QUAI
D’ ORSAY
(CRONICAS
DIPLOMÁTICAS)
DE
BERTRAND
TAVERNIER
Ir al cine a ver una
comedia y encontrarse con una obra muy próxima al hiperrealismo, es lo que se
experimenta cuando se acude a disfrutar de esta obra.
La sociedad europea y por
ende la española necesitaban de esta película. Un film que inspirado en un
famoso comic nos refleja de forma magistral cómo son las interioridades de la
acción política. No nos confundamos, el problema que viven gran parte de las
sociedades avanzadas con democracias firmemente asentadas no es la política en
sí misma, sino su acción y, sobre todo, los personajes que han conseguido
encaramarse en este honorable oficio para hacer del mismo su modo de
subsistencia.
Bertrand Tavernier con un
inteligente humor nos desvela como es el día a día de un ministro de Estado -en
los ministerios técnicos no debe ser muy diferente- y de su grupo de fieles
asesores. Estos, tienen que lidiar con la más grande dificultad ante la que se
puede encontrar un técnico ¿sentar las bases de la política exterior de una
gran potencia con armamento nuclear y un pasado colonial importante? no, tienen
que hacer frente a un arduo trabajo: interpretar a su jefe. Este, desde la cima
de su propia vanidad va dando órdenes contradictorias (opuestas al más mínimo
sentido de estado); busca, permanentemente,
referentes que inspiren la alta estima que tiene de sí mismo. En tal alta
cumbre se ve que para reafirmarse, se impone, igualmente, un comportamiento y
unas formas de actuar acordes con su vacuidad: Pisa fuerte, muy fuerte; abre y
cierra las puertas con un gran derroche de energía; práctica jogging y obliga a
sus asesores a seguirle mientras imparte instrucciones; el ejercicio del mando
llega a cualquier lugar: incluso mientras está meando necesita un asesor al que
dar órdenes.
¿Mientras tanto quién
resuelve los problemas de gestión? Un abnegado funcionario que conoce a la
perfección su oficio. Así, este se ve obligado a tener que hacer un doble
esfuerzo, por un lado esquivar a su jefe y por otro resolver los problemas de
un ministerio tan importante como es el de Asuntos Exteriores.
A todos aquellos
especialistas en saber qué es lo que hay que hacer, ocupando el espacio de las
soluciones generalistas pero que jamás van a ofrecer nada sobre el cómo hacer
las cosas, va dirigida esta película. La política, con el consentimiento de los
ciudadanos, se ha transformado en lo que nos muestra el director de este film.
Seguiremos asistiendo a este completo despropósito hasta tanto nos decidamos a
participar activamente en las instituciones para desde dentro de ellas corregir
este sinsentido.
A todos aquellos
funcionarios que realizan su trabajo en la delgada línea que separa lo
administrativo de lo político, también va dirigida esta obra. Ellos con su
sentido de la profesionalidad, no sólo consiguen sobrevivir, sino que con no
poco esfuerzo (pensemos que si el papel del protagonista es el del acertado
comportamiento un ministro, imaginemos a dónde puede llegar esta situación
según bajas en el escalafón de los puestos políticos) son capaces de centrarse
en lo esencial y que las instituciones funcionen.
Esta película tiene una
gran carga de profundidad. Con gran sentido del humor nos muestra la realidad
de la acción política, algo que necesariamente entre todos tendremos que
cambiar desde sus mismos principios. Si generalizamos e incrementamos nuestra
participación como ciudadanos seremos capaces de transformar la forma en que se
ejerce la política. Esto es posible, Bertrand Tavernier nos estimula a ello.
Germán.
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