EL
SKYLAB
DE
JULIE
DELPY
Un día laborable por la tarde es una
gran ocasión para ir al cine. Uno de los mejores momentos es cuando el sol más
aprieta, te refugias en una sala e intentas ver alguna película que tengas
pendiente. Todo marcha perfecto hasta que llegas a la taquilla y la empleada te
informa de que la película que tenías previsto ver ha cambiado de horario.
Momento de desconcierto agrandado por el terrible calor del verano. Hay que
decidir y, ya está, en la cartelera del mismo cine descubres una película que
no tiene mala pinta. Es francesa. Decides sacar las entradas y resolver el
pequeño incidente con una solución casi homeopática: inocularte una dosis de la
sustancia que produce el síntoma: ir al cine y ver películas.
La película en cuestión es “El Skylab” dirigida
por Julie Delpy que tiene una dilatada carrera cinematográfica como actriz,
coguionista y directora pero que yo únicamente la recuerdo por “Los tres
mosqueteros”. No todo va a ser cine de autor.
La obra se desarrolla en torno a una
reunión familiar en una casa de la Bretaña francesa para celebrar el cumpleaños
de la abuela ¿A que ninguno de los lectores de este Blog se ha visto nunca en
una situación semejante? Y, como es lógico y previsible, nos expone con
bastante crudeza cómo este elemento natural y fundamental de la sociedad, tal y
como dice la declaración de los derechos humanos del hombre, puede saltar y
hacerse añicos cuando se somete a sus mecanismos a determinadas situaciones,
por ejemplo el aniversario de la abuela. Igual que el Skylab, la estación
espacial norteamericana, una máquina con un diseño perfecto, orgullo de la
técnica que fue sometido a determinadas condiciones y se derrumbó. Menos mal que no pilló a nadie en su
trayectoria. Era simplemente una máquina y no ese elemento fundamental de la
sociedad. De igual forma que las reuniones familiares, destrozan familias enteras
pero no le caen encima a nadie y al siguiente pretexto, Navidades por ejemplo,
se somete de nuevo, a ese elemento natural y fundamental de la sociedad, la
familia, nuevamente a pruebas de presión
y temperatura, con el resultado ya conocido.
Si, lectores de este blog, esta es una
película sobre la familia, vista desde la perspectiva de una niña de diez años,
a la que en el transcurso de la misma le viene la regla y se transforma en mujer.
Aunque yo sigo pensando que lo que te convierte realmente en adulto no es ninguna transformación
fisiológica, sino asistir a reuniones como la que nos describe la directora.
No tiene la calidad de la obra japonesa
“Still Walking” de Hirokazu Koreeda pero se deja ver. Merece la pena verla,
dado que tiene calidad suficiente para ser elegida como mejor opción de la
cartelera porque el tema de la familia y los conflictos que surgen en los encuentros
familiares dan para mucho. Sí, dan para mucho.
Germán.
Uno se queda con la sensación de que es mejor tu crónica que la película. Bien por ti.
ResponderEliminarA mí me sucedió algo parecido con la película. Era la mejor opción en aquel momento: o la sala refrigerada o el calor más aplastante, y opté por el entretenimiento refrigerado... Puedo decir que la vi con sorpresa, con interés y con gusto. Un buen trabajo coral de los actores bien dirigidos por Delpy y buena descripción de una reunión familiar, una pesadilla muchas veces. El final no encaja, yo creo que se podría haber terminado de otra manera. Comparto contigo la opinión sobre "Still Walking", aunque yo no la compararía con "Skylab", aunque ambas traten de una reunión familiar.
ResponderEliminar