LA
HERIDA
DE
FERNANDO
FRANCO
La herida es una película
dura, muy dura. Tanto para las personas que han tenido que padecer, con alguna
proximidad, la relación con alguien aquejado de un trastorno de la
personalidad, como para alguien que no conozca nada más que por referencias
este mal.
Para poder sentir directamente
los sufrimientos que padecen las personas aquejadas por esta alteración, el
director mediante la técnica del plano secuencia nos muestra escena a escena todos
y cada uno de los síntomas que la definen. El propósito de esta forma de narrar,
parece ser el de alcanzar un nivel de complicidad con el espectador que le
permita entender la soledad, la angustia, el miedo, la incomunicación, la rabia
incontenible, el dolor, la fragilidad, la vulnerabilidad, etc. que Marian
Álvarez, su protagonista, nos muestra de forma soberbia.
El cine es, en ocasiones,
además de un ejercicio de ficción una expresión de hiperrealismo que sirve para
enseñarnos aspectos de la condición humana que nos empeñamos en no ver. En los
últimos tiempos hemos podido asistir a algunas obras de arte que a través de
las posibilidades narrativas que ofrece el cine nos han puesto frente a una
realidad que aunque la ignoremos, existe. Esta cinta enlaza en no pocos aspectos
con la última de Michael Haneke, “Amour”.
Cuando abandonas la sala, en tu interior te invade una sensación de desasosiego
provocado por mostrarte aspectos vitales con los que convivimos y tenemos
dificultades para asumir que son así, sin paliativos.
Fernando Franco no parece
tener ninguna duda sobre lo que quiere contarnos, ni tampoco sobre las
emociones que nos quiere provocar. Esto lo hace a través de imágenes impactantes
como las de autolesiones físicas, las de consumo de drogas y alcohol, las de
sexo compulsivo, etc. Pero, sobre todo, no quiere aliviarnos las sensaciones
dejadas y termina sin dar ni un ápice de esperanza a la protagonista.
Es imposible escribir algo
sobre esta película sin insistir en la interpretación de Marian Álvarez, una
magnifica actriz que se merece todos los premios que le han concedido, Goya a
la mejor interpretación femenina y Concha de plata a la mejor actriz en el
festival de San Sebastián 2013. Nos muestra una enorme capacidad interpretativa
y una gran habilidad para cambiar de registro. Es asombroso apreciar cómo es
capaz de empatizar con los enfermos que traslada en la ambulancia y cómo una
vez que termina su jornada laboral y la soledad se le apodera hacer visibles todas
y cada una de las huellas que marcan la vida de la protagonista.
No me atrevo a recomendar
esta película ¿alguien puede sugerir a otro que vaya al cine a pasar un mal
rato o simplemente invitar a verla para poder ver sin adornos un aspecto de la
naturaleza humana de difícil compresión, pero que existe? Esta película nos
ayuda, sin lugar a dudas, a entender esta silente dolencia.
Germán.
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