Teniendo en cuenta mi bien conocido desapego por los musicales, mi opinión sobre Begin again tiene un especial significado. No quiero decir con esto que mi modesta visión tenga más validez que la de cualquier otro sino que el hecho de que los musicales me produzcan una cierta aversión dice mucho de mi entusiasmo por algunas películas del género. Porque cuando me encuentro ante un buen film soy capaz de reconocerlo por encima de cualquier otra circunstancia y este es el caso que nos ocupa.
Desconocía casi todo de la película, salvo lo leído de pasada en una crítica cinematográfica de esas de las que suelo desconfiar. En esta ocasión,no saber nada sobre su autor (el exmúsicoirlandés John Carney) ni sobre su obra anterior (la vanagloriada Once, que trataré de localizar en cuanto tenga ocasión), ni sobre el género de pertenencia, me permitió con mayor naturalidad dejar aflorar mi sexto sentido fílmico. Y superando algún que otro prejuicio de los que no debería confesar (Keira Knightley, tampoco es santo de mi devoción y estas cosas me retraen de ver ciertas películas), sumado a la sequíacinematográfica propia del periodo estival, me decidía verla.
Y me encontré con lo que siempre espero hallar en una sala, una película sencilla y fresca, mágica, cautivadora. Emotiva sin ser lacrimógena, previsible y sorprendente a lavez, donde el final no es como sería esperable, al tiempo que resulta sencillamente auténtica, genuina. Una película que bien podría ser una historia real, donde el encuentro de dos personas en idéntica situaciónpersonal, que conectan, en este casoen lo musical,produce el espejismo del surgimiento del amor. Y así es, la comunión que logran los personajes principales, interpretados de forma correctísima por Keira Knightley y Mark Ruffalo, que consiguen transmitir con gran espontaneidad, permite construir un relato cercano, verdadero y conmovedor.
Dos personajes perdidos que se encuentran en el momento adecuado, lo que les sirvepara apoyarse el uno en el otro y así salir reforzadosy poder avistar la luz al final del túnel.
De fondo nos acompaña una más que digna banda sonora que contribuye a crear el ambiente acogedor que define la película, siendo una parte más de la historia. La música se convierte, así, en otro personaje, que te cautiva y te seduce. No es por tanto, un musical al uso, sino una película donde la música es más que cooperadora necesaria, imprescindible. Supongo que el hecho de que su director sea un músico retirado le permite aproximarse al género con una desenvoltura que se respira.
Siendo como soy refractaria a los musicales, he de admitir que “Begin again” me ha complacido como hacía tiempo que no me ocurría. Tanto si gusta como si no este tipo de cine, no puedo más querecomendarla, porque es la clase de película gozosa, optimista que te contagia buen rollito. Alguien damás?
Alicia dixit
martes, 3 de junio de 2014
MADRE E HIJO
DE
CALIN
PETER NETZER
Al
olor del “Oso de Oro” y del premio
“FIPRECI” de la crítica internacional
del Festival de Berlín 2013, y de la
unánime crítica nacional sobre las bondades del film, acudo, no sin cierta
desconfianza, a ver la rumana “Madre e hijo”. Por esa
intuición mía que rara vez me falla, no las tenía todas conmigo, a pesar de lo
cual decidí dar un voto de confianza a tanta coincidencia. Las sesudas
interpretaciones leídas sobre la cinta me sirvieron para entender una película que
no deja claro el mensaje que quiere transmitir. De no ser por las lecturas
previas, nunca habría deducido que el
tema central del film es la relación de una madre castradora y su único hijo. O mejor dicho, la obsesión de una
madre cuya característica primordial es el exceso de control o la sobreprotección
que ejerce sobre su vástago. Y digo que
esto lo deduzco de las reseñas leídas, porque en la pantalla solamente veo una
narración perdida, desenfocada, poco precisa, borrosa, donde quien sale peor
parado no es la madre, en contra de lo
esperado, sino la supuesta víctima, el hijo. Si bien la
idea, parece ser, es la de que la madre ejerce un control enfermizo sobre su
hijo, que a pesar de tener más de 30 años y haber decidido independizarse, no
puede desembarazarse de la vigilancia de su progenitora que supervisa
todos y cada uno de sus movimientos, lo
cierto es que lo que vemos en la pantalla no es fiel reflejo de lo aquí contado.
Y digo contado (por mí, a partir de terceras lecturas) que no visto, porque yo no sé si habría llegado a esta
conclusión por mí misma.
Lo
que yo sí veo es la descripción de una
mujer de clase acomodada rumana, profesional liberal, que se muestra perpleja y
se lamenta de que su único hijo se aleje
de ella irremediable e incomprensiblemente
a sus ojos. Y a los míos también resulta inexplicable, porque a tenor del retrato que se nos hace de la
supuesta obsesa resulta difícil discernir las causas del rechazo. Del relato de
la mujer (en las conversaciones con la hermana) y de algún exabrupto del
personaje del hijo, se constata que éste
rechaza de forma visceral a la madre y se niega, sin contemplaciones, a dejarse
manejar. Exige ser él quien lleve las
riendas de la relación. Tenemos que deducir, por tanto, que hasta ese momento la cosa era bien distinta. No sé si pretende emplear
la elipsis como medio para abordar el relato, porque salvo un par de diálogos
explícitos, lo que se nos muestra en pantalla es cosa bien distinta de lo
esperable, pero de ser así, el intento resulta frustrado. En cambio se nos
muestra a una señora, que si bien se entromete en la vida de su hijo más allá
de lo que dicta el sentido común, sin embargo
esa invasión del espacio ajeno no es más
intensa de lo que suele darse en los casos
de madres de un único hijo cuando éste se
va de casa, y que padecen, por tanto, lo que los psicólogos norteamericanos han
bautizado como el “síndrome del nido vacío”. Es más, esta señora
se muestra cariñosa en todo momento, considerada y generosa y hasta cordial con la nuera, a pesar de que no es santo de su devoción lo
que no deja de ser una muestra de
respeto y de un grado encomiable de civilización por su parte. Qué cosa más
natural que a una madre no le parezca su
nuera lo suficientemente digna de su hijo!!!!! Siempre que mantenga las formas
y el trato correcto, cosa que no deja de
hacer la protagonista ni por un momento,
no encuentro nada reprochable en su conducta. Respecto del control al que quiere seguir sometiéndolo, se explica
con detalles tan irrisorios como el de tener colocada en su casa (la del hijo, se
entiende) a la asistenta que trabaja en la suya propia, con objeto
de estar informada de cuanto allí
acontece. Pero quién no siente curiosidad por conocer las condiciones en las que vive su hijo, por intrascendentes que estas puedan ser???? Nos ocurre hasta con nuestros propios vecinos de rellano. Y si no,
que alguien me explique qué es lo que mueve a miles de espectadores a seguir
con devoción los programas de “gran
hermano” que tanto proliferan en las parrillas. Vamos, que si esta señora es una madre castradora que venga Dios
y lo vea. A mí me parece una madre
preocupada por su hijo, como cualquier
madre “convencional”, que resulta respetuosa, afectiva, entregada a la causa de
proteger al hijo en una situación más que comprometida. En otras palabras el personaje femenino me
parece simpático, siendo la ordinariez y la brusquedad del hijo lo que me parece francamente fuera de lugar. O el
autor no sabe lo que es, en realidad, una madre castradora o es que no ha sabido contárnoslo. Si para vislumbrar
la intención del autor tienes que estar a
las explicaciones que te dan los propios
personajes, (o a la interpretación de
cierto sector de la crítica) es que algo falla.
En
cambio el mundo de la corrupción que lo impregna todo en la vida pública de
Rumanía, sí queda claramente expuesto. Aquí no se precisa de ninguna explicación adicional. Lo
que me confirma, por si cabía alguna duda, que el autor fracasa en la descripción de la
psicología de los personajes. Y no será porque no hay mil maneras de dibujar a
una madre posesiva y desequilibrada generadora de neurosis familiares. Quizá la
circunstancia elegida para el relato (un accidente de tráfico con resultado de muerte de un niño)
sea el menos adecuado para hacernos ver la capacidad manipuladora de la mujer. Porque más bien al contrario,
cualquier “madre tipo” haría lo
indecible por asistir a su hijo en una
situación crítica como la contada en la cinta.
Por
salvar algo de lo visto, diré que las interpretaciones son magníficas, pero no merecen por sí solas la asistencia el cine. Ninguna gran
interpretación es, en mi opinión, capaz
de salvar una película fallida como “Madre e hijo”. No encuentro, por tanto,
razón alguna para recomendarla. Por el contrario, en mi opinión lo recomendable es buscar alguna otra
película que ver, para matar el gusanillo de las ganas de ir al cine. Yo tenía un par de alternativas en cartera, por lo que me
resarciré tan pronto tenga oportunidad. Y esta vez sí me dejaré guiar por mi
olfato, que es fiel amigo y no me traiciona.
Alicia
dixit.
domingo, 25 de mayo de 2014
APRENDIZ
DE GIGOLO
DE
JOHNM
TURTURRO
Cuando se quiere consumir
un producto es más acertado comprar el original y no una imitación. En el caso
de esta película nos encontramos no solo con un producto falsificado sino que
nos topamos con una mala copia de una clásica elaboración del genial Woody
Allen. Nada más empezar y a todo lo largo de la película, nos muestran no solo
indicios indirectos, sino además burdas maniobras para confundir y que no
identifiques que estás frente a un triste parodia del genial Allen. Por
ejemplo, toda la música gira en torno al jazz ligero.
Desde el mismo principio de
la película se utilizan recursos para que la imitación se parezca lo más
posible a un producto original. Ni tan siquiera la participación de Woody con
sus balbuceos, base de su humor o de querer reflejar una timidez que todavía no
sé si es impostada o real, logran engañarnos. No entiendo como la policía no
acude a las salas y requisa la copia de la película como hace con los artículos
falsificados en lejanos países y vendidos por las calles a través de ese viejo
sistema de exposición de productos sobre manta en el suelo.
Ya el título es
suficientemente engañoso. Desgraciadamente nos recuerda a aquellas obras
cinematográficas que poblaban la cartelera nacional en la época de la transición
que estaban (dirigidas (magistralmente para su finalidad) por Antonio Ozores y
protagonizadas por Fernando Esteso y Andrés Pajares. Las actrices responsables
de protagonizar las escenas de desnudos totales tienen que mantener su
prestigio como Sharon Stone y no consiguen mejorar las interpretaciones de
nuestras Blanca Estrada o María José Cantudo. No mencionaremos nada de la
triste interpretación de John Turturro que antes de hacer esta película debería
haberse documentado un poco visionando a nuestros grandes actores que dieron
sentido a esta “insigne” etapa de nuestra industria cinematográfica.
Por último mencionaré que
la narración alrededor de la colonia judía en Nueva York no sé si ayuda o
perjudica a que comprendamos mejor su cultura.
Lo que sí me queda claro es
que existe una gran amistad entre el director de la película y los principales actores
y actrices que integran el elenco. En particular, destaca el apego de Woody
Allen por el director del film si no, no se entiende cómo se ha prestado a
colaborar con este timo. Resulta increíble que una marca de prestigio colabore
con sus falsificadores para lanzar una imitación que no es capaz de parecerse
ni en los más nimios detalles al producto original.
Un fracaso de imitación, un
fracaso de película, un escándalo para el espectador, un timo para el
consumidor.
Germán.
domingo, 27 de abril de 2014
EL
PASADO
DE
ASGHAR
FARHADI
En ocasiones la ilusión por
ir al cine y, sobre todo, por ir a ver determinado tipo de cine, se trunca
cuando asistes a una burda instrumentalización de este arte para que te
presenten una historia absolutamente retrógrada. El tufo que desprende toda la
obra es difícilmente soportable.
En los momentos en que
vivimos, en una nación como Francia, el autor nos presenta uno de los nuevos
tipos de familia que ya tenemos más que interiorizados. En ellas prima la
felicidad sobre la tremenda carga que supone mantener situaciones en las que la
convivencia se hace insufrible. Esto que no pertenece ni tan siquiera a elenco
de logros que las sociedades avanzadas se han dado, sino que pertenece al mundo
del más puro y simple sentido común, lo pone en entredicho el creador de este
bodrio.
La llegada del exmarido, iraní,
de una mujer francesa que quiere legalmente finiquitar su matrimonio con él (firmar el
divorcio) porque está manteniendo una nueva relación, pone al descubierto los
terribles tormentos que sufren los hijos del anterior matrimonio de su antigua
pareja y la del hijo de la que va a ser la futura, de la que está embarazada.
El director complica aún
más la situación y para ello, no tiene reparos en introducir un intento de
suicidio de la mujer (francesa) de la nueva pareja de su exmujer.
Todos sufren y el buen iraní
viene a dar lecciones de sentido común a una colección de irreverentes y
desquiciados franceses que han perdido toda noción de los problemas que generan
a sus hijos con estos frívolos cambios de pareja. ¡En fin! El colmo resulta ser
que una persona viene -nada más y nada menos que de una sociedad como la iraní-
a poner cordura a esta devastadora pérdida de valores a la que están conduciendo
la mayoría de los franceses con esta ruptura del modelo de familia tradicional.
¡Esto no puede ser! Tanta
falta de sacrificio por el mantenimiento de una feliz/infeliz familia solo
conduce a la desventura de los inocentes niños. Ellos, que además de no verse
reflejados en el nuevo estilo de vida sufren y padecen no pocos envites de
violencia provocada por la tensión en la que están inmersos aquellos que quieren
construir una nueva relación.
Las pobres víctimas que
intenten cambiar una situación de difícil convivencia provocarán múltiples desgracias: un intento
de suicidio de la despechada mujer, la asunción de unas responsabilidades difícilmente
asumibles por los hijos adolescentes, una intranquilidad y falta de adaptación
con no pocos arranques de violencia para los hijos más pequeños, un terrible
sentimiento de culpa para el exmarido de la que ha intentado suicidarse y una
falta de seguridad en la decisión de la nueva pareja de este que se ve agravada
con un irresponsable embarazo.
Un buen iraní, con aspecto
de cura católico obrero, aterrizará en esta especie de Sodoma francesa
dispuesto a interponerse entre todo este desmán para resolver la situación.
Al director se le ha ido la
mano en este folletín más propio de radionovelas de un tiempo que
afortunadamente ya hemos superado y que, mal que le pese a muchos, no van a
volver. Una historia que de puro retrógrada resulta repugnante.
Germán.
domingo, 20 de abril de 2014
GUILLAUME
Y LOS CHICOS A LA MESA
DE
GUILLAUME
GALLIENNE
La
excelsa “Guillaume y los chicos, a la mesa” viene precedida por numerosos
galardones, entre los que se encuentran todos los César posibles del cine
francés, de manera que no tiene mérito alguno haber tomado la decisión de ir a
verla al cine. Y no defrauda lo más mínimo. Desde el inicio mismo hasta el fin,
el esperpento es de tal calibre y está relatado con tanta gracia, que te atrapa
hasta la carcajada. Sí, es una comedia. Comedia de humor tonificante, estimulante. La dificultad
de contar una historia trágica- como es
la de las peripecias del autor- en tono
humorístico debe ser mucha, porque las aventuras vividas debieron ser un
infierno para el niño y el adolescente que fue. Ahora bien, es tal el derroche de humor que desde la distancia de
la edad adulta se produce, sin el menor
atisbo de rencor, desprovisto de revanchismo, que resulta del todo revitalizante. Ser capaz de sobreponerse a una
madre chiflada y egoísta como la
descrita, sin perder la cordura, bien merecerían, aunque solo fuera, mi
admiración. Si además de sobrellevarlo y sobrevivir, se hace gala del sentido del humor exhibido, se demuestra ser portador de una lucidez y una inteligencia al alcance de muy pocos. El resultado final no
puede ser más que el de una magnífica comedia, como así es. La genialidad de
los personajes que habitan la película es digna de elogio (desde el padre
espantado, hasta los hermanos burlones, pasando por la aristocrática abuela rusa en el
exilio) y componen junto con los papeles interpretados por Guillaume Gallienne
(Guillaume niño, joven, adulto y el papel de la madre, que a veces nos recuerda a Dustin Hoffman en Tootsie) un perfecto mosaico
de personajes desternillantes. No relataré las peripecias para no desvelar el
argumento, pero desde las vacaciones en Cádiz, hasta la estancia en el balneario austriaco,
pasando por las veleidades del protagonista en locales de ambiente componen una obra rocambolesca digna del mejor astracán. Pero lo más brutal,
y a la vez lo más desternillante de todo resulta ser el realismo de lo
acontecido, lo grotesco del relato y sus personajes de carne y hueso. En
definitiva, “Les garçons et Guillaume, à
table!!" resulta ser una comedia imprescindible para cualquier cinéfilo que se
precie.
Qué
gozoso disfrute y qué envidia provoca
descubrir gente capaz de reírse de sus propias miserias con este desparpajo…….Y
cuantas enseñanzas se sacan!! Cada desgracia, contiene en sí misma su mejor
chanza, solo hay que ser capaz de reírse de uno mismo……
Comedia
sin duda terapéutica para su autor, pero también para su público, es el mejor premio
que uno puede ofrecerse una tarde cualquiera de un fin de semana cualquiera: ir
al cine en buena compañía y soltarse la melena.
Alicia dixit.
QUAI
D’ ORSAY
(CRONICAS
DIPLOMÁTICAS)
DE
BERTRAND
TAVERNIER
Ir al cine a ver una
comedia y encontrarse con una obra muy próxima al hiperrealismo, es lo que se
experimenta cuando se acude a disfrutar de esta obra.
La sociedad europea y por
ende la española necesitaban de esta película. Un film que inspirado en un
famoso comic nos refleja de forma magistral cómo son las interioridades de la
acción política. No nos confundamos, el problema que viven gran parte de las
sociedades avanzadas con democracias firmemente asentadas no es la política en
sí misma, sino su acción y, sobre todo, los personajes que han conseguido
encaramarse en este honorable oficio para hacer del mismo su modo de
subsistencia.
Bertrand Tavernier con un
inteligente humor nos desvela como es el día a día de un ministro de Estado -en
los ministerios técnicos no debe ser muy diferente- y de su grupo de fieles
asesores. Estos, tienen que lidiar con la más grande dificultad ante la que se
puede encontrar un técnico ¿sentar las bases de la política exterior de una
gran potencia con armamento nuclear y un pasado colonial importante? no, tienen
que hacer frente a un arduo trabajo: interpretar a su jefe. Este, desde la cima
de su propia vanidad va dando órdenes contradictorias (opuestas al más mínimo
sentido de estado); busca, permanentemente,
referentes que inspiren la alta estima que tiene de sí mismo. En tal alta
cumbre se ve que para reafirmarse, se impone, igualmente, un comportamiento y
unas formas de actuar acordes con su vacuidad: Pisa fuerte, muy fuerte; abre y
cierra las puertas con un gran derroche de energía; práctica jogging y obliga a
sus asesores a seguirle mientras imparte instrucciones; el ejercicio del mando
llega a cualquier lugar: incluso mientras está meando necesita un asesor al que
dar órdenes.
¿Mientras tanto quién
resuelve los problemas de gestión? Un abnegado funcionario que conoce a la
perfección su oficio. Así, este se ve obligado a tener que hacer un doble
esfuerzo, por un lado esquivar a su jefe y por otro resolver los problemas de
un ministerio tan importante como es el de Asuntos Exteriores.
A todos aquellos
especialistas en saber qué es lo que hay que hacer, ocupando el espacio de las
soluciones generalistas pero que jamás van a ofrecer nada sobre el cómo hacer
las cosas, va dirigida esta película. La política, con el consentimiento de los
ciudadanos, se ha transformado en lo que nos muestra el director de este film.
Seguiremos asistiendo a este completo despropósito hasta tanto nos decidamos a
participar activamente en las instituciones para desde dentro de ellas corregir
este sinsentido.
A todos aquellos
funcionarios que realizan su trabajo en la delgada línea que separa lo
administrativo de lo político, también va dirigida esta obra. Ellos con su
sentido de la profesionalidad, no sólo consiguen sobrevivir, sino que con no
poco esfuerzo (pensemos que si el papel del protagonista es el del acertado
comportamiento un ministro, imaginemos a dónde puede llegar esta situación
según bajas en el escalafón de los puestos políticos) son capaces de centrarse
en lo esencial y que las instituciones funcionen.
Esta película tiene una
gran carga de profundidad. Con gran sentido del humor nos muestra la realidad
de la acción política, algo que necesariamente entre todos tendremos que
cambiar desde sus mismos principios. Si generalizamos e incrementamos nuestra
participación como ciudadanos seremos capaces de transformar la forma en que se
ejerce la política. Esto es posible, Bertrand Tavernier nos estimula a ello.
Germán.
domingo, 6 de abril de 2014
IDA
DE
PAWEL
PAWLIKOWSKI
Con
el fallecimiento de Adolfo Suarez la etapa de la transición a la democracia ha
recuperado protagonismo. Por mi edad, me tocó vivir en directo este momento. Por
ello mantengo bastante frescos muchos
recuerdos de entonces. De estos, unos de los que más vivamente conservo son los
que se refieren a ese debate ideológico que se sucedía en cada rincón de los
barrios periféricos de las grandes ciudades, generalmente engendros del
franquismo. El cambio de régimen estaba descontado y el poderío del Partido Comunista
de España era una realidad social. A la sombra de esa fortaleza y de las numerosas
escisiones que se habían producido en el PCE, fruto de la evolución ideológica
y de las variadas implantaciones del llamado socialismo real, flotaban en el
aire un sin fin de partidos marxistas con diferentes apellidos: leninistas,
mahoistas, stalinistas, troskistas e incluso un modelo típicamente nacional, el
socialismo carlista (con todos mis respetos hacía sus seguidores), etc. Con
esta amalgama de partidos y con el muro de Berlín en pie muchos de los
seguidores de esta constelación miraban a los países del Este de Europa como un
referente del cambio hacía donde debía conducirse nuestro país. En aquel
momento ya existía entre otras cosas el Interrail y no era difícil que para poder visitar algún país de la Europa
occidental hubiera que atravesar alguno de la órbita soviética. El impacto era
de tal calibre que podías sentir cierto resquemor de que este universo de partidos
comunistas nos condujera a un modelo que simplemente de un primer vistazo, ya
aterrorizaba. Terror, que se acentuaba cuando podías compararlo con la Europa
occidental y en concreto, con los países en los que la social democracia había
conseguido consolidar su modelo. Este es hoy el referente para el conjunto de
la izquierda social española.
Por
esos motivos es por lo que siempre me siento entre atraído y obligado a ir a
ver películas que muestren en imágenes cómo era la vida en el llamado
socialismo real. El objetivo es el de realizar un ejercicio de contraste entre
las impresiones que te provocaban aquellos viajes y lo que nos muestran los
realizadores de estas películas. En los últimos años hemos podido asistir a
grandes obras que nos los han retratado con exactitud, por ejemplo: “La vida de
los otros” o “Cuatro meses, tres semanas y dos días”.
Ida,
si bien, en algunos aspectos, no ha respondido, cien por cien, a lo que esperaba
de ella en particular en lo relativo a la violenta delación entre compatriotas
polacos durante la ocupación nazi. Ésta, cuya magnitud fue sorprendente en un
país tan ultra católico como es Polonia no se plantea en la película. En otros
aspectos sí he salido plenamente satisfecho. El director con la utilización del
blanco y negro y con una casi absoluta falta de movimientos de cámara es capaz
de hacernos sentir la tristeza fruto de la represión política que invadía esta sociedad.
No necesita tampoco utilizar como recurso adicional para remarcar determinadas
secuencias el acompañamiento de la música. Las escenas hablan por sí solas.
La
contraposición entre los dos personajes, magníficamente interpretados, una
novicia que antes de tomar los votos abandona temporalmente el convento para
visitar a su única familiar viva, una tía. Ésta, funcionaria judicial del
régimen que fruto de su radicalismo ideológico unido al rencor que anida en su subconsciente
por la barbarie de la guerra, se ve abocada a tomar decisiones que su conciencia
no puede aceptar. Así, para sobreponerse a su sufrimiento necesita de todos los
recursos externos que su modelo, el socialista le ofrece. Su adicción a la bebida
la hace caer en desgracia ante el aparato del Estado.
Las
dos buscan a sus familiares comunes. Mediante esta búsqueda el director nos
muestra la Polonia de los años 60. A través del recorrido nos enseña las tristezas
y miserias humanas que acompañaban al régimen comunista polaco así como la
violencia entre compatriotas de diferentes creencias religiosas durante la
ocupación. El viaje resalta los tormentos que sufre la tía y a la futura
religiosa le permite experimentar la vida que existe extramuros del convento.
Finalmente, la radical comunista no puede soportar las contradicciones sobre
las que ha construido su vida y la sobrina no encuentra especiales diferencias
entre la desdicha del convento y lo que le ofrece la vida fuera del mismo. Por
último, ésta opta por continuar su camino priorizando la conformidad sobre la
curiosidad.