TODOS TENEMOS UN PLAN
De
Ana Pirterbarg
Voy a ver “Todos tenemos un
plan”, con poca convicción. Acudo al olor de un thriller sugerente (este género
es para mí un imán, per se, tanto en
cine como en literatura) ; por la presencia en la pantalla del siempre
atractivo Viggo Mortensen (todos tenemos alguna debilidad); por la previsible buena factura del film argentino (según deduzco de alguna imprecisa crítica de
las que tanto abundan en prensa, tras cuya lectura uno no sabe qué opina el crítico, verdaderamente, de la
película) y claro está, por mi
intuición, que es, en mi caso, casi
siempre una guía certera. Y qué me encuentro? Una historia lúcida, bien
hilvanada. Un guión excelentemente trabado. Una asombrosa recreación de un ambiente
y unos personajes con una vida sórdida. Una sucesión de incógnitas bien
resueltas, clave de cualquier thriller
que se precie. Una acertadísima
ambientación: ni un atisbo de luz que represente la esperanza para unos
personajes sin salvación; el tono
lúgubre, gris de un paisaje más que
frío, húmedo, desapacible que enmarca a
la perfección la vida miserable de unos personajes siniestros. Y cómo no, la maestría de unos memorables secundarios, que
oscurecen, con su buen tino, el quehacer de los ganchos comerciales que son Viggo
Mortensen y Soledad Villamil (“El secreto de sus ojos”,” El mismo amor, la
misma lluvia” de Campanella, o “No sos vos, soy yo”, por mencionar algunos
ejemplos de su ya larga filmografía). Soledad tiene un pequeño papel que no da
más de sí. Viggo, con su peculiar dicción, su parsimonioso discurso, (que supongo tiene que ver con la
falta de fluidez de un segundo idioma, que aun a pesar de haberse aprendido
prontamente, se pierde irremediablemente con el transcurso del tiempo), está
falto de espontaneidad. Pero da igual, porque el verdadero protagonismo les corresponde
a los personajes, supuestamente secundarios, protagonizados por los excelentes
Daniel Fanego, Javier Godino y Sofía
Gala Castiglione. No recuerdo haber visto a ninguno de ellos en acción con
anterioridad, pero transmiten una verdad
a sus personajes, que les hace inolvidables al tiempo que dignos representantes de la más
que acreditada cultura dramática argentina. Porque, en mi caso, del cine argentino, debo decir, siempre me
gustan sus interpretaciones. Incluso cuando las películas no me emocionan lo
más mínimo, me dejan del todo indiferente,
o me decepcionan abiertamente, jamás salgo de la sala decepcionada por el trabajo de los intérpretes. Y esto no es una
percepción personal, el ingente número de brillantes actores argentinos, es una
cuestión objetivamente constatable.
Así que, once again, salgo complacida del cine. Acabo de disfrutar de un bien ideado thriller, que está
magníficamente dirigido además de brillantemente interpretado, se puede pedir
más?
Alicia dixit.
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