En numerosas ocasiones me
he pronunciado a favor del cine típicamente americano, una forma de hacer cine
que nadie mejora a la industria de Hollywood. Con ese espíritu he ido a ver ARGO una película totalmente fiel a
esas esencias.
Se trata de una película de
espías que cuenta con todos los ingredientes de este género. Una propuesta
inverosímil ejecutada con una maestría que únicamente poseen los espías
americanos y que abusa de la tontuna de los enemigos, en este caso los iraníes
en plena revolución islamista, en fin.
La ejecución de la película
es perfecta, un buen guion soportado en un sorprendente Ben Affleck, en
ocasiones un tanto envarado, y en un elenco de actores secundarios más notables
que sobresalientes. Los recursos empleados por el director para conseguir mantener la tensión y el
suspense, se utilizan encadenando una sucesión de incidentes menores, con el objetivo
de hacer creer al espectador que la misión va a fracasar en cualquier momento (Estos
recursos recuerdan a los que Alfred Hitchkock utilizaba recurrentemente). El final feliz lo resuelve privando de
reconocimiento público al verdadero héroe, un comprometido funcionario con una
encomiable vocación de servicio.
Este género de películas de
entretenimiento no hay que perdérselas, sobre todo si son tan notables como
esta porque te relajan, te distraen y estoy seguro que incluso ayudan a
corregir a la baja la presión arterial. El tiempo que pasas en el cine estás
entretenido y te olvidas de todas esas cosas que te generan tensiones.
Una película con la única
pretensión de divertirnos durante las dos horas que dura su metraje y de
mantenernos a cierta distancia de nuestras preocupaciones cotidianas.
Tengo que discrepar de todo lo dicho hasta aquí. Y no es que no fuera predispuesta al cine, porque iba con el firme convencimiento de disfrutar de un thriller de calidad. Sin ideas preconcebidas -a pesar de que el protagonista no es santo de mi devoción-salvo la de que era, indiscutiblemente, una digna muestra del cine de su género (ya lo había predicho en su crónica Boyero, en el estreno en el festival de San Sebastián…..). Puede que por las expectativas que no veía cumplidas,mi desconcierto y mi impaciencia fueron en aumento a medida que pasaba el tiempo, y no me lograba meter en la historia. Y no, terminó la película sin pena ni gloria. Nunca llegó a interesarme lo suficiente. Todo en ella es absolutamente previsible. Me recordaba a “La feria de las vanidades”, pero en mediocre. Todo muy visto, muy convencional. El guión tramposo, los líos financieros están oscuros (o al menos para mí), lo que me hace suponer que no se les da ninguna importancia (historia inverosímil la de las inversiones rusas) o que se menospreciala agudeza de la audiencia, y se dejan entrever los tejemanejes, sin entrar en detalles, porque no son la cuestión central, a pesar de que toda la trama gira a su alrededor. Desconcertante, porque no es que no te enteres, es que te lo cuentan mal. Bueno, no deja de ser una forma de plantearlo. O puede que lo verdaderamente importante fuera la descripción de los personajes y sus relaciones. Y si esto es lo primordial, tampoco con eso se consigue entusiasmar: ni los personajes tienen el carisma suficiente, ni los actores la garra necesaria, aunque resultafrancamente difícil con unahistoria tan manida. Lo de siempre, el hombre de negocios sin escrúpulos, la mujer que hace la vista gorda en tanto que no se atente contra la familia, la hija naïve que se decepciona cuando descubreque su padre no es el honrado hombre de negocios,además de filántropo convencido, que ella pensaba que era, por no mencionar “ el incidente” con la artista francesa (no podía ser menos original…..) Un dèjá vu sin fin. Tenía que haberlo esperado, siendo además Richard Gere quien lleva el peso de la película (esto sí es un prejuicio, lo admito). Pero por esta vez ha funcionado a posteriori, que conste. Por otra parte, tampoco Susan Sarandon tiene un papel brillante, ni la hija, ni los abogados. Si acasose salvan el policía (Tim Roth) o el joven negro (desconozco su nombre) aunque su papel resulta ser el más artificial de todos:“para variar, vamos a ponerde bueno de la película al chico negro, en contraposición con los malvado hombres blancos… Qué yupi!! “ (tampoco el vínculo entre el protagonista y este personaje queda claro, por otra parte).
Además, ha sido una sorpresa descubrir que Laetitia Casta no parece hacer buenas migas con la cámara,porque además de poco convincente, aparece bastante desmejorada o puedeque el papel de artista atormentada que interpreta, requiriera un cierto deterioro físico, no sé.
Demasiados enigmas para un resultado tan decepcionante. No aporta nada nuevo. Vamos, lo dicho, nada del otro jueves. Se deja ver, sin más.
Alicia Dixit
domingo, 21 de octubre de 2012
TODOS TENEMOS UN PLAN
De
Ana Pirterbarg
Voy a ver “Todos tenemos un
plan”, con poca convicción. Acudo al olor de un thriller sugerente (este género
es para mí un imán, per se, tanto en
cine como en literatura) ; por la presencia en la pantalla del siempre
atractivo Viggo Mortensen (todos tenemos alguna debilidad);por la previsible buena factura del film argentino (según deduzco de alguna imprecisa crítica de
las que tanto abundan en prensa, tras cuya lectura uno no sabequé opina el crítico, verdaderamente, de la
película) y claro está,por mi
intuición, que es, en mi caso, casi
siempre una guía certera. Y qué me encuentro? Una historia lúcida, bien
hilvanada. Un guión excelentemente trabado. Una asombrosa recreación de un ambiente
y unos personajes con una vida sórdida. Una sucesión de incógnitas bien
resueltas, clave de cualquier thriller
que se precie.Una acertadísima
ambientación: ni un atisbo de luz que represente la esperanza para unos
personajes sin salvación; el tono
lúgubre, gris de un paisaje más que
frío, húmedo, desapacibleque enmarca a
la perfección la vida miserable de unos personajes siniestros. Ycómo no, la maestría de unos memorables secundarios, que
oscurecen, con su buen tino, el quehacer de los ganchos comerciales que son Viggo
Mortensen y Soledad Villamil (“El secreto de sus ojos”,” El mismo amor, la
misma lluvia” de Campanella, o “No sos vos, soy yo”, por mencionar algunos
ejemplos de su ya larga filmografía). Soledad tiene un pequeño papel que no da
más de sí. Viggo, con su peculiar dicción, su parsimoniosodiscurso, (que supongo tiene que ver con la
falta de fluidez de un segundo idioma, que aun a pesar de haberse aprendido
prontamente, se pierde irremediablemente con el transcurso del tiempo), está
falto de espontaneidad. Pero da igual, porque el verdadero protagonismo les corresponde
a los personajes, supuestamente secundarios, protagonizados por los excelentes
Daniel Fanego, Javier Godinoy Sofía
Gala Castiglione. No recuerdo haber visto a ninguno de ellos en acción con
anterioridad, pero transmiten una verdada sus personajes, que les hace inolvidablesal tiempo que dignos representantes de la más
que acreditada cultura dramática argentina. Porque, en mi caso,del cine argentino, debo decir, siempre me
gustan sus interpretaciones. Incluso cuando las películas no me emocionan lo
más mínimo, me dejan del todo indiferente,o me decepcionan abiertamente, jamás salgo de la sala decepcionada por eltrabajo de los intérpretes. Y esto no es una
percepción personal, el ingente número de brillantes actores argentinos, es una
cuestión objetivamente constatable.
Así que, once again, salgo complacida del cine. Acabo de disfrutar deun bien ideado thriller, que está
magníficamente dirigido además de brillantemente interpretado, se puede pedir
más?
Alicia dixit.
jueves, 18 de octubre de 2012
EL
FRAUDE
DE
NICHOLAS JARECKI
¿Cuál es la diferencia entre el cine norteamericano,
y el español, el europeo en general, el asiático y demás? Sin lugar a dudas que
el cine norteamericano es una industria y lo demás son meros simulacros. Su
enorme potencial industrial, unido a su inteligente capacidad para generar
negocios, hace que fabriquen películas de muchos tipos sin necesidad de
sentirse obligados a producir únicamente de obras de arte. Su gran experiencia
les permite hacer películas soportadas en buenos guiones, elaborados con mucho
oficio, con lo que consiguen acertar con la magia del entretenimiento, que no
es poco. Y así es el filme “EL FRAUDE”, un magnifico entretenimiento, alejado
de grandes pretensiones que consigue que pases un buen rato y que con el tiempo,
cuando la editen en DVD o se pueda ver por televisión, la recuerdes y aceptes
volver a verla, porque disfrutaste en su día de un momento agradable.
Está rodada en New York. Es imposible
escoger otra ciudad para esta historia que es una brillante narración acerca de
los hombres de negocios (los de verdad) que generalmente se representan fríos y
sin sentimientos. Aquí, en torno a la figura de Richard Gere, destilan cierta
paz budista no exenta de posiciones firmes y con un cierto toque de agresividad
pero siempre dentro de los límites de no llegar a perder el respeto. Se ahonda
en la imagen de un ejecutivo con dos personalidades, la de la frialdad y la
angustia que produce el vivir inmerso en un mundo donde los negocios son todo a
veces para bien y a veces para muy mal y
la de tener en consideración los sentimientos de las personas que forman parte
de tu vida: esposa, hijos, nietos, amantes. ¿Jugando a Jekyll y Hyde? Pudiera
ser
Las interpretaciones fantásticas. En
especial Richard Gere, actor de escasos registros, que en esta obra está
perfectamente dirigido y transmite una credibilidad a su personaje más que
destacable. Susan Sarandon, elegante y magnífica, como siempre, aunque con un
escaso papel. Un activo tan importante como el suyo deberían haberlo aprovechado
más, en mi opinión.
Por último, la película tiene mensaje.
Sí, es americana y tiene mensaje. “La justicia de los tribunales, no es la
justicia de los hombres”. Un principio muy aceptado en las viejas democracias y
poco comprendido en las jóvenes como es nuestro país, donde resoluciones como
las que nos presenta el director de la obra son bastante comunes y no por eso
se mueven las columnas de sus valores democráticos. No vale todo para coger al
malo.
Id a verla, auténtico cine
norteamericano de entretenimiento de calidad, bastante calidad.
Germán.
lunes, 1 de octubre de 2012
EL ARTISTA Y LA MODELO
DE
FERNANDO TRUEBA
Con frecuencia ir al cine es una actividad que entraña cierta incertidumbre. Estás convencido de que vas a ver una obra de arte y a disfrutarla, porque es difícil vivir sin placer, y corres el peligro de que no sea así. Generalmente ir a ver una película de Fernando Trueba reduce de manera importante el riesgo. Este director, a pesar de su estrabismo, tiene una muy acertada visión del cine. Desde mi punto de vista conoce como pocos los recursos narrativos que aporta este arte y además es capaz de mezclarlos con otras especialidades artísticas, consiguiendo un eclecticismo sobresaliente. Quizás, por cosas como estas es uno de nuestros directores más justamente laureados.
Hacer un relato sobre su última película es francamente complejo porque cuando abandonas la sala no estás seguro de si lo que has visto es una película o si a través de este magnifico medio artístico has recibido una lección magistral acerca del arte en general y de la escultura en particular. Algo que muy pocos catedráticos serían capaces de hacer.
Fernando Trueba no sólo nos habla del arte, también de la fuerza y la belleza de la naturaleza, de la vitalidad de la juventud, del envejecimiento y su sabiduría, de lo agitado y convulso que es el proceso de creación (en paralelo conla época en la que desarrolla la historia), de lo que se sufre para llegar a sentirse satisfecho con la propia creación (y es que, es tan difícil tener pena), de sentir la proximidad del fracaso y de lo que te facilita la vida saber y poder elegir una pareja adecuada. Esta obra no sólo se ve, también se lee y dado que está rodada en blanco y negro, como si de letra impresa se tratase, no solo la hace más bella, sino que te facilita participar de la historia (sin lugar a dudas el blanco y negro realza lo realmente bello y evita que te distraigas con elementos accesorios). Este relato tenía que ser en blanco y negro, sin duda. Todo es acertado, también el final. El punto y final que lleva aparejado haber conseguido lo que llevabas persiguiendo toda la vida, la juventud que abrirá nuevos caminos mirandohacia atrás y sin que ese recuerdo impida avanzar.
Así, con una grandiosa sencillez, sin pretensiones y evitando en todo momento el rebuscamiento, Fernando Trueba te hace sentir que ir al cine es una fantástica actividad que te hace aflorar los sentimientos y, además,te ilustra, mostrando al mismo tiempo teoría y practica de la actividad artística.
Esta película se puede ver ahora o en cualquier momento porquees una obra de arte y no envejecerá.
Germán.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
“A Roma con amor”
De
Woody Allen
Finalmente, he visto la nueva película de Woody Allen. Y digo finalmente, porque tras un primer intento fallido (la sala donde la exhibían contaba con una copia en mal estado), a la segunda fue la vencida. Y pude, así, cumplir con mi ritual de siempre (lo mantengoal menos desdehace 20 años), de ir a ver cada nueva película suya, si no el día del estreno, al menos sí el primer fin de semana (y esto desde los tiempos en que sus películas, en versión original, se proyectaban, únicamente, en el malogrado cine Rosales). Y esta vez bien ha merecidola pena tanta molestia lo cual no se puededecir (al menos en mi opinión) de muchas de las anteriores ocasiones en los últimos tiempos. Y ello a pesar de que esperaba encontrarme una obra mediocre según hacían presagiar todos los comentarios/críticas de las que había tenido noticias y que por una vez eran asombrosamentecoincidentes por desfavorables. Que si era una de las películas que no permanecería mucho tiempo ni siquiera en las retinas de sus más incondicionales seguidores…Que si sólo tenía unos cuantos y esporádicos buenossketches……Que si no resultaba especialmente brillante…….Que si era demasiado tópica……
Pues bueno a mí, que voy contracorriente, as usual, me ha resultado una película fresca, con lo mejor del cine de Allen. Creo que está especialmente inspirada en conjunto, resultando una película redonda, si bien, alguna de las cuatro historias que la componen puede resultar más floja que las restantes, como es lógico. En todo caso, los enredos resultan siempre simpáticos, los personajes tan propios del universo de Woody están tan inspirados como la primera vez, los diálogos con frecuencia hilarantes y algunassituacionestan original y graciosamente absurdas como en sus obras maestras (por citar uno de los ejemplos que no desvele el meollo de la cuestión, me resulta especialmente divertida la historia del empleado de funeraria que tiene una voz portentosa para el bel canto, pero exclusivamente cuando canta en la ducha…..),y por qué no decirlo, la presencia de Woody Allen, que siempre añade un toque a mi entender, imprescindible. Un plus de comicidad, de divertimento. Al menos a mí, con su simple presencia en pantalla, su lenguaje corporal, su forma de hablar y sus sentencias desternillantes, es como si se me activara el resorte de la risa. Me pongo en modo “reir”y lo hago con ganas,a carcajadas. Él y su fobia a los aviones que es, en esta ocasión la excusa para su primera aparición en pantalla, no sólo me pareceuna situación cómica por ridícula, sino que me veo en su pellejo, lo cual me lo hace más regocijante, si cabe. Con mucha frecuencia me impacta porque me reconozco en sus personajes. No es la primera neurosis que compartimos (estoy pensando en ciertos complejos, en determinadas inseguridades o en su tan característica hipocondría, por poner algún ejemplo) Todavía no tengo ninguna fijación con la muerte, tema que parece obsesionarle en los últimos tiempos, pero todo se andará (hay que tener en cuenta que me lleva más de 25 años…..) Vamos, que me parece de lomás saludable esa manerasuya tan natural de reírse de sí mismo y en alguna medida, cuando yo me río, lo hago no solo de él, sino también de mis tonterías.En definitiva,que mi última sesión de cinemeha resultado del todo terapéutica. Reconfortante, gratificante, tonificante, renovadora., estimulante. La diversión, al más puro estilo alleniano, está
garantizada. Qué bienquetenemosa Woody Allen de vuelta!!!!. Ojalá sea por mucho tiempo.!!!!!
Alicia dixit
LE PRENOM
DE
ALEXANDRE DE LA PATILLIERE Y MATHIEU DE LA PORTE
Cuando voy al cine nunca tengo en cuenta la nacionalidad de la película, me fío de mi instinto y de los mandatos de la cartelera. Los productores saben cuándo es el mejor momento para comercializar sus productos. Las películas de nacionalidad francesa de salida me resultan atractivas porque casi todas tienen un denominador común: son bastante elegantes. Le Prenom rompe esta tradición, al menos yo digo que no es una película elegante. Tampoco es que esta singularidad sea imprescindible pero ayuda.
Le Prenom, es la adaptación al cine de una obra de teatro lo que le añade dificultad a la narración. En mi opinión cada arte tiene sus reglas de expresión y las adaptaciones suelen restarle capacidad de comunicación. Este es uno de los problemas con que cuenta esta película por loque los directores no han podido terminar de redondearla.
El guión bebe de las fuentes de Yasmina Reza. Un grupo de amigos, parientes; vecinos, amigos, se reúnen y por un, generalmente, inexistente motivo (recordemos lo del cuadro pintado de blanco de “Arte”), se desencadena una situación en la que aparecen una parte importante de los demonios que esconden las relaciones humanas: reproches, secretos inconfesables, acusaciones, envidias, represiones, etc.
Si bien la forma en que otros autores y directores han resuelto esta situación resulta cercana, comprensiva y cómica, en este caso no está tan conseguida. Pretenden que el pretexto desencadenante tenga visos de ser real, poner nombre a un hijo, y la discusión que genera estan exagerada, que no añade comicidad por desmesurado, ni sirve como pretexto de intentar buscar un desencadenante real. A partir de ahí todos los personajes nos van descubriendo sus secretos y confrontaciones pero sin llegar a estar bien encuadrados.
En ocasiones te ríes y en ocasiones te escapas de la película. No es en absoluto una obra redonda como era la de “Un dios salvaje” de Román Polansky y en el final de la obra queda muy en evidencia. Estas sesiones de broncaterapia, entre familiares y amigos dejan poso y no se olvidan, sobre todo si se traspasan ciertos límites y aquí se traspasan. Id a verla y confrontar vuestra visión con la mía, será un ejercicio interesante.