POLLO
CON CIRUELAS
DE
MARJANE
SATRAPI Y VICENT PARANNOAUD
Reseñas
concisas serán las próximas que escriba, porque se me acumula el trabajo: tengo
pendientes las de “Café de Flore”, un
thriller alemán de título “El silencio de hielo” y alguna otra que no recuerdo. Cualquiera diría que me he puesto a ver cine
como una descosida, para no dejar para septiembre nada de lo apetecible, pero
no es esa la razón. Al cine seguiré yendo, caiga quien caiga. No voy a perdonar el ritual de ver cine en el
cine. Sencillamente se ha terciado así este mes de agosto. Y entre lo visto hay mucho de cine francés (o
en francés). De manera que, perdonando alguna película de las que te dejan
indiferente (que no son pocas, por otra parte), espero ponerme al corriente en
una semanita. Y aunque tengo en el tintero unas cuantas, empezaré por “Pollo con ciruelas” de la iraní Marjane
Satrapi, que bien merece un comentario.
“Pollo
con ciruelas”, que podría calificarse de cine francés (está rodada en Francia,
en francés y en buena medida por
franceses), cuenta, sin embargo, con
algo que la distingue (no solo del cine francés). La nacionalidad de su
directora tiene mucho que ver, no cabe duda,
en su originalidad, pero no lo explica todo. El universo de la película
es muy personal, único: evoca un mundo entre onírico y fantástico. El
ambiente que la circunda parece irreal,
imaginario aunque la historia es
universal y mundana, (una historia de amor frustrada y sus devastadoras
consecuencias) y está inspirada en personajes reales (la figura de un tío
músico (y muerto en extrañas circunstancias) de la autora inspira el personaje
protagonista y la historia), pero ninguna de estas circunstancias ni el hecho
de que se desarrolle en Irán, tendrían
por qué convertirla en única. En cambio, lo es. Que Marjane provenga del mundo
del cómic (es la adaptación de una
novela gráfica de la que ella es también
autora) puede contribuir a su
singularidad, con la incorporación de elementos de esta disciplina. Pero hay
algo más que el simple toque exótico de una mirada proveniente de una cultura
lejana y ancestral o la combinación de elementos propios de cine diversos. No sé si es más una
peculiar visión del mundo o un mirar el mundo con otros ojos lo que convierte a esta película en más que una
simple película. Tiene tan poco que ver con el cine occidental que no parece ni
cine. Pero tampoco se asemeja al cine oriental
más conocido. No es una película al uso, en definitiva. Es una obra
artística variopinta en forma de película. Y no solo por los aspectos formales
(incorporación de personajes de cine de animación o la presencia expresa de escenarios de
cartón piedra combinados con personajes de carne y hueso, por citar algunos
ejemplos, cosa que ya hizo Disney con Mary Poppins en 1961), sino que es conceptualmente
distinta: la visión, en su conjunto, que
del relato nos ofrece su autora. Desde
la estética de los ambientes hasta la manera de presentarnos a los
personajes, (con extremada exquisitez) pasando por el ritmo de los
acontecimientos (lento y envolvente) y
el entorno en el que los sumerge. Las relaciones entre los personajes son
armoniosas, incluso, cuando aquellas no son las óptimas. El ambiente que
recrea, entre mágico y fantástico, la configuran como
una fábula visual. La
peculiaridad de los personajes, en
perfecto equilibrio, todos ellos deliciosos en su composición y en su
interpretación. No hay nada que no resulte fabuloso. Incluso la actriz iraní
que interpreta a la joven enamorada del protagonista masculino, resulta de una
belleza sin parangón, además de rozar la perfección en su interpretación del
corto pero central papel del film. En
fin, que ahora entiendo la recomendación
que me hicieron en su día de “Persépolis”,
su ópera prima, recomendación que, malhereusement,
desoí. Estoy deseando recuperarla
cuanto antes, para que me ayude a desterrar para siempre mis arraigados prejuicios sobre el cine de
animación. Porque una vez vista su obra, ya me han ganado para la causa. Yo ya
soy adepta y adicta al cine de Marjane
Satrapi que, más que una forma de hacer
cine, es un género en sí mismo. Espero,
con ganas, mi próxima dosis.
Alicia Dixit
No se como lo haces Alicia, pero siempre me convences con tus crónicas.
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