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lunes, 17 de septiembre de 2012


POLLO CON CIRUELAS

 

DE

 

MARJANE SATRAPI Y VICENT PARANNOAUD

 

 

Reseñas concisas serán las próximas que escriba, porque se me acumula el trabajo: tengo pendientes las  de “Café de Flore”, un thriller alemán de título “El silencio de hielo” y alguna otra que no recuerdo.  Cualquiera diría que me he puesto a ver cine como una descosida, para no dejar para septiembre nada de lo apetecible, pero no es esa la razón. Al cine seguiré yendo, caiga quien caiga.  No voy a perdonar el ritual de ver cine en el cine. Sencillamente se ha terciado así este mes de agosto. Y  entre lo visto hay mucho de cine francés (o en francés). De manera que, perdonando alguna película de las que te dejan indiferente (que no son pocas, por otra parte), espero ponerme al corriente en una semanita. Y aunque tengo en el tintero unas cuantas, empezaré por  “Pollo con ciruelas” de la iraní Marjane Satrapi, que bien merece un comentario.

 

“Pollo con ciruelas”, que podría calificarse de cine francés (está rodada en Francia, en  francés y en buena medida por franceses), cuenta, sin embargo,  con algo que la distingue (no solo del cine francés). La nacionalidad de su directora tiene mucho que ver, no cabe duda,  en su originalidad, pero no lo explica todo. El universo de la película es muy personal, único: evoca un mundo entre onírico y fantástico. El ambiente  que la circunda parece irreal, imaginario  aunque la historia es universal y mundana, (una historia de amor frustrada y sus devastadoras consecuencias) y está inspirada en personajes reales (la figura de un tío músico (y muerto en extrañas circunstancias) de la autora inspira el personaje protagonista y la historia), pero ninguna de estas circunstancias ni el hecho de que se desarrolle en Irán,  tendrían por qué convertirla en única. En cambio, lo es. Que Marjane provenga del mundo del cómic (es la adaptación de una  novela gráfica de la que ella es también  autora)  puede contribuir a su singularidad, con la incorporación de elementos de esta disciplina. Pero hay algo más que el simple toque exótico de una mirada proveniente de una cultura lejana y ancestral o la combinación de elementos propios  de cine diversos. No sé si es más una peculiar visión del mundo o un mirar el mundo con otros ojos lo  que convierte a esta película en más que una simple película. Tiene tan poco que ver con el cine occidental que no parece ni cine. Pero tampoco se asemeja al cine oriental  más conocido. No es una película al uso, en definitiva. Es una obra artística variopinta en forma de película. Y no solo por los aspectos formales (incorporación de personajes de cine de animación  o la presencia expresa de escenarios de cartón piedra combinados con personajes de carne y hueso, por citar algunos ejemplos, cosa que ya hizo Disney con Mary Poppins en 1961), sino que es conceptualmente distinta: la visión, en su conjunto,  que del relato nos ofrece su autora. Desde  la estética de los ambientes hasta la manera de presentarnos a los personajes, (con extremada exquisitez) pasando por el ritmo de los acontecimientos (lento y envolvente)  y el entorno en el que los sumerge. Las relaciones entre los personajes son armoniosas, incluso, cuando aquellas no son las óptimas. El ambiente que recrea, entre mágico y fantástico, la configuran  como  una fábula  visual. La peculiaridad de los personajes, en  perfecto equilibrio, todos ellos deliciosos en su composición y en su interpretación. No hay nada que no resulte fabuloso. Incluso la actriz iraní que interpreta a la joven enamorada del protagonista masculino, resulta de una belleza sin parangón, además de rozar la perfección en su interpretación del corto pero central papel del film.  En fin,  que ahora entiendo la recomendación que me hicieron en su día de  “Persépolis”, su ópera prima, recomendación que, malhereusement,  desoí. Estoy  deseando recuperarla cuanto antes, para que me ayude a desterrar para siempre mis  arraigados prejuicios sobre el cine de animación. Porque una vez vista su obra, ya me han ganado para la causa. Yo ya soy adepta  y adicta al cine de Marjane Satrapi  que, más que una forma de hacer cine, es un género en sí mismo.  Espero, con ganas, mi próxima dosis.
Alicia Dixit

1 comentario:

  1. No se como lo haces Alicia, pero siempre me convences con tus crónicas.

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