EL ARTISTA Y LA MODELO
DE
FERNANDO TRUEBA
Con frecuencia ir al cine es una actividad que entraña cierta incertidumbre. Estás convencido de que vas a ver una obra de arte y a disfrutarla, porque es difícil vivir sin placer, y corres el peligro de que no sea así. Generalmente ir a ver una película de Fernando Trueba reduce de manera importante el riesgo. Este director, a pesar de su estrabismo, tiene una muy acertada visión del cine. Desde mi punto de vista conoce como pocos los recursos narrativos que aporta este arte y además es capaz de mezclarlos con otras especialidades artísticas, consiguiendo un eclecticismo sobresaliente. Quizás, por cosas como estas es uno de nuestros directores más justamente laureados.
Hacer un relato sobre su última película es francamente complejo porque cuando abandonas la sala no estás seguro de si lo que has visto es una película o si a través de este magnifico medio artístico has recibido una lección magistral acerca del arte en general y de la escultura en particular. Algo que muy pocos catedráticos serían capaces de hacer.
Fernando Trueba no sólo nos habla del arte, también de la fuerza y la belleza de la naturaleza, de la vitalidad de la juventud, del envejecimiento y su sabiduría, de lo agitado y convulso que es el proceso de creación (en paralelo con la época en la que desarrolla la historia), de lo que se sufre para llegar a sentirse satisfecho con la propia creación (y es que, es tan difícil tener pena), de sentir la proximidad del fracaso y de lo que te facilita la vida saber y poder elegir una pareja adecuada. Esta obra no sólo se ve, también se lee y dado que está rodada en blanco y negro, como si de letra impresa se tratase, no solo la hace más bella, sino que te facilita participar de la historia (sin lugar a dudas el blanco y negro realza lo realmente bello y evita que te distraigas con elementos accesorios). Este relato tenía que ser en blanco y negro, sin duda. Todo es acertado, también el final. El punto y final que lleva aparejado haber conseguido lo que llevabas persiguiendo toda la vida, la juventud que abrirá nuevos caminos mirando hacia atrás y sin que ese recuerdo impida avanzar.
Así, con una grandiosa sencillez, sin pretensiones y evitando en todo momento el rebuscamiento, Fernando Trueba te hace sentir que ir al cine es una fantástica actividad que te hace aflorar los sentimientos y, además, te ilustra, mostrando al mismo tiempo teoría y practica de la actividad artística.
Esta película se puede ver ahora o en cualquier momento porque es una obra de arte y no envejecerá.
Como se nota que te ha gustado, te has volcado. Muy bien escrito.
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