The Artist
De
Michael Hazanavicius
Me resultaba insólito que con el desarrollo actual de la técnica y el mundial debate sobre el negocio cinematográfico, alguien tuviese la caradura de lanzar al mercado una película de cine mudo. Una operación de marketing muy bien orquestada. Un producto barato (dada la actual disponibilidad tecnológica) que apela a la nostalgia. Un producto que se aprovecha de la supuesta crisis de distribución, para invocar a nuestros sentimientos y reconciliarnos con las salas de cine: aquel lugar donde nuestros padres vivían ilusiones inalcanzables. Aquel lugar donde pasábamos a cubierto, (por falta de calefacción en los hogares) numerosas tardes de invierno viendo maravillosas películas de John Ford, Stanley Kubrick y otros; que nos dejaban hipnotizados frente a la pantalla, y alimentaban nuestras fantasías. O aquel lugar donde, años después, llevábamos a nuestros hijos las tardes de domingo en que más pesados se ponían. Ese lugar que nuestros hijos y nosotros mismos, estamos abandonando por otras formas de ver cine.
Hace apenas unos pocos días me he dejado convencer, y sí, la he visto. Hoy todavía la tengo en mente. ¡Qué película! Tiene una factura impecable, cuidada hasta los más ínfimos detalles, (cuando el desesperanzado protagonista pasea abandonado a su suerte por la ciudad, cruza frente a una tienda de nombre “LONELY STAR”). El blanco y negro le da una fuerza narrativa que para sí quisieran muchos efectos especiales.
La historia es de una rabiosa actualidad: el mundo que vivimos está sujeto a grandes y veloces cambios, a veces, difíciles de asimilar, entender; cambios que pensamos que no podremos ni incorporar, ni aceptar y que desdeñamos como si fuesen cosas pasajeras, para al final aceptarlos y convivir con ellos. No podemos destruir nuestro pasado, es un trabajo tan inútil como que alguien intente borrar nuestro recuerdo. Por mucho que nos esforcemos en buscar la soledad y el abandono siempre tendremos alguna poderosa relación de amistad, aunque sea con un perro que nos dará apoyo en el último momento. Y el amor.
Una auténtica obra de arte que recomiendo a todo el mundo. Se disfruta desde el mismo momento en que se apagan las luces. Y es una gozada salir del cine y comprobar que todo el mundo abandona la sala con la misma expresión de sonriente adolescente enamorado. Sí, todo el mundo sale con esa expresión en la cara. Id y comprobadlo.
Germán.