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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

lunes, 3 de marzo de 2014

NEBRASKA
DE
ALEXANDER PAYNE

Una vez más,   acabo de ver una interesante “road movie”. Es coincidencia, no  hay  ninguna intencionalidad. Simplemente, ha surgido así. De hecho no tenía previsto ver la más reciente película del irregular Alexander Payne (me gustó “Entre vinos”, pero  “Los descendientes” me pareció del todo prescindible),  sin embargo el sabio consejo de un buen amigo me ha llevado hasta Nebraska.  Y sí, me ha sorprendido favorablemente Payne con una desoladora, desesperada historia de búsqueda final. En un formato en blanco  y negro, que simboliza la falta de color en la vida del personaje principal,  y con una narración  al mismo ritmo lento de los  movimientos de su anciano protagonista.  Woody,  que así se llama,  nos muestra la crudeza del crepúsculo de una vida carente de alegría, de luz.  Y precisamente, cuando la vejez podría diezmar las ganas de seguir adelante, surge una ilusión a la que el protagonista se aferra  como a clavo ardiendo,  que le permite sobrevivir sin tirar la toalla definitivamente. Surge un  aliciente que le empuja a continuar la lucha por la supervivencia.
La historia nos retrata la vida oscura de un viejo silencioso, frustrado, que arrastra la carga de los muchos años sobre los hombros,   y el dolor de  una vida infeliz, triste, gris. Y cuando se aproxima el final de su viaje,  inicia otro hacia su único futuro posible: una mentira que le mantenga vivo.  Y el viaje iniciado no es más que un tránsito por su pasado: se pasa revista a su lugar de origen, a sus amigos de entonces, a sus vecinos, a sus antiguas ocupaciones, desde su alistamiento en el ejército norteamericano, hasta  su ocupación como mecánico o la remembranza de una antiguo amor, pasando por  el inicio de su  desde siempre infeliz matrimonio,   o la constante presencia del  alcohol como compañero  de fatigas inseparable, o  la existencia de unos hijos a los que nunca   prestó demasiada atención. El viaje desde Montana hacia Nebraska, no es más que una variante de  flash-back prolongado de su vida anterior:  la frustración del reencuentro con  sus antiguos vecinos, la decepción de  los viejos amigos,  una  malograda relación   amorosa, todo pasa delante de sus ojos  ante la sorpresa del hijo que lo acompaña en su última aventura, a modo de despedida. La historia de un perdedor, que en los estertores de su existencia  se obsesiona con la idea de tener algo que dejar a sus hijos, que quiere, cuando es quizá, demasiado tarde,  comportase como el verdadero  padre que nunca ha sido.
Y la vida anodina de este perdedor, rodeado de personajes miserables en un entorno hostil emprendiendo  un último  periplo en busca de un  sueño desesperado, consigue emocionarnos. A ello contribuye, el buen trabajo de los actores. Bruce Dern, soberbio en su papel de  hombre  que a pesar de carecer de ganas de vivir, encuentra un último logro, que haciendo  un ejercicio de tozudez, consigue consumar. Me hubiera complacido enormemente que le hubieran dado el oscar al mejor intérprete porque encarna como nadie la imagen de la derrota y de la aniquilación personal, pero es habitual que estos premios se otorguen contra mi criterio. En todo caso, esta película me reconcilia con su autor y me reafirma en la idea de que los road movies son un formato perfecto para contar historias. Solo hace falta tener una buena historia que contar y Nebraska lo es. Podéis comprobarlo.



Alicia dixit

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