un free spirit que hace las delicias de los más jóvenes.  Esta  singular relación entre nietos y abuelo propiciará   una rocambolesca situación  que va a suponer un catalizador para las relaciones familiares.
Un manejo inteligente del  humor “negro”  británico tan característico y  una cierta sátira social planteada desde la perspectiva de los niños protagonistas, hacen reír y emocionarse a partes iguales. .
Su frescura, agilidad, magníficas  interpretaciones (todos  están impecables en sus  respectivos papeles) y excelente  remate (se mantiene, al final,  el tono jovial reinante a lo largo de todo el film, cuando podría presagiarse un final lacrimógeno) convierten a “Nuestro último verano en Escocia” en una de las mejores opciones que ofrece la cartelera estival. Y por qué no decirlo, el cantarín acento escocés  y el siempre sugerente escenario  de las High Lands (cuando se vive en el sur, claro) son  otros más   de sus  múltiples alicientes.
Película hecha para  el  agrado de todos los públicos, es un valor seguro. No hay, además, mucha oferta de interés en las salas. Todo son razones para no perdérsela.

Alicia dixit

sábado, 23 de mayo de 2015

LA FAMILIA BÉLIER
DE
ÉRIC LARTIGAU

He tomado la  firme decisión de  no leer con anticipación  las críticas de las películas que planeo ver. Decididamente prefiero dejarme llevar por el olfato, dejarme sorprender, porque no hay nada más decepcionante que ver frustradas las  propias expectativas.
 Y eso exactamente me ha ocurrido con “La familia Bélier”  sobre la  que todo el mundo contaba  las mil maravillas.
Sin más prolegómenos, y yendo al grano diré que me ha parecido una película ñoña, sentimentaloide  y repleta de clichés sin gracia alguna. Podía esperarse  por razón de la historia (y en mi caso así era)  una propuesta original  sobre las tan manidas relaciones familiares. Pero para mi desgracia nada ha resultado ser como esperaba: el  planteamiento inicial (familia de sordomudos con la única excepción de  la hija mayor, de 16 años) que hacía presagiar algo novedoso y fresco, sin embargo   resulta ser una colección  de tópicos planteada con una  emotividad más que naif, pueril.

Se dan todos y cada uno de los lugares comunes imaginables: familia que se apoya en la hija mayor, la que por tanto, soporta un exceso de responsabilidad en la  gestión de  la granja familiar, y en definitiva en el sostenimiento de todos.  Una supuesta organización del trabajo (el padre se ocupa de  las tierras, la madre elabora los quesos, la hija atiende los animales y  el tenderete donde se venden los productos elaborados en los mercadillos locales, actúa de interlocutora en la gestión del negocio, etc……..) oculta una evidente   posición  desequilibrada de la  balanza, que se inclina sobre el  lado de la  joven protagonista. Además de todo lo anterior   asiste a clase, tiene amigas, y se interesa por los chicos, como es natural,  y  se descubre poseedora de una voz prodigiosa.

Un profesor de canto detecta en ella  un gran talento vocal  por lo  que se propone prepararla para  unas exclusivas pruebas selectivas en París. De manera fortuita se abre  ante la joven una expectativa  de futuro  imprevisto, estimulante  y prometedor pero que implica  el abandono de la casa familiar.

Y en torno a la posibilidad de  su ida a París  giran los emergentes conflictos personales y familiares: el deseo de la joven por aventurarse a una vida “distinta”  contrapuesto a su  sentido de  la responsabilidad, que la liga a su familia de forma irremediable. Por su parte, la  familia  se enfrenta, asimismo,  al dilema de la pérdida de apoyo que supone la ida de la joven,  y la oportunidad del  futuro  plagado de  sugerentes perspectivas  que se presenta ante sus ojos.  

Lo dicho,  si  a que sobre el papel el guion ya  apuntaba maneras, le añadimos  la tradición del buen cine francés hecho con solera y solvencia, tal combinación de elementos parecerían avocar a un acierto seguro, pero salvo la frescura de la interpretación de la protagonista (que sorprendentemente se estrena en el cine) el resto es melífluo. Los personajes caricaturizados de los padres granjeros resultan más que cómicos, grotescos; se ridiculiza el ambiente rural  en contraposición con el “aire  exclusivo de la ciudad” encarnado por  el chaval venido de la capital;  los números musicales no me parecen  la mejor elección (lo cual sorprende especialmente dada la gran tradición de música popular francesa);  el desenlace final más que conmovedor resulta verdaderamente lacrimógeno, en fin.  

El éxito que la precede, puede tener que ver con el carácter chovinista de nuestros vecinos del norte- del que, por otra parte, tendríamos mucho que aprender en la defensa de lo autóctono - más que con las cualidades objetivas del film.

Pretendiendo emular la gran película del género “Los niños del coro”, no le llega ni a la suela de los zapatos.

Película mediocre en el planteamiento aunque digna en el resultado, porque el oficio de los cineastas franceses obra milagros, como  el que aquí ocurre.  Por ello y solo debido a esa profesionalidad que les avala, la película se deja ver. El  potencial, en mi opinión desaprovechado del film  me hace desconfiar de la audacia del director. Je suis  sincèrement désolée,  mais hay demasiada oferta en el mercado  como para dar segundas oportunidades.  No reincidiré con este  director.

Alicia dixit


martes, 28 de abril de 2015


EL AÑO MÁS VIOLENTO
DE
J.C. CHANDOR
La violencia impregna nuestro estilo de vida y aparece en muchos ámbitos de la sociedad actual. Hay un terreno  en el que ha conseguido hacerse hueco y caracterizar nuestra cotidianidad que es  en el mundo laboral. Desde hace algunas décadas se valora de manera singular en nuestro país la figura del ejecutivo agresivo o mejor expresado el ejecutivo violento. Este se caracteriza generalmente por ocultar su incapacidad y en muchos casos su falta de preparación mediante  comportamientos más violentos que agresivos. Tanto es así que cada vez está más aceptada la comunión entre violencia y triunfo profesional.
La película de J.C. Chandor va de esto,  de lo difícil que resulta  sacar adelante un negocio sin  recurrir a alguna forma  de  violencia. La única diferencia entre la película y la realidad es que en aquella la violencia es más explícita en algunos aspectos y en otros se sitúa en la frontera de lo permitido. Lo que sí es capaz de presentarnos el director es cómo en el mundo de los negocios nada  es sagrado, lo único que importa es ganar. Para resaltar este aspecto nos traslada al año más violento que sufrió la ciudad de  New York: 1981.
La película sitúa la base del relato en un inmigrante buscavidas que de forma honorable, hasta conseguir poner nervioso al espectador, consigue salir adelante con éxito y cumplir el sueño americano (este último aspecto es algo de obligado agradecimiento pues hasta ahora en este tipo de filmes siempre nos han presentado a este colectivo  como  integrado por personajes sin escrúpulos, jefes de mafias capaces de todo con tal de cumplir sus sueños). Así, el protagonista se ve acosado por otras empresas del sector en el que opera para desbancarle para lo que emplean todos los medios a su alcance (asaltos, robos,  apaños  en connivencia con la justicia, etc.)
El protagonista, Oscar Isaac, que interpreta con soberbia maestría su personaje, consigue sortear todas las dificultades y sacar adelante su gran inversión lo que le va a permitir tratar desde otro nivel a sus rivales. Siempre contando con el incondicional apoyo de su mujer, igualmente magníficamente interpretada por Jessica Chastain, que representa el papel de abnegada  esposa típicamente americana, fuera de los tópicos de la inmigración, que duda si la posición de mantener la honradez a ultranza a la que se aferra su marido, es la correcta. Esta sabe empatizar con el espectador que suele estar más de acuerdo con ella en las formas que propone para resolver los problemas que acucian a su familia (particularmente destacable la escena en la que una de sus hijas encuentra un pistola que un delincuente abandona en el jardín de su casa).
Una película diferente en cuanto a su trama, su guion y su puesta en escena. El director apuesta por un desarrollo pausado de la acción, si bien la propuesta puede considerarse afortunada  más a posteriori,  que en el momento de su visionado   en que resulta en exceso lenta. En algunos tramos el director gana la apuesta y en otros la pierde. Una película notable que tiene numerosos aspectos interesantes si bien no llega al nivel de  sobresaliente.
Germán.