Asisto inconsolable a la
agonía del cine de Allen sin poder contener la
melancolía. Me resulta del todo incomprensible esa fascinación suya por
determinadas transgresiones que pueblan de forma reincidente su cine de los
últimos tiempos. Me resulta incomprensible e indiferente por no decir que me
provoca una cierta desazón, un creciente hastío y hasta una repentina
crispación. Es tal el enfado que me ha
provocado “Irrational man” que no siento
ni el menor deseo de relatar el despropósito. Puedo compartir con el autor la
curiosidad por determinadas formas de maldad de la amplia gama que nos ofrece
el género humano, pero las propuestas por Allen sobre el crimen frívolo y su vis adictiva, me
resultan pueriles además de irreales, producto de la mente calenturienta de un
octogenario que ha perdido la inspiración. El Allen brillante que me ha
embelesado durante tantos años se ha desvanecido, me gustaría pensar que no
para siempre, y es tal la decepción que siento, que me he hecho el firme propósito de no
participar del desaguisado y de no
seguir presenciando la debacle de la deriva tomada por su cinematografía. Si no
se opera un milagro y se da un giro de 180º en el rumbo hace tiempo emprendido
o, por evitar rodeos, si no hay una vuelta a los orígenes, a las señas de
identidad que constituyen el verdadero genio del autor, esta será la última
película suya que soporte. Aunque he de decir que en la próxima ocasión estaré deseosa, cual amante agraviada, de
darle una nueva oportunidad, porque la esperanza, dicen, es lo último que se
pierde.
En
otro caso, prefiero conservar el recuerdo del Woody Allen que tan excelentes
momentos me ha proporcionado.
Alicia dixit
lunes, 21 de septiembre de 2015
A
PERFECT DAY
DE
FERNANDO
LEÓN DE ARANOA
Excelente cambio de registro
de Fernando León de Aranoa, que hace su
primera incursión en el cine rodado en inglés con un excelente resultado.
Siguiendo los pasos de otros cineastas que se desenvuelven en ese terreno como pez en el agua - Isabel
Coixet, Alejandro Amenábar o J. A. Bayona- elige, con buen criterio, rodar en inglés su film sobre la vida de los cooperantes en los conflictos
bélicos. Dadas los características cosmopolitas
de este tipo de “organizaciones”, elegir el inglés que sirve como medio de
comunicación en estas circunstancias (y casi en todas) parece más que pertinente. Y claro, con las
posibilidades que ello ofrece, la elección
del elenco ha sido inmejorable. Un poderoso Benicio del Toro, haciendo gala de su
particular magnetismo, llena la pantalla
de veracidad con cualquier personaje que interprete, pero éste, en particular, parece escrito para
él. Tim Robbins, por su parte, le da una
perfecta réplica con su personaje dislocado. Las actrices –para mí
desconocidas- están correctas.
Al margen de la valoración de
las interpretaciones del film, brillantes en líneas generales, la película sabe
introducirnos en la violencia, la barbarie y la irracionalidad de las guerras pasando
todo ello por el tamiz de ese sarcasmo
tan característico del cine de León de Aranoa que nos permite sobrellevar la
dureza de la narración, independientemente de las historias, más o menos
personales que se utilizan como coartada. El conflicto de los Balcanes es una
excusa próxima en el tiempo y en el
espacio, para enfrentarnos a lo
irracional de cualquier guerra y, por ende,
a lo desolador de la labor de los cooperantes en su empeño por asistir a
sus víctimas.
No hay escenas de violencia
explícita, ni bombardeos, ni batallas ni escenas gore de ninguna clase. Aun
así, algunas de ellas son tan demoledoras que producen una conmoción más
efectiva que si de “acciones bélicas convencionales se tratara”. El
descubrimiento en la casa abandonada del niño protagonista es un claro ejemplo
de cómo impactar sin recurrir a la sangre ni a las vísceras. Historias
tan aparentemente secundarias como la de
la venta de un balón, nos presentan en
la pantalla la crudeza de lo irreparable de las pérdidas inevitablemente
sufridas en cualquier guerra. Todo ello
aderezado por una situación rocambolesca
en torno a la que se desarrolla toda la historia (las dificultades para limpiar un pozo contaminado por la presencia
de un cadáver, para que la población del lugar pueda disponer de agua potable)
no es más que una simple muestra de las
múltiples situaciones “surrealistas” que constituyen la normalidad en la vida
de las personas en guerra. Por otra
parte, resulta particularmente grotesca
la burocracia, que incluso en este contexto, hace acto de presencia para
dificultar, por no decir que para impedir, la resolución de los problemas más cotidianos
y en apariencia más sencillos. La
avaricia humana desprovista de toda humanidad se hace especialmente repugnante
cuando se trata de sacar provecho de las
situaciones más dramáticas (los traficantes de agua). Y para hacernos el relato
más creíble, hacen su aparición, igualmente, los conflictos interpersonales,
que lejos de distraer del tema central – el conflicto bélico, en cuestión- nos aproximan a la “normalidad” de
los personajes que viven en estas circunstancias, y que son, al fin y a la
postre, personas de carne y hueso.
Sabor agridulce el que nos
deja la película de León de Aranoa, que aunque parezca mentira, es capaz de
arrancarnos sonrisas de entre tanta desolación.
Maestría inigualable la
mostrada por el director tanto en el empleo de las elipsis como en el sabio manejo del humor del que impregna el desgarro
de sus historias (ya sea el paro en “Los
domingos al sol”; la inmigración en “Princesas”; la marginalidad causada por la pobreza en
“Barrio” o la soledad en “Familia”). Y su efecto es demoledor. Uno
solo se apercibe del horror con una cierta distancia, transcurrido un cierto
tiempo. Es lo que podríamos denominar cine de efecto retardado.
Enhorabuena, Fernando porque
nos estremeces sin hacernos perder la sonrisa. Nos remueves la conciencia sin que apenas nos demos cuenta, sutilmente, con exquisita delicadeza. Más que cine lo que tú haces es magia!!!!!
Alicia dixit
lunes, 7 de septiembre de 2015
SIN
HIJOS
DE
ARIEL
WINOGRAFD
El
cine argentino ha demostrado hace mucho tiempo su gran capacidad para el difícil oficio de hacer
cine. El gran talento que derrocha le permite atreverse con todo. Así con la película “Sin
hijos” su director se ha decantado por un género que hasta la actualidad
parecía reservado al cine típicamente de Hollywood, basada en una trama que de puramente compleja es
completamente absurda. No se prescinde de ninguno de los recursos a los que no
tienen acostumbrados las películas que solemos ver por televisión los fines de
semana con guiones completamente previsibles de principio a fin: una niña
repelente con vocabulario y madurez más propias de un adulto; un padre
sobrepasado que no sabe cómo resolver una situación en la que él solito se mete
por no saber refrenar sus deseos; una chica guapa con las ideas muy claras que
al final acaba resultando tal y como
prevé el espectador.
Con
estos mimbres, tan tópicos, consiguen trabar una historia entretenida que te
hace mantener una sonrisa tonta durante toda la proyección y, en más de una
ocasión, soltar alguna carcajada.
Seguro
que esta película es considerada una aberración por aquellos cinéfilos que se
erigen en defensores de un modelo de cine que se identifica con los cánones
europeos (no sé muy bien en qué sentido europeos) pero que resulta bastante
entretenida por intrascendente e imaginable. Además ha sabido jugar con la
fecha del estreno, el verano, un momento fantástico en el que estamos bastantes
más abiertos a eludir esas complejidades que parece que tienen que ir unidas al
cine de autor.
En
cuanto al elenco nada que objetar. El ideal para una comedia como esta
Guadalupe Manent, la niña redicha, está
muy bien seleccionada, hasta el punto de que se
duda si realmente está actuando. Diego Peretti en su papel, en este film
no podía hacer otra cosa diferente a lo que nos tiene acostumbrados. Finalmente,
Maribel Verdú a la que el tiempo y el peso de la púrpura le van enseñando día a
día, en esta interpretación está particularmente bien. Por poner un pero yo
diría que el director desaprovecha, en cierto modo, a todo el elenco de
secundarios que tienen una vis cómica estupenda y pasan un tanto desapercibidos
por el magnetismo de Maribel Verdú y el torrente interpretativo de Diego
Peretti.
Una
película desenfadada, sencilla, previsible, de estilo americano pero ideal para
una tarde de domingo de agosto, que aconsejo
rematar con un buen vaso de horchata fresca a la salida del cine.
Germán.
viernes, 28 de agosto de 2015
MI
FAMILIA ITALIANA (LATIN LOVER)
DE
CRISTINA
COMENCINI
Los efectos de la canícula han causado estragos en mi olfato
cinematográfico este verano. Por ello, y
porque mi mayor deseo al ir al cine ha
sido el de encontrarme con cualquier refrescante y desenfadada comedia me
decidí por “Mi familia italiana”. No
buscaba nada sofisticado, ni sesudo, ni denso. Ni dramático, ni trágico, ni scary, que para eso ya tenemos bastante con las noticias diarias. Me valía cualquier cosa liviana y divertida
para pasar una tarde de verano al frescor del aire acondicionado (muy
acondicionado, en general) de las salas
de cine. Y por eso esta fue una opción a considerar. El visionado del tráiler
con ocasión de una anterior visita al cine, me llamó la atención sobre una
película, que en otras circunstancias me habría pasado del todo inadvertida.
Y sí, tal como era de
esperar, es una comedia intrascendente,
sin pretensiones y lamentablemente, sin gracia.
En torno a la muerte (la
celebración del décimo aniversario de la defunción, mejor dicho) de Saverio Crispo, insigne galán del cine italiano y reconocido
mujeriego, se congregan en su pueblo los hijos dispersos del
fallecido latin lover, algunas de sus ex, y un viejo compañero y amigo que resulta haber sido algo más que eso.
Reunión en la que además de glosarse el
pasado glorioso del ausente, se pasa
revista a múltiples episodios de su vida
y brotan los conflictos familiares como
prende la yesca al menor contacto con el fuego. Saltan a la palestra envidias, rivalidades,
conflictos latentes, rencillas, viejas querellas, líos de faldas y
descubrimientos sorprendentes. Todos los enredos previsibles se producen como
consecuencia del encuentro de las ramas italiana, española, nórdica y americana
de la familia del difunto. Historias que se entrecruzan en un vaivén incesante
de flash-backs donde se nos presenta al famoso personaje, para, finalmente, dejar caer el mito de apasionado
amante que lo acompañó, por el
descubrimiento de una ya sospechada, si no conocida por muchos, culminada homosexualidad.
Pues bien, nada hay de reseñable en la película, salvo que se ha
desperdiciado una historia que podría haber proporcionado buenos momentos al
espectador, si se hubiera sabido aprovechar la idea original, que no siendo en nada original, sí ofrecía muchas posibilidades.
Desconocía a su directora,
Cristina Comencini, antes de ver la película, y sigo igual después de verla,
porque nada me aclara de cuáles sean sus intenciones al colocarse tras la
cámara salvo las noticias sobre su notoria falta de gracejo. La
película solo se sustenta en el buen trabajo de los actores, yo diría que de la
mayoría, incluidos los del elenco
español. Mágnifica está la recientemente fallecida Virna Lisi, que sin duda, en
uno de sus últimos trabajos, da muestras de su gran clase como actriz de raza,
además de lucir espléndida como mujer. Dándole la réplica, por el lado español
Marisa Paredes está correcta. Pero espectacularmente espontánea, como es
habitual en ella, está la excelente Candela Peña, que interpreta su papel con un
desparpajo tal que siempre te hace dudar
si está actuando o está ejerciendo de sí misma.
Bien Lluís Homar y Jordi Mollá, al que hacía tiempo que había perdido la
pista (debe andar haciendo las américas, desconozco con cuánto éxito). Y con la presencia de Valeria Bruni Tedeschi,
hermana de la ex primera dama francesa,
a la que no había tenido oportunidad de ver con anterioridad y que está irreprochable en
su papel.
En fin, que esta película no ha dejado huella alguna en mí. Y en estos
casos renuncio a escribir la reseña para que no se me tache de exigente, pejigueras
y hasta de un tanto desaboría –de picky
como dirían los anglosajones- pero dado
que me he tropezado en el fondo de mi bolso con la entrada del cine y aprovechando una pausa laboral, he decidido
saltarme mis principios a la torera. Eso sí, lo hago mecánicamente,
sin ningún entusiasmo, con la misma
frialdad con la que salí del cine el día de autos, por efecto de la película y
del aire acondicionado.
Que si me entretuvo?
Supongo que sí, pero siendo ésta razón
necesaria, nunca es suficiente para hacerme ir al cine. Porque entretenerme, entretenerme, también me
entretiene el Pasapalabra………
Como eximente diré que
estábamos a 40º y quería echarme unas risas a toda costa. Ya me tomaré la revancha…….
Alicia dixit
jueves, 20 de agosto de 2015
THE CUT (El padre)
DE
FATIH AKIN
Divulgar la causa armenia,
saldar deudas emocionales y ser capaz de mirar el conflicto turco-armenio con serenidad y rigor histórico, parecen haber sido los retos asumidos por
Fatih Akin al abordar esta película.
Proveniente de una tradicional
familia turca, no parece haberle resultado fácil distanciarse de la versión “oficial”
de los acontecimientos, para presentarnos un sencillo y común relato del horror. Pero lo ha conseguido y así, ha situado la trama, en el lado del pueblo
masacrado. No escatima recursos para relatarnos el drama desde la perspectiva
de una apacible familia de artesanos que
sufre la separación primero, el
sufrimiento más descarnado e
irreversible seguidamente, la exterminación de buena parte de sus
miembros después, y finalmente el éxodo, la huida del horror, de las dos hermanas gemelas e
hijas del protagonista, en un largo y
accidentado peregrinar hacia tierras americanas.
Esta es la historia de la
película, la de un hombre que padece innumerables sufrimientos para acabar despojado de todo aquello
que daba sentido a su vida de hombre bueno. Hasta
que un buen día descubre que sus hijas, supervivientes del exterminio en el que
perecieron sus más allegados, abandonaron el país, sanas y salvas con destino a
Cuba. Y decide emplear sus más que
diezmadas fuerzas en su búsqueda.
Otra road movie de las que tanto gustan a Fatih Akin. Todas sus
películas contienen ese algo de búsqueda emocional y física, de heridas abiertas que tratan de cerrarse mediante el
acercamiento a los mundos diferentes que luchan por convivir pacíficamente y que configuran su identidad. La búsqueda que representa la salvación. Este hombre, muerto en vida, no tiene más esperanza que el
reencuentro con sus hijas. Y emprende el viaje.
Se adentra el autor en la historia del genocidio armenio, a partir de un relato que bien podría ser real
y que pretende, según palabras del propio director, estremecer a los espectadores sin importar el
lado en el que se sitúen.
Pero en mi opinión, este
film épico, rodado con esmero y con la delicadeza que define el cine de Akin,
resulta un tanto excesivo. Para describir el sufrimiento del personaje del
padre no eran necesarias 2 horas y 18
minutos de metraje. La búsqueda resulta agotadora, pero de puro detallista.
Hubiera podido abreviarse el relato y no se hubiera permitido que el espectador
se disipara y acabara exhausto de tanta frustración. El exceso, en casi todo,
acaba resultando estragante y produciendo el efecto contrario al buscado. Te acaba distanciando del dolor, y provocando
una cierta indiferencia.
Yo llegué un tanto
fatigada al desenlace, quizá por exceso de puntillismo, quizá porque no se nos
da una tregua. Ni siquiera al final.
El tema da para mucho y no ha sido explotado en
el cine lo suficiente, por lo que podría
haberse esperado algo diferente, especialmente si proviene del
gran Fatih Akin. Y sí, en mi opinión, es un film impropio de
su autor. Me explico, había momentos en
los que me parecía encontrarme ante el cine grandilocuente de superproducción
de la fábrica Hollywood, al más puro estilo
Steven Spielberg. Luego he sabido que el autor del guion, junto con el propio
Akin, es Mardik Martin, afamado
guionista americano de origen iraní (son suyos los guiones de “Malas calles”
“Toro salvaje” o “Valentino”, por citar algunos ejemplos) por lo que su inconfundible sello de “American movie” no es
producto de mi imaginación.
Ajena a su autor, con una
cierta pérdida de su personal impronta, así me ha resultado la película, a pesar
de contar con muchos de sus rasgos inconfundibles. Entre estas señas de
identidad se encuentran la multitud de simbolismos que plagan la película. Así
el protagonista, pierde el habla y hasta la fe, como expresión de la más
absoluta de las devastaciones en que puede sumirse el ser humano. Con la
descripción del dolor del padre quiere mostrarnos el dolor de todo un
pueblo. Y bajo el minucioso relato asolador
de acontecimientos, siempre subyace un poso de esperanza, un rayo de luz, un atisbo de optimismo, representados por la
bondad de algunos de los personajes con los que tropieza el protagonista.
Anyway, fallido resulta el casting. El protagonista, Tahar
Rahim (joven actor francés de origen argelino) no se hace con el personaje. No consigue
transmitirnos (o al menos a mí) con
nitidez la amargura que el personaje acumula a lo largo del film, ni los
estragos del paso del tiempo, que
añadido al mucho dolor deja secuelas inevitables en el aspecto de cualquiera.
Sin embargo, el protagonista aparece joven (lo es, tiene 34 años) por no decir
jovial, en todo momento. O no se han
esmerado en su caracterización o esta
apariencia juvenil es algo premeditado.
Cualquiera que sea el caso me resulta francamente chocante.
No sabría si recomendarla.
Me escabulliré diciendo que hay multitud de películas imprescindibles en el haber de Fatih Akin, por lo que siempre
habrá otras opciones antes que “El
padre”.
Alicia dixit
viernes, 14 de agosto de 2015
REQUISITOS
PARA SER UNA PERSONA NORMAL
DE
LETICIA
DOLERA
Qué
gusto da estar desplazado y disfrutando de vacaciones y además encontrar la película
perfecta para complementarlas. Esta ha
sido mi sensación cuando en medio de mi descanso estival he visto el típico cine de pueblo, sí de los
que ya no quedan, con una cartelera que muchas salas de Madrid querrían para sí y ¡oh! sorpresa allí estaba, “Requisitos para ser una persona normal”.
Una comedia de lo más refrescante, el tipo de cine que en no pocas veces
añoramos, sencillo, romántico, alegre,
tierno, vitalista y que además se permite hacer guiños a determinados
comportamientos humanos. Así nos muestra
nuestra capacidad para articular frases
sin sentido sobre el arte moderno y, lo peor, que sean escuchadas. También para
ponernos frente al espejo sobre la conducta que adoptamos al elevar a liturgia
casi espiritual el consumo de algún producto, que no requiere mucha elaboración
que digamos, como es el “gin tonic”. Por no mencionar la eterna realidad de que
con frecuencia es mucho mejor ser feliz con una persona con la que te
entiendes que con la que representa la pareja ideal. Esto último es algo que
parece indiscutible pero que no se practica con tanta asiduidad como nos creemos.
Una película que también refleja desde un punto de vista vitalista y sin
tapujos, para esto están las comedias, la situación de la juventud de nuestro
país, esta que es la mejor preparada de nuestra historia. Tampoco elude el
conflicto familiar sobre todo el que se produce cuando se pretenden mantener las
relaciones fallidas a costa de lo que sea, sí esto sucede todavía ahora después
de 34 años de ley del divorcio. Igualmente plantea magistralmente el concepto
tener una discapacidad frente al de ser
discapacitado.
Sobre
el elenco de actores elegidos para acompañar a la protagonista, sólo cabe un
comentario, son perfectos: Camen Machi hace una pequeña aportación simplemente
magistral; Manuel Burque, desconocido para mí, al que espero verlo mucho más
después de este más que notable trabajo; Miqui Esparbé representando al novio
que toda madre quiere para su hija y Alexandra Jiménez que muestra como nadie a
la chica que ha conseguido ser una madre y pareja digna de aparecer día sí y
día también en la revista TELVA.
Acertado, todo muy acertado en una película
muy ligera pero que se puede permitir pegar unos cuantos zascas con una elegancia similar a la imagen que traslada su
directora y protagonista ante la que no te queda más remedio que caer rendido.
Mira
tú por dónde resulta que contamos en España con una Audry Tautou y la tenemos
relegada a hacer cortos y cosas muy menores a pesar de su evidenciado talento tanto como guionista como directora y actriz. Esto sería impensable en
Francia. Esperemos que nuestra industria lo entienda, lo acepte y le permita ocupar el puesto que ya le corresponde después de
esta obra. Leticia Dolera es un regalo para la cámara.
Germán.
martes, 7 de julio de 2015
LEARNING
TO DRIVE
DE
ISABEL
COIXET
Cuando el viernes me puse a revisar los
estrenos de la semana, me encontré con
la agradable sorpresa del último film –
El padre- de Fatih Akin, del que no hacía más de ocho días -curiosa
coincidencia- tuve el placer de ver “Im
Juli”, después de años sin noticias suyas.
Cuando ya creía firme la decisión de no
esperar ni un día más de lo necesario para ir a verla, me sorprendió,
asimismo, el estreno de la última de Isabel Coixet.
A pesar de sus últimos trabajos, francamente
decepcionantes, nunca me resigné a aceptar que
la directora catalana hubiera perdido la capacidad de emocionarme, como hizo con sus primeras
películas (“Cosas que nunca te dije” “A
los que aman”, la extraordinaria
“Mi vida sin mí”, “La vida secreta de
las palabras” o “Elegy”). De manera que me surgieron las dudas. Y finalmente
opté, impulsada por mis deseos de reconciliación, por “Aprendiendo a conducir” que parecía,
sobre el papel, más ligera de ver. (Dejo el genocidio armenio para mejor ocasión).
En todo caso, la elección fue más que
acertada (sin menospreciar la película de Akin, que será, sin duda, la
siguiente). He recuperado a Isabel Coixet para mi lista de imprescindibles y
eso ya es suficiente gratificación. Me he reencontrado con una de
las directoras que mejor es capaz de contar, con tono apacible, sosegado, armonioso las historias épicas de
los héroes de la vida cotidiana (en general heroínas). Gente capaz de
sobreponerse a las constantes adversidades de la vida con dignidad, con
entereza. Gente honesta, decidida, de
esa con la que nos encantaría cruzarnos
por el camino más a menudo.
Y esta es, como bien se ha dicho, una historia de segundas oportunidades. Una historia real como la vida
misma, con la que cualquiera puede sentirse identificado en alguna medida. Y
como es habitual en su cine, esta película rezuma optimismo por cada uno de sus
fotogramas.
Siendo una historia corriente (Wendy,
neoyorquina madura, independiente e inteligente a la que abandona su marido por
irse con una jovenzana) parece como si fuera la primera vez que nos la
contaran.
Las otras vidas que se entrecruzan con la de
Wendy son igualmente verosímiles (las sorpresas en los matrimonios concertados
que no difieren tanto de las que se
producen en los matrimonios “convencionales” tras años de vida en común; la dureza de la inmigración; los, con
frecuencia, patéticos encuentros amorosos entre personas talluditas……) de manera que juntas conforman una historia de
coincidencias y desencuentros creíbles.
Mención especial merece la extraordinaria
interpretación de los grandísimos
Patricia Clarkson y Ben Kingley, actores que repiten con Isabel, después de Elegy. Su sola presencia justificaría la visita al
cine. Nos hacen creer sus personajes, hasta el punto de que pareciera que los conocemos de toda la
vida.
Ben Kingsley borda el papel de hindú sij (y
no solo el acento, sino los movimientos, una forma de andar peculiar….) hombre
de honor y fuertes convicciones, que aunque fiel a sus principios no puede resistirse al atractivo de la personalidad arrolladora de Patricia Clarkson.
Patricia Clarkson, por su parte, en
apariencia desorientada y perdida tras el abandono del marido, es capaz de,
con firmeza, valentía y clarividencia, salir airosa de la ruptura y
enfrentar su nueva vida con bríos renovados.
El encuentro fortuito de los dos personajes
protagonistas, pone sobre la mesa lo que
es obvio, por mucho que algunos se empeñen en negarlo: son siempre más las cosas que nos acercan a los humanos que aquellas
que nos diferencian, por muy culturalmente alejados que estemos unos de otros.
Ambas interpretaciones están de lujo y la propia “Learning to drive” es una de las
películas más redondas de su autora. Película inclasificable, pero fácilmente
descriptible: impecable. Sin ir más lejos, la escena del sexo tántrico pasará a
los anales del cine como una de las más divertidas jamás rodada (haciendo gala
de un humor mucho más sutil e inteligente que el de otras escenas míticas como
la del orgasmo fingido por Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally”, por ejemplo).
He disfrutado, en definitiva, todo lo que el cine puede hacerme disfrutar.
Bienvenida de nuevo, Isabel. Esta vuelta a los
orígenes (cine rodado en EEUU, con actores anglosajones y en inglés) nos ofrece lo mejor de ti.
Espero que sigas así por mucho tiempo.