EL ELEFANTE BLANCO
DE
PABLO TRAPERO
Hace más de un mes fui a ver elefante blanco”. Mi motivación principal fue que el protagonista era Ricardo Darín, sin duda, garantía de calidad. Un actor de esos que llaman de raza, definición que yo comparto. A esto había que añadir que el director es Pablo Trapero del que guardo n buen recuerdo por su película “Carancho” sobre la perversión de la industria de los seguros. Una obra que no me pareció sobresaliente pero sí notable. Con estos antecendes acudí expectante al cine.
He tardado más tiempo del que acostumbro en escribir este post para que mi sentimiento inicial de desconcierto no me influyese demasiado, y al mismo tiempo, ser más imparcial. En este momento no sé si lo he conseguido. Cuando he empezado a rememorar lo que vi, he vuelto a tener una sensación de entre asombro e indignación. ¿Pero este director qué pretende? Tomarnos el pelo mostrándonos un mundo real en el que en ningún momento se pasa de las anécdotas, que se presenta en forma de constantes y permanentes situaciones límite, sin entrar en ningún momento en las causas.
Con esta superficial y naif historia, que no llega a alcanzar la categoría de panfleto, cinematográficamente mal narrada ¿de qué pretende convencernos el director? ¿De que ese mundo de marginalidad y miseria solo se resuelve desde el compromiso de la fe? ¿Intenta devolvernos conciencia de clase para que luchemos contra la injusticia? ¿Nos quiere hacer ver que existe otra iglesia diferente a la permanentemente tenemos presente? ¿Que no hay solución posible más allá de los cuidados paliativos con los que una especie de sacerdotes y asistentes sociales idealistas lavan sus conciencias y justifican la existencia de unas organizaciones, como son las religiosas, por el comportamiento aislado de algunos de sus componentes? Es difícil de descubrir.
La narración intenta con constantes situaciones estresantes tenerte enganchado a la pantalla y lo que consigue es que te alejes de la historia transcurridos los primeros 30 minutos y te llegues a preguntar, como aquel espermatozoide negro de la película de Woody Allen “Todo lo que quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar” ¿YO QUE HAGO AQUÍ? Y para colmo da una oportunidad a su mujer, que interés le pone, pero solamente eso, interés. Lo que más sorprende es que Ricardo Darín haya aceptado este papel, ¿será para que no le acusen de no aceptar papeles de denuncia social?
Señor director reflexione sobre su obra. Inténtelo de nuevo, calidad y oficio tiene usted, con otra película de denuncia social pero yendo al fondo del asunto y sin mezclarlo con determinadas organizaciones cuyos comportamientos aislados no nos convencen de su sentido o su utilidad. Si en el intento no consigue una narración redonda, siempre será mejor apreciada si nos muestra la miseria de la humanidad que consiente la persistencia de estas realidades sociales.
Germán.
Comparto tu opinión sobre la cinta: se excede en la descripción de una miseria fuera de contexto (parece como si la villa, el poblado chabolista no perteneciera a ningún país, como si estuviera aislado del mundo, como si no fuera real) sin profundizar en las causas que han provocado esta miseria. Buenas preguntas las que haces al director de la película. Finalmente decir que yo, a Darín, se lo perdono "casi" todo.
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