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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

domingo, 6 de abril de 2014

IDA
DE
PAWEL PAWLIKOWSKI

Con el fallecimiento de Adolfo Suarez la etapa de la transición a la democracia ha recuperado protagonismo. Por mi edad, me tocó vivir en directo este momento. Por  ello mantengo bastante frescos muchos recuerdos de entonces. De estos, unos de los que más vivamente conservo son los que se refieren a ese debate ideológico que se sucedía en cada rincón de los barrios periféricos de las grandes ciudades, generalmente engendros del franquismo. El cambio de régimen estaba descontado y el poderío del Partido Comunista de España era una realidad social. A la sombra de esa fortaleza y de las numerosas escisiones que se habían producido en el PCE, fruto de la evolución ideológica y de las variadas implantaciones del llamado socialismo real, flotaban en el aire un sin fin de partidos marxistas con diferentes apellidos: leninistas, mahoistas, stalinistas, troskistas e incluso un modelo típicamente nacional, el socialismo carlista (con todos mis respetos hacía sus seguidores), etc. Con esta amalgama de partidos y con el muro de Berlín en pie muchos de los seguidores de esta constelación miraban a los países del Este de Europa como un referente del cambio hacía donde debía conducirse nuestro país. En aquel momento ya existía entre otras cosas el Interrail y no era difícil que para  poder visitar algún país de la Europa occidental hubiera que atravesar alguno de la órbita soviética. El impacto era de tal calibre que podías sentir cierto  resquemor de que este universo de partidos comunistas nos condujera a un modelo que simplemente de un primer vistazo, ya aterrorizaba. Terror, que se acentuaba cuando podías compararlo con la Europa occidental y en concreto, con los países en los que la social democracia había conseguido consolidar su modelo. Este es hoy el referente para el conjunto de la izquierda social española.
Por esos motivos es por lo que siempre me siento entre atraído y obligado a ir a ver películas que muestren en imágenes cómo era la vida en el llamado socialismo real. El objetivo es el de realizar un ejercicio de contraste entre las impresiones que te provocaban aquellos viajes y lo que nos muestran los realizadores de estas películas. En los últimos años hemos podido asistir a grandes obras que nos los han retratado con exactitud, por ejemplo: “La vida de los otros” o “Cuatro meses, tres semanas y dos días”.
Ida, si bien, en algunos aspectos, no ha respondido, cien por cien, a lo que esperaba de ella en particular en lo relativo a la violenta delación entre compatriotas polacos durante la ocupación nazi. Ésta, cuya magnitud fue sorprendente en un país tan ultra católico como es Polonia no se plantea en la película. En otros aspectos sí he salido plenamente satisfecho. El director con la utilización del blanco y negro y con una casi absoluta falta de movimientos de cámara es capaz de hacernos sentir la tristeza fruto de la represión política que invadía esta sociedad. No necesita tampoco utilizar como recurso adicional para remarcar determinadas secuencias el acompañamiento de la música. Las escenas hablan por sí solas.
La contraposición entre los dos personajes, magníficamente interpretados, una novicia que antes de tomar los votos abandona temporalmente el convento para visitar a su única familiar viva, una tía. Ésta, funcionaria judicial del régimen que fruto de su radicalismo ideológico unido al rencor que anida en su subconsciente por la barbarie de la guerra, se ve abocada a tomar decisiones que su conciencia no puede aceptar. Así, para sobreponerse a su sufrimiento necesita de todos los recursos externos que su modelo, el socialista le ofrece. Su adicción a la bebida la hace caer en desgracia ante el aparato del Estado.
Las dos buscan a sus familiares comunes. Mediante esta búsqueda el director nos muestra la Polonia de los años 60. A través del recorrido nos enseña las tristezas y miserias humanas que acompañaban al régimen comunista polaco así como la violencia entre compatriotas de diferentes creencias religiosas durante la ocupación. El viaje resalta los tormentos que sufre la tía y a la futura religiosa le permite experimentar la vida que existe extramuros del convento. Finalmente, la radical comunista no puede soportar las contradicciones sobre las que ha construido su vida y la sobrina no encuentra especiales diferencias entre la desdicha del convento y lo que le ofrece la vida fuera del mismo. Por último, ésta opta por continuar su camino priorizando la conformidad sobre la curiosidad.  

Germán.         

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