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LA VIDA MISMA.GERMÁN

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lunes, 21 de septiembre de 2015

A PERFECT DAY
DE
FERNANDO LEÓN DE ARANOA

Excelente cambio de registro de Fernando León de Aranoa,  que hace su primera incursión en el cine rodado en inglés con un excelente resultado. Siguiendo los pasos de otros cineastas  que se desenvuelven  en ese terreno como pez en el agua - Isabel Coixet, Alejandro Amenábar o  J. A.  Bayona-  elige, con buen criterio,  rodar en inglés  su film sobre la vida  de los cooperantes en los conflictos bélicos.  Dadas los características cosmopolitas de este tipo de “organizaciones”, elegir el inglés que sirve como medio de comunicación en estas circunstancias (y casi en todas)  parece más que pertinente. Y claro, con las posibilidades que ello ofrece,  la elección del elenco ha sido inmejorable.  Un  poderoso Benicio del Toro, haciendo gala de su particular magnetismo,  llena la pantalla de veracidad con cualquier personaje que interprete,  pero éste, en particular, parece escrito para él. Tim Robbins, por su parte,  le da una perfecta réplica con su personaje dislocado. Las actrices –para mí desconocidas- están correctas.
Al margen de la valoración de las interpretaciones del film, brillantes en líneas generales, la película sabe introducirnos en la violencia, la barbarie y la irracionalidad de las guerras pasando todo ello  por el tamiz de ese sarcasmo tan característico del cine de León de Aranoa que nos permite sobrellevar la dureza de la narración, independientemente de las historias, más o menos personales que se utilizan como coartada. El conflicto de los Balcanes es una excusa  próxima en el tiempo y en el espacio, para enfrentarnos a  lo irracional de cualquier guerra y, por ende,  a lo desolador de la labor de los cooperantes en su empeño por asistir a sus víctimas.
No hay escenas de violencia explícita, ni bombardeos, ni batallas ni escenas gore  de ninguna clase. Aun así, algunas de ellas son tan demoledoras que producen una conmoción más efectiva que si de “acciones bélicas convencionales se tratara”. El descubrimiento en la casa abandonada del niño protagonista es un claro ejemplo de cómo impactar sin recurrir a la sangre ni a las vísceras.   Historias tan aparentemente secundarias  como la de la  venta de un balón, nos presentan en la pantalla la crudeza de lo irreparable de las pérdidas inevitablemente sufridas en cualquier guerra.  Todo ello aderezado por una situación  rocambolesca en torno a la que se desarrolla toda la historia (las dificultades para  limpiar un pozo contaminado por la presencia de un cadáver, para que la población del lugar pueda disponer de agua potable) no es más que una simple  muestra de las múltiples situaciones “surrealistas” que constituyen la normalidad en la vida de las personas en  guerra. Por otra parte, resulta particularmente grotesca  la burocracia, que incluso en este contexto, hace acto de presencia para dificultar, por no decir que para impedir,  la resolución de los problemas más cotidianos y en apariencia más  sencillos. La avaricia humana desprovista de toda humanidad se hace especialmente repugnante cuando se trata de sacar provecho de  las situaciones más dramáticas (los traficantes de agua). Y para hacernos el relato más creíble, hacen su aparición, igualmente, los conflictos interpersonales, que lejos de distraer del tema central – el conflicto bélico, en  cuestión- nos aproximan a la “normalidad” de los personajes que viven en estas circunstancias, y que son, al fin y a la postre, personas de carne y hueso.
Sabor agridulce el que nos deja la película de León de Aranoa, que aunque parezca mentira, es capaz de arrancarnos sonrisas de entre tanta desolación.
Maestría inigualable la mostrada por el director tanto en el empleo de las elipsis como  en el  sabio manejo del humor del que impregna el desgarro de sus  historias (ya sea el paro en “Los domingos al sol”;   la inmigración  en “Princesas”;  la marginalidad causada por la pobreza en “Barrio”  o la soledad  en “Familia”). Y su efecto es demoledor. Uno solo se apercibe del horror con una cierta distancia, transcurrido un cierto tiempo. Es lo que podríamos denominar cine de efecto retardado.
Enhorabuena, Fernando porque nos estremeces sin hacernos perder la sonrisa. Nos remueves  la conciencia sin que apenas  nos demos cuenta, sutilmente, con  exquisita delicadeza.  Más que cine lo que tú haces  es magia!!!!!


Alicia dixit

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