NOBODY WANTS THE NIGHT
DE
ISABEL COIXET
Mi reconciliación con
Isabel Coixet parece duradera, y eso que
“Nobody wants the night” no presagiaba lo mejor. Aun así mi “idilio
cinematrográfico” con ella se mantiene firme.
Nuevamente me ha conquistado con una película en las antípodas de mis
géneros favoritos, lo cual tiene su mérito. Las aventuras extremas, ni en la vida ni en
la ficción, me han seducido jamás lo más mínimo. Y me aventuré a verla a pesar de
ello, porque mi renovado entusiasmo por su cine (gracias a “Learning to drive”)
me inspiraba plena confianza. Que no se ha visto defraudada. A pesar de la
dureza de las condiciones de vida descritas en el film (que me resultan cada
vez menos agradables en la pantalla) y de algún truco de guion que se perdona por el conjunto, por el resultado
final (el arranque de la historia parece poco verosímil) me ha conmovido la
relación de las dos mujeres protagonistas. Dos mujeres que nada tienen en común
más que el amor por el mismo hombre, lo que las convertiría en enemigas
irreconciliables, y que dadas las
circunstancias las transforma en su apoyo mutuo imprescindible. Unos lazos más
fuertes que cualesquiera otros los que produce la lucha por la supervivencia.
Lazos que rompen con todos los antagonismos existentes en la vida de las
mujeres: las opuestas condiciones de vida, la diferente moral, la diferente
actitud ante las adversidades, ante la vida…… Con una excelente ambientación,
unos sugerentes paisajes y unas imágenes cadenciosas e impactantes, se nos
relata el devenir de una relación que
viaja desde la rivalidad más recalcitrante hacia una simbiosis casi total.
Una historia de amor generoso, milagroso,
inimaginable. Y siendo ficción (como apuntan los créditos, que informan de que
los inspirados en personas reales son los protagonistas pero nada dice de los
hechos) a mis ojos, parece posible. Me creo esta historia de amor entre mujeres en el límite, llena de ternura y de delicadeza que me eriza el vello y me conmueve hasta el llanto.
Y mi admiración por Isabel
Coixet crece sin fin. Sintonizo con su cine de manera inexplicable.
Es una cuestión de piel que no alcanzo a
expresar. Siento sus películas como un regalo y espero que
este estado de ensoñación se prolongue indefinidamente.
Grandes, también, Rinko
Kikuchi y Juliette Binoche, sin cuya presencia no hubiera resultado tan
fácil modelar estos personajes.
Grandes todas. Gracias, Isabel……
Alicia dixit
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