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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

domingo, 20 de abril de 2014

QUAI D’ ORSAY
(CRONICAS DIPLOMÁTICAS)
DE
BERTRAND TAVERNIER

Ir al cine a ver una comedia y encontrarse con una obra muy próxima al hiperrealismo, es lo que se experimenta cuando se acude a disfrutar de esta obra.
La sociedad europea y por ende la española necesitaban de esta película. Un film que inspirado en un famoso comic nos refleja de forma magistral cómo son las interioridades de la acción política. No nos confundamos, el problema que viven gran parte de las sociedades avanzadas con democracias firmemente asentadas no es la política en sí misma, sino su acción y, sobre todo, los personajes que han conseguido encaramarse en este honorable oficio para hacer del mismo su modo de subsistencia.
Bertrand Tavernier con un inteligente humor nos desvela como es el día a día de un ministro de Estado -en los ministerios técnicos no debe ser muy diferente- y de su grupo de fieles asesores. Estos, tienen que lidiar con la más grande dificultad ante la que se puede encontrar un técnico ¿sentar las bases de la política exterior de una gran potencia con armamento nuclear y un pasado colonial importante? no, tienen que hacer frente a un arduo trabajo: interpretar a su jefe. Este, desde la cima de su propia vanidad va dando órdenes contradictorias (opuestas al más mínimo sentido de estado);  busca, permanentemente, referentes que inspiren la alta estima que tiene de sí mismo. En tal alta cumbre se ve que para reafirmarse, se impone, igualmente, un comportamiento y unas formas de actuar acordes con su vacuidad: Pisa fuerte, muy fuerte; abre y cierra las puertas con un gran derroche de energía; práctica jogging y obliga a sus asesores a seguirle mientras imparte instrucciones; el ejercicio del mando llega a cualquier lugar: incluso mientras está meando necesita un asesor al que dar órdenes.
¿Mientras tanto quién resuelve los problemas de gestión? Un abnegado funcionario que conoce a la perfección su oficio. Así, este se ve obligado a tener que hacer un doble esfuerzo, por un lado esquivar a su jefe y por otro resolver los problemas de un ministerio tan importante como es el de Asuntos Exteriores.
A todos aquellos especialistas en saber qué es lo que hay que hacer, ocupando el espacio de las soluciones generalistas pero que jamás van a ofrecer nada sobre el cómo hacer las cosas, va dirigida esta película. La política, con el consentimiento de los ciudadanos, se ha transformado en lo que nos muestra el director de este film. Seguiremos asistiendo a este completo despropósito hasta tanto nos decidamos a participar activamente en las instituciones para desde dentro de ellas corregir este sinsentido.
A todos aquellos funcionarios que realizan su trabajo en la delgada línea que separa lo administrativo de lo político, también va dirigida esta obra. Ellos con su sentido de la profesionalidad, no sólo consiguen sobrevivir, sino que con no poco esfuerzo (pensemos que si el papel del protagonista es el del acertado comportamiento un ministro, imaginemos a dónde puede llegar esta situación según bajas en el escalafón de los puestos políticos) son capaces de centrarse en lo esencial y que las instituciones funcionen.
Esta película tiene una gran carga de profundidad. Con gran sentido del humor nos muestra la realidad de la acción política, algo que necesariamente entre todos tendremos que cambiar desde sus mismos principios. Si generalizamos e incrementamos nuestra participación como ciudadanos seremos capaces de transformar la forma en que se ejerce la política. Esto es posible, Bertrand Tavernier nos estimula a ello.

Germán.      

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