LA DELICADEZA
DE
DAVID Y STÉPHANE FOENKINOS
No se me ocurre un título mejor
para describir la película francesa de
los hermanos Foenkinos, autores del libro del mismo título que ha sido un éxito
de ventas en Francia.
Película terapéutica, tras las
decepcionantes “El elefante blanco” y “La suerte en tus manos” de no grato
recuerdo. Tengo que decir que resultó de fácil (además de acertada) elección.
Ante un panorama no muy estimulante, la cartelera veraniega ofrecía dos o tres
cintas francesas de las que apenas tenía noticias. Todas ellas de títulos sugerentes. Diré que, aun
a pesar de resultar reduccionista y poco rigurosa, confío en el cine francés. Es
una garantía de savoir faire. Con su
particular impronta, que lo convierte en muy característico, incluso en todas las diferentes categorías. Las comedias cuando
son buenas son admirables; el “cine de
autor” cuando es de calidad, ofrece una
mirada muy singular sobre las cosas; si es cine social, no tiene nada que envidiarle
al mejor cine británico; si es cine de evasión, logra sin pretensiones sus
objetivo, al mejor estilo hollywoodiense……Supongo que el cine francés que nos
llega, es el cine de más calidad, y viene, con frecuencia, avalado por las
buenas críticas y las excelentes taquillas en el país vecino. Me da igual, sea
lo que sea, me resulta como mínimo entretenido. Y ante tales premisas,
nos decantamos por “La delicadeza”. Y
todo en ella hace honor a su nombre. Empezando por Audrey Tautou, que encarna
como nadie al prototipo de mujer francesa: delicada, sutil, liviana, discreta, seductora,
cálida, tierna, frágil, natural pero con
el toque justo de sofisticación, atractiva, audaz, sensible,
dulce y a la vez enérgica……En una palabra, elegante.
Simboliza la elegancia en el sentido más literal. La elegancia en el aspecto y
en la forma de ser: lo más alejado de la estridencia y lo más próximo a la
prudencia, a la moderación. De manera que su sola presencia actúa como un
imán que te despierta el interés. Representa ese tipo de mujer que todas
querríamos ser o haber sido en nuestra juventud
(hablo por mi), y que además, salvando las distancias, simboliza la mujer en la
que todas nos vemos reflejadas de alguna manera en algún momento
de nuestras vidas (quién no se ha tropezado alguna vez con el típico cretino
que trata de seducirte de manera burda y
arrogante?)Esa identificación que se llega a producir con su personaje, la convierte en alguien próximo, reconocible,
accesible, real. Nada que ver con los mitos sexuales más simbólicos del cine
de todos los tiempos, ya sean francesas
o americanas, suizas, suecas o italianas. De manera que la elección de la
actriz es incuestionable. Pero nada tiene que envidiarle el protagonista
masculino (François Damiens, del todo desconocido para mí), que pone, con su
papel, el contrapunto perfecto. Y lo representa
a la perfección: un ser, en apariencia, vulgar. Desgarbado, poco agraciado,
calvo, con cara de patán. Un tipo corriente no sólo en el aspecto, sino también
en su comportamiento. Nada chirriante, tímido, inseguro, el típico sujeto que pasa
del todo inadvertido. Pero que resulta
ser afectivo, generoso, hasta divertido, sorprendentemente valiente y lo más importante, con capacidad para amar.
Desinteresado, necesitado de afecto, franco, tranquilo, apacible, amoroso, firme,
vulnerable y robusto a la vez. En
resumen, un buen tipo. Algo
tan devaluado como eso. En el extremo opuesto al del hombre de éxito en lo
personal y en lo profesional. En lo personal porque el físico no le acompaña;
en lo profesional porque parece discreto, poco ambicioso, menos competitivo y
en absoluto autosuficiente o egocéntrico, lo que asegura a cualquiera una vida
anodina. Y lo que, por otra parte, le convierte en un sujeto delicioso contra todo pronóstico (para determinado tipo
de mujeres, cabe precisar, siempre las hay que prefieren a los villanos, pero
esto es otro asunto). Y es ese el
planteamiento novedoso de la película,
que no es sino una reivindicación de la bondad como la
clave para fundamentar una relación de pareja sólida, reparadora, que viene a sacar a la protagonista de su
ensimismamiento por la pérdida traumática de su marido, que la rescata de su
soledad. Es un canto a la sencillez y a la bondad como valores fundamentales,
como cualidades básicas para construir cualquier vínculo afectivo, porque lo
que aquí se dice de las relaciones de pareja es extrapolable a todo tipo de
relaciones. La bondad como lo prioritario. La bondad contrapuesta al éxito, al
poderío económico, a la posición social, a la belleza, a todos los valores en
alza en nuestro mundo actual. En definitiva la bondad como contrapuesta a todo
lo superfluo, lo prescindible, lo inmediato, lo perecedero. Resulta impactante (por realista) comprobar en la pantalla ( como en la vida ) cómo los
prejuicios actúan indiscriminada y cruelmente contra las personas que dan
determinado perfil, que no responden a determinados cánones. De igual forma, se
recrea, y se ridiculiza de forma muy precisa, el prototipo de triunfador (el
jefe de los dos protagonistas) arrogante, engreído, seguro de sí mismo, con
tics donjuanescos, que lejos de seducir resulta patético, al que desarma la
protagonista con audacia y sin ningún miramiento: “No me gustas nada y si alguna vez decidiera buscarme un
rollo tú no serías nunca una opción”. Un golpe certero en la diana de la
vanidad del fanfarrón que se siente poderoso y no contempla, siquiera, la
posibilidad del fracaso en sus
conquistas. Y finalmente aparece la
figura de la abuela, la encarnación de la sabiduría que con frecuencia proporciona la
experiencia, y que es capaz de distinguir a la legua, en el minuto 0 de conocer al sueco, no sólo su gran
cualidad, su bondad, sino que además es
capaz de valorarla como se merece. Así cuando dice a Nathalie, “me gusta Markus, es
buena gente”, lo que viene a significar es,”me gusta Markus, te puede hacer
feliz”.
Cuando finaliza la película, ya
tienes claro que los lazos que unen a
los protagonistas son sólidos,
durareros. Lo que te deja un buen sabor de boca, al menos te convence
aunque solo sea por un rato, de que existe
el everlasting love. Todo resulta
agradable en la película. Muy francesa,
perdón por el cliché. Yo iría de nuevo a disfrutarla, sin dudarlo.
Alicia dixit
La compro, esta película la compro y me la quedo.
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