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LA VIDA MISMA.GERMÁN

Si no puedes escribir, escribe

lunes, 13 de agosto de 2012

EL ELEFANTE BLANCO
DE
PABLO TRAPERO

Hace más de un mes fui a ver elefante blanco”. Mi motivación principal fue que el protagonista era Ricardo Darín, sin duda, garantía de calidad. Un actor de esos que llaman de raza, definición que yo comparto. A esto había que añadir que el director es Pablo Trapero del que guardo n buen recuerdo por su película “Carancho” sobre la perversión de la industria de los seguros. Una obra que no me pareció sobresaliente  pero sí notable. Con estos antecendes acudí expectante al cine.
         He tardado más tiempo del que acostumbro en escribir este post para que mi sentimiento inicial de desconcierto no me influyese demasiado, y al mismo tiempo, ser más imparcial. En este momento no sé si lo he conseguido. Cuando he empezado a rememorar lo que vi, he vuelto a tener una sensación de entre asombro e indignación. ¿Pero este director qué pretende? Tomarnos el pelo mostrándonos un mundo real en el que en ningún momento se pasa de las anécdotas, que se presenta en forma de constantes y permanentes situaciones límite, sin entrar en ningún momento en las causas.
         Con esta superficial y naif historia, que no llega a alcanzar la categoría de panfleto, cinematográficamente mal narrada ¿de qué pretende convencernos el director? ¿De que ese mundo de marginalidad y miseria solo se resuelve desde el compromiso de la fe? ¿Intenta devolvernos conciencia de clase para que luchemos contra la injusticia? ¿Nos quiere hacer ver que existe otra iglesia diferente a la permanentemente tenemos presente? ¿Que no hay solución posible más allá de los cuidados paliativos con los que una especie de sacerdotes y asistentes sociales idealistas lavan sus conciencias y justifican la existencia de unas organizaciones, como son las religiosas, por el comportamiento aislado de algunos de sus componentes? Es difícil de descubrir.
         La narración intenta con constantes situaciones estresantes tenerte enganchado a la pantalla y lo que consigue es que te alejes de la historia transcurridos los primeros 30 minutos y te llegues a preguntar, como aquel espermatozoide negro de la película de Woody Allen “Todo lo que quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar” ¿YO QUE HAGO AQUÍ? Y para colmo da una oportunidad a su mujer, que interés le pone, pero solamente eso, interés. Lo que más sorprende es que Ricardo Darín haya aceptado este papel, ¿será para que no le acusen de no aceptar papeles de denuncia social?
         Señor director reflexione sobre su obra. Inténtelo de nuevo, calidad y oficio tiene usted, con otra película de denuncia social pero yendo al fondo del asunto y sin mezclarlo  con determinadas organizaciones cuyos comportamientos aislados no nos convencen de su sentido o su utilidad. Si en el intento no consigue una narración redonda, siempre será mejor apreciada si nos muestra la miseria de la humanidad que consiente la persistencia de  estas realidades sociales.
Germán.

martes, 7 de agosto de 2012


LA DELICADEZA

DE

 DAVID Y STÉPHANE FOENKINOS



No se me ocurre un título mejor para describir la película francesa  de los hermanos Foenkinos, autores del libro del mismo título que ha sido un éxito de ventas en Francia.

Película terapéutica, tras las decepcionantes “El elefante blanco” y “La suerte en tus manos” de no grato recuerdo. Tengo que decir que resultó de fácil (además de acertada) elección. Ante un panorama no muy estimulante, la cartelera veraniega ofrecía dos o tres cintas francesas de las que apenas tenía noticias.  Todas ellas de títulos sugerentes. Diré que, aun a pesar de resultar reduccionista y poco rigurosa, confío en el cine francés. Es una garantía de savoir faire. Con su particular impronta, que lo convierte en muy característico, incluso en  todas las diferentes categorías. Las comedias cuando son buenas son admirables;  el “cine de autor”  cuando es de calidad, ofrece una mirada muy singular sobre las cosas; si es cine social, no tiene nada que envidiarle al mejor cine británico; si es cine de evasión, logra sin pretensiones sus objetivo, al mejor estilo hollywoodiense……Supongo que el cine francés que nos llega, es el cine de más calidad, y viene, con frecuencia, avalado por las buenas críticas y las excelentes taquillas en el país vecino. Me da igual, sea lo que sea, me resulta como mínimo entretenido. Y ante  tales  premisas, nos decantamos por  “La delicadeza”. Y todo en ella hace honor a su nombre. Empezando por Audrey Tautou, que encarna como nadie al prototipo de mujer francesa: delicada, sutil, liviana, discreta, seductora, cálida, tierna, frágil, natural  pero con el  toque justo  de sofisticación, atractiva, audaz, sensible, dulce y a la vez enérgica……En una palabra, elegante. Simboliza la elegancia en el sentido más literal. La elegancia en el aspecto y en la forma de ser: lo más alejado de la estridencia y lo más próximo a la prudencia, a la moderación.  De  manera que su sola presencia actúa como un imán que te despierta el interés. Representa ese tipo de mujer que todas querríamos ser  o haber sido en nuestra juventud (hablo por mi), y que además, salvando las distancias, simboliza la mujer en la que  todas nos vemos   reflejadas de alguna manera en algún momento de nuestras vidas (quién no se ha tropezado alguna vez con el típico cretino que trata de seducirte de manera burda  y arrogante?)Esa identificación que se llega a producir con su personaje,  la convierte en alguien próximo, reconocible, accesible, real. Nada que ver con los mitos sexuales más simbólicos del cine de  todos los tiempos, ya sean francesas o americanas, suizas, suecas o italianas. De manera que la elección de la actriz es incuestionable. Pero nada tiene que envidiarle el protagonista masculino (François Damiens, del todo desconocido para mí), que pone, con su papel, el contrapunto perfecto. Y  lo representa a la perfección: un ser, en apariencia, vulgar. Desgarbado, poco agraciado, calvo, con cara de patán. Un tipo corriente no sólo en el aspecto, sino también en su comportamiento. Nada chirriante,  tímido, inseguro, el típico sujeto que pasa del todo inadvertido.  Pero que resulta ser afectivo, generoso, hasta divertido,  sorprendentemente valiente  y lo más importante, con capacidad para amar. Desinteresado, necesitado de afecto, franco, tranquilo, apacible, amoroso, firme, vulnerable y robusto a la vez. En  resumen, un buen tipo. Algo tan devaluado como eso. En el extremo opuesto al del hombre de éxito en lo personal y en lo profesional. En lo personal porque el físico no le acompaña; en lo profesional porque parece discreto, poco ambicioso, menos competitivo y en absoluto autosuficiente o egocéntrico, lo que asegura a cualquiera una vida anodina.  Y lo  que, por otra parte,  le convierte en un sujeto delicioso  contra todo pronóstico (para determinado tipo de mujeres, cabe precisar, siempre las hay que prefieren a los villanos, pero esto es otro asunto).  Y es ese el planteamiento novedoso  de la película, que  no es  sino una reivindicación de la bondad como la clave para fundamentar una relación de pareja sólida, reparadora,  que viene a sacar a la protagonista de su ensimismamiento por la pérdida traumática de su marido, que la rescata de su soledad. Es un canto a la sencillez y a la bondad como valores fundamentales, como cualidades básicas para construir cualquier vínculo afectivo, porque lo que aquí se dice de las relaciones de pareja es extrapolable a todo tipo de relaciones. La bondad como lo prioritario. La bondad contrapuesta al éxito, al poderío económico, a la posición social, a la belleza, a todos los valores en alza en nuestro mundo actual. En definitiva la bondad como contrapuesta a todo lo superfluo, lo prescindible, lo inmediato, lo perecedero.  Resulta impactante (por realista) comprobar  en la pantalla ( como en la vida ) cómo los prejuicios actúan indiscriminada y cruelmente contra las personas que dan determinado perfil, que no responden a determinados cánones. De igual forma, se recrea, y se ridiculiza de forma muy precisa, el prototipo de triunfador (el jefe de los dos protagonistas) arrogante, engreído, seguro de sí mismo, con tics donjuanescos, que lejos de seducir resulta patético, al que desarma la protagonista con audacia y sin ningún miramiento: “No me gustas  nada y si alguna vez decidiera buscarme un rollo tú no serías nunca una opción”. Un golpe certero en la diana de la vanidad del fanfarrón que se siente poderoso y no contempla, siquiera, la posibilidad del fracaso  en sus conquistas.  Y finalmente aparece la figura de la abuela, la encarnación de  la sabiduría que con frecuencia proporciona la experiencia, y que es capaz de distinguir a la legua, en el  minuto 0 de conocer al sueco, no sólo su gran cualidad, su bondad,  sino que además es capaz de valorarla como se merece. Así  cuando dice a Nathalie, “me gusta Markus, es buena gente”, lo que viene a significar es,”me gusta Markus, te puede hacer feliz”.



Cuando finaliza la película, ya tienes claro  que los lazos que unen a los protagonistas son sólidos,  durareros. Lo que te deja un buen sabor de boca, al menos te convence aunque solo sea por  un rato, de que existe el everlasting love. Todo resulta agradable en la película.  Muy francesa, perdón por el cliché. Yo iría de nuevo a disfrutarla, sin dudarlo.



Alicia dixit

domingo, 5 de agosto de 2012


EL SKYLAB

DE

JULIE DELPY



         Un día laborable por la tarde es una gran ocasión para ir al cine. Uno de los mejores momentos es cuando el sol más aprieta, te refugias en una sala e intentas ver alguna película que tengas pendiente. Todo marcha perfecto hasta que llegas a la taquilla y la empleada te informa de que la película que tenías previsto ver ha cambiado de horario. Momento de desconcierto agrandado por el terrible calor del verano. Hay que decidir y, ya está, en la cartelera del mismo cine descubres una película que no tiene mala pinta. Es francesa. Decides sacar las entradas y resolver el pequeño incidente con una solución casi homeopática: inocularte una dosis de la sustancia que produce el síntoma: ir al cine y ver películas.

         La película en cuestión es “El Skylab” dirigida por Julie Delpy que tiene una dilatada carrera cinematográfica como actriz, coguionista y directora pero que yo únicamente la recuerdo por “Los tres mosqueteros”. No todo va a ser cine de autor.

         La obra se desarrolla en torno a una reunión familiar en una casa de la Bretaña francesa para celebrar el cumpleaños de la abuela ¿A que ninguno de los lectores de este Blog se ha visto nunca en una situación semejante? Y, como es lógico y previsible, nos expone con bastante crudeza cómo este elemento natural y fundamental de la sociedad, tal y como dice la declaración de los derechos humanos del hombre, puede saltar y hacerse añicos cuando se somete a sus mecanismos a determinadas situaciones, por ejemplo el aniversario de la abuela. Igual que el Skylab, la estación espacial norteamericana, una máquina con un diseño perfecto, orgullo de la técnica que fue sometido a determinadas condiciones y se derrumbó.  Menos mal que no pilló a nadie en su trayectoria. Era simplemente una máquina y no ese elemento fundamental de la sociedad. De igual forma que las reuniones familiares, destrozan familias enteras pero no le caen encima a nadie y al siguiente pretexto, Navidades por ejemplo, se somete de nuevo, a ese elemento natural y fundamental de la sociedad, la familia, nuevamente a  pruebas de presión y temperatura, con el resultado ya conocido.

         Si, lectores de este blog, esta es una película sobre la familia, vista desde la perspectiva de una niña de diez años, a la que en el transcurso de la misma le viene la regla y se transforma en mujer. Aunque yo sigo pensando que lo que te convierte  realmente en adulto no es ninguna transformación fisiológica, sino asistir a reuniones como la que nos describe la directora.

         No tiene la calidad de la obra japonesa “Still Walking” de Hirokazu Koreeda pero se deja ver. Merece la pena verla, dado que tiene calidad suficiente para ser elegida como mejor opción de la cartelera porque el tema de la familia y los conflictos que surgen en los encuentros familiares dan para mucho. Sí, dan para mucho.

Germán.

domingo, 22 de julio de 2012


LA DAMA DE HIERRO

DE

PHYLLIDA LLOY

         Tarde casera, por el calor, momento ideal para ver una película descargada de un video club de internet. La oferta de los videos clubs de internet no es muy amplia, pero si ofrece suficientes títulos como para que se pueda disfrutar de alguna buena película. Este tipo de herramientas son especialmente útiles para poder ver obras que rara vez verías en un cine. Con este criterio escogí “La dama de hierro”.

         No parece muy necesario dedicarle mucho tiempo a hacer una sinopsis de la obra, ni por supuesto elogiar más, si es que se puede, a Meryl Streep. Sí me parece correcto cómo la directora ha enfocado el relato. Lo hace de una manera que me ha resultado sorprendente, presentándonos a una Margaret Thatcher en declive por la edad lo que supone un primer y brillante contraste con el titulo. La vida de Margaret Thatcher, según la interpretación de la directora, tenía un único propósito, su insaciable ambición política, en un momento en que la política era un mundo de hombres, en un partido, el conservador, donde todo hasta su llegada eran hombres.

         La historia nos presenta una Margaret Thatcher que pone su carrera política por delante de cualquier otro interés personal: familia, marido, hijos, etc. Que consigue sus objetivos, liderar el partido conservador y llegar a ser la primera mujer primer ministro del Reino Unido. La seguridad en si misma unida al éxito de su carrera política es lo que la va a impulsar a su propio fin. Esto que aparentemente es contradictorio, que la consecución del éxito sea tu propio fin, es algo muy cotidiano que podemos comprobar en cualquier ámbito de nuestro mundo relacional porque llegar a superar tus metas iniciales en multitud de ocasiones nos convierte en una suerte de personajes soberbios y odiosos, incluso para nuestro circulo más cercano. Y estos últimos, que suelen ser los que más nos han ayudado a alcanzar nuestras metas, serán los que nos empujen y se esmeren en que salgamos por la puerta de atrás.

         No tengo clara que la conexión entre la forma de narrar la vida de Margaret Thatcher y la vida real de esta brillante política, sea como nos lo cuenta la directora. Lo cierto es que hace un trabajo encomiable, que remata con su interpretación  Meryl Streep, mostrándonos que al éxito, que nunca es algo que se consiga individualmente, y a la soberbia personal los separa una muy delgada línea, muy fácil de atravesar.

         A pesar de los pesares, de que el personaje nos resulte odioso, de que no comulguemos con su ideología ni con las medidas políticas que adopto, ni con la transformación que ha sufrido la política desde entonces (no existen sociedades, existen personas), a pesar de que las películas biográficas me resulten de poco interés, la directora ha encontrado un resquicio para construir una historia y ha sabido dirigir a una inigualable actriz que ha hecho brillar la narración.

         No es para ir al cine, pero si para no perdérsela.

Germán          

sábado, 7 de julio de 2012


LA SUERTE EN TUS MANOS

DE

DANIEL BURMAN

            La suerte en tus manos” pertenece a ese tipo de películas predecibles, largas, tediosas y que te hacen preguntarte: ¿yo que hago aquí? La utilidad de ir al cine a ver películas como esta es que te hacen sorprenderte a ti mismo sobre la capacidad del ser humano para no atender a la pantalla y dedicar su mente a viajar por lugares lejanos, o a escalar montañas, o a disfrutar de la brisa de una playa enorme de las del Océano Atlántico. Cualquier cosa excepto centrarte en las imágenes, el relato, los personajes, los escenarios y todo lo que forma parte de la película.

            No es que Daniel Burman no haya acertado con esta película, es que la mejor decisión que podía haber tomado es no estrenarla y así evitarse un enorme borrón en su carrera. No acierta en casi nada ¿Es una obra romántica? No queda claro. ¿Es una comedia? En ningún momento hice ¡JA! ¿Hay un mensaje dentro de la historia? Yo no lo he encontrado, ni lo he podido leer, si acaso la relación entre la suerte que tiene que acompañar siempre a una partida de póker y no dejar al albur de la suerte la oportunidad de ser feliz cuando se te cruza en el camino el amor de tu vida.

            No tenemos que ir al cine por obligación. La reputación de director no implica una buena obra. Al cine se va a pasar un buen rato, para desconectar y dar rienda suelta a tu imaginación ya están la televisión y el sofá.

            Jorge Drexler, que apunta maneras de actor, no debería haberse dejado llevar por la reputación del director para tomar la alternativa. Debería, sin lugar a dudas, haber leído el guion despacito y con el don para el arte que le ha dado la naturaleza, haber imaginado cómo se trasladaría ese relato al lenguaje cinematográfico. Estoy convencido de que si hubiese obrado así, habría declinado la invitación y habría esperado a que surgieran mejores oportunidades que sin lugar a dudas, y no por su participación  en está película, le van a surgir. Esperamos expectantes una nueva incursión suya en el cine.

            No caigan en la trampa, el mejor escribiente echa un borrón aunque este no anula toda la obra de Daniel Burman. Esperemos algo mejor en el futuro. Capacidad tiene.

Germán

domingo, 10 de junio de 2012


LOS NIÑOS SALVAJES
DE
PATRICIA FERREIRA


 A  partir de un hecho real, (lo que demuestra que la realidad supera con creces a la ficción) Patricia Ferreira ha firmado una grandísima película. Trepidante desde el inicio, este excelente exponente de  thriller psicológico, (que dirían los críticos empeñados en poner etiquetas) refleja con clarividencia y crudeza los potenciales daños  del entorno en los jóvenes y lo determinante de los comportamientos  de los adultos en el “crecimiento personal” de los niños,  todo ello visto desde la perspectiva de los propios adolescentes. Siendo, como es, una película del tipo “historias de adolescentes: sus conflictos, sus relaciones de igualdad en el grupo,  sus relaciones con la autoridad de los padres, de una parte  y de  la escuela, de otra”, me ha resultado extraordinariamente personal. Una  muy lúcida y nueva visión desde el ángulo contrario. La posición en la que te coloca la directora no es la habitual  del espectador que observa desde la perspectiva adulta, sino que consigue ponerte en los zapatos  de cada uno  los protagonistas, chavales de 15 años. Logra que empatices con  ellos de manera  tal que  percibes a los adultos que les rodean (padres, profesores…..), como si de  seres extravagantes se tratara. Y desde este ángulo los muestra como personajes imperfectos, perturbados y perturbadores, incomprensibles, enajenados o sencillamente torpes. Personas reincidentes en la comisión de errores en la tarea de educar, a veces queriendo hacerlo bien, a veces sin siquiera intentarlo. Errores cotidianos,  de gente normal, sin  aparente trascendencia,  pero que en ocasiones, como en la historia aquí relatada,  resultan trágicos. Errores cometidos por todos: ser intransigentes hasta la irracionalidad; ser  inoportunamente complacientes;  estando llenos de prejuicios o siendo egoístamente  indiferentes ante la realidad de sus hijos/alumnos.   Se masca la tragedia desde el primer momento,  pero nada hace presagiar lo estremecedor del desenlace. No quiero destripar la película a aquellos que estén interesados en verla. Sólo quiero advertir de  que hay que estar preparado para reflexionar, con ojos autocríticos, sobre la complejidad de ejercer de buen  padre/educador. Asusta pensar qué hacemos mal los adultos en ocasiones como ésta. ¡Qué  grado de responsabilidad tienen los jóvenes en sus comportamientos asociales! ¡Cuánta   de la culpa  de sus actos es nuestra! ¡Cuán irreversible puede ser el daño causado!
La película no resultaría tan impactante sin  el acierto en la interpretación  de los  actores del film, que están extraordinarios, si bien, merecen mención especial los tres jóvenes protagonistas. Mis preferencias  van, sin embargo,  para la  niña, que ya dio muestras de su buen hacer en “Pa negre” y que confirma, aquí,  sus  incuestionables dotes interpretativas.
Espléndida película.

Alicia dixit.

martes, 29 de mayo de 2012

LOS CHICOS ESTÁN BIEN DE MIA WASIKOWSKA

LOS CHICOS ESTÁN BIEN
DE
MIA WASIKOWSKA

         Esta película me reafirma en la idea de que los avances sociales en igualdad que ha hecho la sociedad española tienen un enorme valor, algo únicamente comparable, por ejemplo,  con los avances sociales en derechos civiles que se han producido en grandes y diversos países como Estados Unidos. Toda la gente de mi generación ha vivido el infierno de burlas infantiles y juveniles que han sufrido los/las homosexuales en los patios de los colegios, en los campamentos de verano, durante el cumplimiento de aquel impuesto de conscripción que era el servicio militar. ¡Cuánto desprecio han tenido que soportar en ritos arcaicos como tomar la primera comunión! ¡Cuántas familias falsas se han constituido para ocultar la insidia!

         Esta película que, a pesar de no nada extraordinaria, nos relata con preciso lenguaje cinematográfico el devenir de una familia homosexual, una pareja de lesbianas con dos hijos, que atraviesa por las mismos avatares que una familia "convencional". El autentico valor de la película es que llega a meterte hasta tal punto en el relato que identificas las circunstancias que nos muestra como si de una familia “ortodoxa” se tratase. Incluso te llegas a sorprender a ti mismo haciendo comentarios durante el visionado de la película, (porque hay que verla en DVD, ese maravilloso electrodoméstico de fin de semana), descubriéndote que no estás considerando que la historia gire en torno a una familia no convencional. Acostumbrémonos a que esto ya forma parte de nuestra civilización, y afortunadamente, las familias no convencionales seguirán creciendo.

         La película se deja ver. Está bien realizada y dirigida a pesar de ser de bajo presupuesto. Particularmente destacable es el papel de esa magnifica actriz que es Annette Bening que en esta obra nos deslumbra con un nuevo y desconocido registro. Julianne Moore nos tiene más acostumbrados interpretaciones como esta. Mark Ruffalo es un buen acompañante del dúo lésbico.
        
         Las nominaciones al Oscar que tuvo este film son de agradecer por dos motivos: primero, por aceptar normalidad con una historia de una familia homosexual y después por valorar el cine independiente. No todo en los premios Oscar son grandes producciones orientadas al éxito comercial, y esta es una prueba.

         No hay que correr a verla pero yo recomiendo no perdérsela si hay oportunidad, para así confirmar que lo no convencional es mucho más convencional de lo que creemos.
Germán.