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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

martes, 7 de agosto de 2012


LA DELICADEZA

DE

 DAVID Y STÉPHANE FOENKINOS



No se me ocurre un título mejor para describir la película francesa  de los hermanos Foenkinos, autores del libro del mismo título que ha sido un éxito de ventas en Francia.

Película terapéutica, tras las decepcionantes “El elefante blanco” y “La suerte en tus manos” de no grato recuerdo. Tengo que decir que resultó de fácil (además de acertada) elección. Ante un panorama no muy estimulante, la cartelera veraniega ofrecía dos o tres cintas francesas de las que apenas tenía noticias.  Todas ellas de títulos sugerentes. Diré que, aun a pesar de resultar reduccionista y poco rigurosa, confío en el cine francés. Es una garantía de savoir faire. Con su particular impronta, que lo convierte en muy característico, incluso en  todas las diferentes categorías. Las comedias cuando son buenas son admirables;  el “cine de autor”  cuando es de calidad, ofrece una mirada muy singular sobre las cosas; si es cine social, no tiene nada que envidiarle al mejor cine británico; si es cine de evasión, logra sin pretensiones sus objetivo, al mejor estilo hollywoodiense……Supongo que el cine francés que nos llega, es el cine de más calidad, y viene, con frecuencia, avalado por las buenas críticas y las excelentes taquillas en el país vecino. Me da igual, sea lo que sea, me resulta como mínimo entretenido. Y ante  tales  premisas, nos decantamos por  “La delicadeza”. Y todo en ella hace honor a su nombre. Empezando por Audrey Tautou, que encarna como nadie al prototipo de mujer francesa: delicada, sutil, liviana, discreta, seductora, cálida, tierna, frágil, natural  pero con el  toque justo  de sofisticación, atractiva, audaz, sensible, dulce y a la vez enérgica……En una palabra, elegante. Simboliza la elegancia en el sentido más literal. La elegancia en el aspecto y en la forma de ser: lo más alejado de la estridencia y lo más próximo a la prudencia, a la moderación.  De  manera que su sola presencia actúa como un imán que te despierta el interés. Representa ese tipo de mujer que todas querríamos ser  o haber sido en nuestra juventud (hablo por mi), y que además, salvando las distancias, simboliza la mujer en la que  todas nos vemos   reflejadas de alguna manera en algún momento de nuestras vidas (quién no se ha tropezado alguna vez con el típico cretino que trata de seducirte de manera burda  y arrogante?)Esa identificación que se llega a producir con su personaje,  la convierte en alguien próximo, reconocible, accesible, real. Nada que ver con los mitos sexuales más simbólicos del cine de  todos los tiempos, ya sean francesas o americanas, suizas, suecas o italianas. De manera que la elección de la actriz es incuestionable. Pero nada tiene que envidiarle el protagonista masculino (François Damiens, del todo desconocido para mí), que pone, con su papel, el contrapunto perfecto. Y  lo representa a la perfección: un ser, en apariencia, vulgar. Desgarbado, poco agraciado, calvo, con cara de patán. Un tipo corriente no sólo en el aspecto, sino también en su comportamiento. Nada chirriante,  tímido, inseguro, el típico sujeto que pasa del todo inadvertido.  Pero que resulta ser afectivo, generoso, hasta divertido,  sorprendentemente valiente  y lo más importante, con capacidad para amar. Desinteresado, necesitado de afecto, franco, tranquilo, apacible, amoroso, firme, vulnerable y robusto a la vez. En  resumen, un buen tipo. Algo tan devaluado como eso. En el extremo opuesto al del hombre de éxito en lo personal y en lo profesional. En lo personal porque el físico no le acompaña; en lo profesional porque parece discreto, poco ambicioso, menos competitivo y en absoluto autosuficiente o egocéntrico, lo que asegura a cualquiera una vida anodina.  Y lo  que, por otra parte,  le convierte en un sujeto delicioso  contra todo pronóstico (para determinado tipo de mujeres, cabe precisar, siempre las hay que prefieren a los villanos, pero esto es otro asunto).  Y es ese el planteamiento novedoso  de la película, que  no es  sino una reivindicación de la bondad como la clave para fundamentar una relación de pareja sólida, reparadora,  que viene a sacar a la protagonista de su ensimismamiento por la pérdida traumática de su marido, que la rescata de su soledad. Es un canto a la sencillez y a la bondad como valores fundamentales, como cualidades básicas para construir cualquier vínculo afectivo, porque lo que aquí se dice de las relaciones de pareja es extrapolable a todo tipo de relaciones. La bondad como lo prioritario. La bondad contrapuesta al éxito, al poderío económico, a la posición social, a la belleza, a todos los valores en alza en nuestro mundo actual. En definitiva la bondad como contrapuesta a todo lo superfluo, lo prescindible, lo inmediato, lo perecedero.  Resulta impactante (por realista) comprobar  en la pantalla ( como en la vida ) cómo los prejuicios actúan indiscriminada y cruelmente contra las personas que dan determinado perfil, que no responden a determinados cánones. De igual forma, se recrea, y se ridiculiza de forma muy precisa, el prototipo de triunfador (el jefe de los dos protagonistas) arrogante, engreído, seguro de sí mismo, con tics donjuanescos, que lejos de seducir resulta patético, al que desarma la protagonista con audacia y sin ningún miramiento: “No me gustas  nada y si alguna vez decidiera buscarme un rollo tú no serías nunca una opción”. Un golpe certero en la diana de la vanidad del fanfarrón que se siente poderoso y no contempla, siquiera, la posibilidad del fracaso  en sus conquistas.  Y finalmente aparece la figura de la abuela, la encarnación de  la sabiduría que con frecuencia proporciona la experiencia, y que es capaz de distinguir a la legua, en el  minuto 0 de conocer al sueco, no sólo su gran cualidad, su bondad,  sino que además es capaz de valorarla como se merece. Así  cuando dice a Nathalie, “me gusta Markus, es buena gente”, lo que viene a significar es,”me gusta Markus, te puede hacer feliz”.



Cuando finaliza la película, ya tienes claro  que los lazos que unen a los protagonistas son sólidos,  durareros. Lo que te deja un buen sabor de boca, al menos te convence aunque solo sea por  un rato, de que existe el everlasting love. Todo resulta agradable en la película.  Muy francesa, perdón por el cliché. Yo iría de nuevo a disfrutarla, sin dudarlo.



Alicia dixit

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